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NUESTRO CREDO
CUBA COMO SIEMPRE
Por Tamara Roselló Reina
Hace un año nos sorprendió la noticia de la repentina enfermedad de Fidel. Se mezclaron el miedo y la esperanza, como suele suceder en las mejores familias ante el malestar de alguien especial.
La proclama con su firma recorrió el mundo en minutos a través de los grandes medios de comunicación y de otros alternativos, como los correos electrónicos y los weblogs.
Los amigos de todas partes tejieron de inmediato una red solidaria, quisieron saber qué pasaba dentro de Cuba y compartieron sus deseos de una rápida recuperación del Comandante. Los enemigos hicieron lo de siempre: salieron a las calles a vociferar ante las cámaras televisivas su frustración. Según ellos «A la Cuba de Castro le quedaban horas».
De esa fecha acá se han divulgado nuevas reflexiones de Fidel, evidencias de que esta ha sido una tregua fecunda. El pueblo cubano también se ha sobrepuesto a los pronósticos más pesimistas. El desafío de proseguir el proyecto socialista sin la conducción directa de su máximo líder, se emprendió en común, con debates intensos y esfuerzos cotidianos, con insatisfacciones y un millón de anhelos irrenunciables.
Los universitarios, reparadores de sueños por naturaleza, han puesto la participación social en el centro de su vida estudiantil y de su propio tiempo libre. No conformes miran con preocupación a los que aplican la fórmula simplista del sálvese quién pueda, o que apuestan por la banalidad que imponen ciertas «modas y modos de conducirse». Y aún más, alertan: «hay que evitar el contagio por desaliento ajeno».
Alma Mater les acompaña en esa lucha quijotesca que desafía a molinos de viento a golpe de buenas ideas y de mucha voluntad. Cuba sigue apostando por el bien y sus jóvenes también.
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