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NUESTRO CREDO
Por Tamara Roselló Reina
Hay debates y debates. Los informales, casi siempre espontáneos, en los que se contraponen o reafirman puntos de vista. Los más organizados, con agendas preestablecidas, moderadores y acuerdos o actas. A los primeros la gente suele tenerles fe como espacio de catarsis; a los segundos, van con cierta resistencia, temen que no trasciendan, que de tanto hacerlos, los que asisten no les den importancia, sencillamente no esperan mucho de ellos o de lo que provocarán cuando finalicen.
A los estudiantes les cuesta poco protagonizar una polémica. Una pregunta basta. Una anécdota o una inconformidad puede ser el detonante. Cualquier tema que inquiete es válido, peor que desde la juventud se asuma la falta de tiempo para dilucidar, para poner en duda todo lo que antes se ha vivido. Ese repaso a la herencia que recibe cada generación es un modo de situarse justo en el momento que les ha correspondido históricamente. Pero la mayor virtud de cualquier debate es que inquiete y desate los brazos cruzados.
El movimiento estudiantil latinoamericano en el siglo XX logró rebasar el molde de las palabras y pasar a las acciones en el reclamo común de sus derechos. Aquellas razones todavía tienen sentido.
El XV Congreso Latinoamericano y Caribeño de Estudiantes será en Quito, Ecuador en noviembre próximo. Las polémicas comenzarán por la lucha frente al imperialismo; los nuevos proyectos de integración latinoamericanos; el papel de la educación, la cultura y la identidad de los pueblos y su enfrentamiento a la banalidad y frivolidad de la ideología capitalista; la creciente relación entre los movimientos estudiantiles y sociales. Otra mirada a la América nuestra con los ojos de una fuerza crítica y transformadora.
Como antesala del evento sesionarán los debates en las diferentes naciones. En Cuba se harán los Foros Sociales, intercambios sobre nuestra realidad y la del continente.
A 40 años del asesinato del Comandante Ernesto Che Guevara, sus ideas pueden tocar las fibras del movimiento revolucionario latinoamericano para refundarlo en un contexto que aparenta cambiar, pero solo con mutaciones epidérmicas. Los molinos contra los que luchó el Quijote americano, siguen arrancando quimeras. Entonces que los nuevos debates, incomoden y sobre todo, germinen.
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