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SEMBRAR TU SONRISA EN EL FUTURO
Por Hilda Berdayes
Engendran la alegría cuando nuestros brazos acunan esos cuerpos tan frágiles y pequeños. Tiene ojos nuevos que se estrenan en la vida entre curiosos e interrogantes. Hay en sus movimientos una energía inagotable y en cada gesto o palabra la tremenda espontaneidad que sorprende y desarma, pues desconocen la hipocresía.
Son los autores de los porqué más fantásticos, que nos obligan a desempolvar viejos cuentos, recuerdos o conocimientos y rescatar nuestra infancia olvidada. Tiranos del hogar, indefensos y poderosos al mismo tiempo, sabios en miniatura o deliciosamente ingenuos, su existir es un reto diario a la paciencia y la tolerancia, pero también a nuestra capacidad de ser cada vez mejores.
Los vemos camino del círculo, de la escuela, alegres y llenos de vigor, sin sombras de miseria, tristeza e incertidumbre marchitando sus rostros, porque tienen un porvenir que les pertenece por entero. Así son nuestros niños. Seguros y confiados marchan por el sendero que les estamos construyendo, con las puertas abiertas al saber, a la dignidad plena. Un camino donde pueden elegir, libremente, a la mujer o el hombre que quieran ser.
Para ellos trabajamos. Para que la sonrisa aliente siempre en sus rostros, porque es el más rico tesoro de la Tierra. Otros desdeñarán esa joya y crearán imperios sobre el llanto y la muerte de tantos niños. Pero nosotros hacemos crecer cada día la obra de la Revolución. Es para ellos que nuestras manos siembran el futuro. Por ellos empuñaremos el fusil, sin claudicar jamás.
Porque son esperanza, porque regalan amor y nos nutren con su alegría y vitalidad, defenderemos para siempre esa sonrisa infantil abierta al cariño y la franqueza, el derecho de nuestros niños a una vida mejor.
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