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ENCUENTROS
Por Leonardo Chico Pimentel,
estudiante de la Universidad de La Habana
Sigo siendo esa parte de mí que no recuerdo, bajo esta piedra solo se escucha el sonido de los pasos y se siente la frialdad de la niebla. Solo me resta el lápiz, las cuartillas mojadas en el lodo del otoño, los amigos enterrados en la playa, junto al cocotero seco. El pesimismo de la soledad va llenando mi vientre y aún quedo hambriento.
Sé que el mundo no es solo una sombra, y de ese algo más allá de la mañana quedo soñando, colgado. Yo he sido de esos que han fabricado un idioma con los desvaríos de un trago y dormido con los noctámbulos la noche de los encuentros.
En esa noche nadie se esconde, nadie tropieza con las piedras ni las lanza, mis diez generaciones se me unen y creo ser gusano inteligente, gusano filosófico. Los chicos preguntan por las mentiras para robarlas, los mayores, comentan por lo bajo mi locura y me cantan en una estrofa sin sentido: ellos creen que alguna vez no fui gusano, ni mi piedra fue una simple piedra. Los mayores no saben que hay un tiempo de crecer a la cordura, que para enloquecer también hay un tiempo, solo que nadie recuerda a que hora es.
He aprendido a reconocerme piedra adentro, en lugares insospechados construí los planos de la alegría y se perdieron. De arrastrarme tengo conchas rojas, incurable artritis, pero sigo persistente aquí donde ni Diomedes soñó, analizando cada estrofa de la vida como el crítico que encarna el poeta frustrado. Sé que me voy gastando como un cigarro y los míos se me alimentan, pero seguiré aquí, andando a mi lado en el minuto del miedo, buscándome; aunque sigo siendo esa parte de mí que no recuerdo, y de ti, por si un día lo descubres.
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