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DE PÉTALOS PINTADOS COMO DIENTES
Por Luis Enrique Perdomo Silva
Fotos: Tomada de Internet
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El 7 de agosto de 2005 fallecía en La Habana el trovador Noel Nicola uno de los protagonistas, junto a Silvio y Pablo, del parto de la Nueva Trova, movimiento que lo dio a conocer en toda la Isla y buena parte del mundo.
A dos años de su muerte y a tono con el pasado Cubadisco 2007 en el que se le rindió homenaje, quizá no todos los vertientinos recuerdan la antológica canción que, además de mencionar a ese terruño y sus tradiciones, nos presenta una mujer singular: la imaginaria María del Carmen, aquella que, al decir del texto «la envolvían los ruidos del tandem inglés del central», en franca alusión al ingenio azucarero Panamá.
La pieza, escrita a finales de los años 70, surge durante la estancia de Noel Nicola en Vertientes, Camagüey, como parte de la Columna Juvenil del Centenario, momento en que se le describía como «hombre delgado, sonriente y enjuto, muy lejos del prototipo de machetero ideal».
Por aquellos días, cuando «junto a la litera descansaba la guitarra y bajo la débil colchoneta, versos y apuntes», el trovador frecuentaba la casa de calle «A», entre segunda y tercera, donde residía la muchacha que, al parecer, lo inspiró entre descargas y tertulias.
Esta dirección o punto de referencia se contrapone un tanto a las preguntas del colega Amado del Pino: «¿sería en la humilde y melancólica estación de trenes de Vertientes donde la peculiar sonrisa del joven Noel se dio de frente con el personalísimo andar o con los súbitos de María del Carmen?»
«¿Caminarían juntos el largo paseo que va desde la cuna de los trenes hasta el tandem inglés del central?»
Quizás. Responde este periodista, quien tuvo referencias de Carmen María Reynoso Gallegos, otrora estudiante de Ingeniería Química, máxima sospechosa de las estrofas del texto, el más escuchado de Nicola e indispensable en el cancionero trovadoresco cubano.
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Kalía, como se le conoce a la joven, se opone por su mera existencia a la trampa que subyace en el título de la composición («Para una imaginaria María del Carmen») y su amistad con el autor, los encuentros reiterados, nos permiten especular sobre el origen del texto.
Lo cierto es que, como la Yolanda de Pablo Milanés, la Gretel de Carlos Varela, o la Lucía de Joan Manuel Serrat, la no tan imaginaria inspiradora nos acerca a la piel y el andar de una musa de carne y hueso, cuya gracia y magnetismo cautivaron al poeta.
Con esta canción imprescindible recordamos hoy a Noel Nicola Reyes, una de las figuras a las que se dedicó la reciente fiesta del Disco Cubano (Cubadisco 2007), juglar de alas enormes, autonombrado «trovador sin suerte» y que Silvio Rodríguez lo definiera como «fundamental desconocido, rica sustancia por revelar y hombre amado de pétalos pintados como dientes».
Mientras usted lee estas letras, la imaginaria María del Carmen puede, ahora mismo, estar atravesando el parque mientras todos los ojos le halan el vestido. Ojalá y este periodista pudiera tropezarse con ella para, de alguna manera amarla, tal y como hubiera querido el mismísimo Noel Nicola Reyes.
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