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“LA CLAVE” DE DAUSELL
Por Dania Ramos
“Dausell recurre al monte liberador
Patrimonio que ofrenda innumerables dones
Y a la roca, fortaleza infranqueable
Que anima nuestro ser patrimonial.”
Pablo Armando Fernández
Pocas veces he tenido la oportunidad de cohabitar un espacio —aunque sea lo suficientemente amplio como para que las confluencias sean escasas— con un pintor contemporáneo. Luego de ver a Dausell Valdés Piñeiro por primera vez en una exposición a la que asistí, concebí la idea de una entrevista, y es ahora que se materializa, a dos años del primer acercamiento que tuve con su obra.
Con participación en importantes exposiciones dentro y fuera del país, Dausell se ha convertido en un talento pictórico de la generación más joven de creadores cubanos. Su obra, una mezcla de surrealismo, realismo mágico, hiperrealismo y arte oriental es dentro de la paisajística cubana una verdadera promesa.
Entre árboles y matorrales de su natal Pinar del Río, siempre presentes en cada uno de sus cuadros, la música de Silvio y la impactante serenidad de su conversación, nos remontamos a los años en que sus cuadros eran solo sueños.
¿Cómo llega Dausell a la pintura?
Yo mantengo el principio de que se nace artista. Desde pequeño sentía vocación por este tipo de trabajo, era aficionado al trabajo con las manos, acostumbraba a modelar plastilina y barro. Recuerdo que mis juguetes preferidos eran aquellos que yo podía hacer con pedacitos de madera y de metal. Cuando tenía alrededor de diez años me visitó un primo de mi cuñado, profesor de la Escuela Nacional de Arte (ENA). Así comenzaron mis primeras instrucciones. En ese momento comencé a tomar más en serio la pintura. Ya con 12 años entré en la Escuela de Arte de Pinar del Río, allí estuve durante un año. Recuerdo con mucho cariño que fui alumno de Pedro Pablo Oliva, entre otros excelentes profesores que estuvieron muy cerca de mí.
Luego continúo otra etapa de manera autodidacta —pues no llegué a graduarme de nivel elemental— en la que decido dedicarme enteramente a la pintura. A partir de ahí he contado con el apoyo de artistas de primera línea, que han ayudado mucho en mi carrera, como Roberto Fabelo, Vicente Rodríguez Bonachea, Agustín Bejarano, Ernesto Rancaño, por mencionar algunos. Me he preocupado por tratar de superarme, aún cuando no sea en una escuela que me titule; ellos han sido una gran academia, por la experiencia que han ido acumulando durante años.
¿Cómo se define estéticamente Dausell?
Mi obra tiene cierto contacto con el surrealismo desde el punto de vista conceptual. En cuanto al rigor técnico, toca un poco con lo que se ha dado en llamar hiperrealismo. Aún así, no me atrevo a autoclasificarme. Para mí lo más importante es la idea, y la forma en que logro recrearla. Pienso que el éxito de una obra de arte va más allá del virtuosismo técnico, y es que tiene que haber también un saber pensar, que es la clave del arte moderno.
¿Qué temas centran su obra?
Fundamentalmente trabajo con el paisaje… aunque en algún momento incursione en otro tipo de creación, el paisaje siempre es una constante.
¿Cómo define pictóricamente lo cubano?
¿Quieres algo más cubano que el paisaje? Últimamente he estado trabajando también con algunos símbolos de nuestra historia, como es el caso del retrato hecho a partir de la famosa foto del Che tomada por Korda; o la figura de Martí, entre otros temas, abordados desde la óptica de la que hemos estado hablando.
La crítica señala los puntos en común entre su obra y la de Tomás Sánchez, así como la influencia del arte oriental, ¿de qué autores se siente deudor?
Realmente influencias tenemos todos, es muy difícil desprenderse de ellas. Tomás Sánchez marcó un hito en el paisajismo cubano, al abordarlo desde un punto de vista renovador. Desde el principio tuve mucha influencia de Tomás, incluso inconscientemente. Una vez descubrí un catálogo del autor en casa de un amigo y me quedé muy sorprendido, porque noté caminos y soluciones muy parecidas. También he sido influido por los paisajistas chinos. Desde pequeño estuve marcado por la cultura oriental.
Sin temores puedo decirte, porque pude comprobarlo después, que tanto Tomás como yo, y muchos otros artistas contemporáneos, bebemos de una misma fuente, me refiero a uno de los grandes precursores del surrealismo que es René Magritte.
También está la naturaleza, que es muy fuerte, muy hermosa, que uno se deleita tanto cuando la contempla es difícil desprenderse de ella.
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