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PARA CURAR CUERPOS Y ESPÍRITUS
Por Leslie Salgado
A sus siete años El taller es el grupo de teatro amateur más importante de Guantánamo. Por cuarta vez llegan al Festival Nacional de Artistas Aficionados de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), y como en las anteriores ediciones, lo hicieron para ganar.
Siempre hemos salido con las manos llenas, afirma Ury Rodríguez, su director. Esta vez se repletaron las mochilas: medalla de oro a la puesta en escena, premio especial de actuación masculina para uno de sus integrantes y el lauro que otorga la Asociación Hermanos Saínz (AHS). No es trabajo de un día. Vemos el teatro como cuestión de compromiso social y rigor.
Como pocos grupos de aficionados El taller está incluido en la programación de Casas de Cultura y de la AHS de su provincia. En Guantánamo tenemos abiertas todos los escenarios y participamos activamente de la vida cultural de la ciudad, incluso algunos de nosotros somos parte de la cruzada teatral que se hace en las montañas. Estamos al tanto de todo lo que se mueve en el país y estos festivales también nos ayudan mucho. Es fácil darse cuenta de que trabajamos para todo tipo de público.
SIN DISYUNTIVAS
Vicisitudes, esperanzas rotas, miserias materiales y humanas, bondades que salvan familias. Actores atentos. Director exigente. Así, teje El taller la puesta en escena de Manteca, su carta de triunfo en este festival. Frente a obras costumbristas, teatro del absurdo o dramático presentadas por otros grupos reasalta la elección de los guantanameros.
Solo hacemos teatro cubano contemporáneo, nos sentimos deudores de los autores nacionales, como Eugenio Hernández Espinoza, Elizabeth Mena entre otros que le toman el pulso a la vida de esta Isla. Vamos a seguir en esa cuerda, afirma Ury. ¿Limitaciones?, no las veo, me siento en deuda con la obra de esos creadores. Y ese sentimiento encontramos un poco de inspiración.
Con el látigo en la mano, el director ha convertido en actores a tres generaciones de estudiantes de Ciencias Médicas. En todo les exijo buenos resultados, y yo sé que dondequiera que estén, en una misión, en la montaña, me lo agradecen.
Para nosotros el teatro ha sido parte de la carrera —explica Alejandro Vargas, uno de los actores— son dos profesiones que están en contacto directo con la gente.
Yo lo veo así —me dice Walfrido Fonseca, ganador del premio de actuación masculina— con la medicina curamos cuerpos, con el teatro sanamos el espíritu.
Deyiris Bosch, la única mujer de Manteca, añade, no hay disyuntivas; el teatro es otra forma de medicina.
En la propuesta del Taller, en la conversación, transpiran esos sentimientos. Tienen una bondad que convence. Mientras llega el próximo Festival estarán trabajando duro. Nos sorprenderán seguramente, con mejores actuaciones, una puesta de lujo, y quien sabe si continúen sumando premios a su colección.
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