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PARA PENSAR HOY A PROPÓSITO DE MAÑANA

Por  Tamara Roselló Reina
Fotos: Tomadas de La Jiribilla

Alejandro Moya - Director del Filme Mañana
Alejandro Moya, director de Mañana

«En Cuba vivimos al día», se dice Julián sentado en una butaca del cine, minutos después de ver el filme Mañana, de Alejandro Moya. Y añade «en medio de la rutina uno olvida reaccionar ante lo que ocurre a nuestro alrededor. Hay que salir del letargo».

La realidad se transforma (la cambiamos y nos cambia) tan aprisa que es difícil registrar sus matices. Todos los días puede ocurrir «algo» o «nada». ¿De quién depende? De uno mismo, de la familia, de los amigos, de la escuela, de la sociedad, del mundo. La responsabilidad con lo que queremos hacer empieza por tomar las riendas del hoy, pero… siempre puede haber un pero o un sin embargo al alcance.

En cualquier caso se trata de optar, de decidir. El destino es un pretexto para esperar que «algo pase» o justificar las incertidumbres. El silencio también ayuda a evadir debates urgentes sobre lo que somos y lo que queremos ser. Los patrones de felicidad varían mucho más entre una familia u otra y entre los miembros de una misma generación, en la sociedad cubana actual que décadas atrás. 

Parece sencillo delimitar entre lo bueno y lo malo, lo éticamente correcto y lo indebido, pero en esa búsqueda de lo mejor para uno, se olvida en ocasiones que tenemos algo que ofrecerle a los demás, porque nos constituimos en esa interacción de dar y recibir, sin violencia, aunque las agresiones se pongan de moda por ahí.

La juventud es una etapa de la vida efímera para los que ya la pasaron, porque un buen día empieza por ser parte de la experiencia, de los recuerdos o de los lamentos. Para los que  transitan por ella la concepción no puede ser ni parecida. Este es el momento de «mayor creatividad», «de mucha energía», «del disfrute», «de las pocas responsabilidades», «de pensar en uno», «de autocomplacerse», «de superarse». «Después de los treinta valoras más el recurso tiempo», asegura Anaid, quien con poco más de tres décadas mira atrás con nostalgia por lo «que hubiera podido hacer entonces».

«Es triste ver a gente al lado de uno que no tienen conciencia de cómo usar su energía. La familia puede encauzarla para crear algo con lo que tienen adentro» —esta preocupación Alejandro Moya la quiso compartir a través del cine, en una apuesta por los cubanos del presente—. «Muchos jóvenes no tienen sentido de la responsabilidad porque no los han educado para tenerla».

Tony, el protagonista de la película, le resulta casi siempre cercano a otro joven. Es sacado de la realidad para devolverlo a ella, en medio de una historia de ficción a la que se asoman conflictos de la Cuba que vivimos. Un accidente le rompe «el equilibrio» a una familia que le ha dado a sus hijos «todo», para que sean felices.

Rafael Ernesto Hernández, protagonista
Rafael Ernesto Hernández, protagonista

Mañana no solo intenta sacudir a los de menos años, que tienen el ahora en sus manos para invertirlo. De ellos dependerá el modelo de familia donde crecerán sus hijos, el sistema de valores que heredarán. Es un llamado también a los padres, las madres, abuelos, porque este hoy; ayer, fue su mañana, el que soñaron y ayudaron a construir y mientras no se alcance ese ideal de bienestar no debe haber conformidad. Solo que sería un boceto incompleto, si no se escucha en la voz de los más jóvenes, con sus códigos y preocupaciones.

Sin pretender un discurso moralista la propuesta de Moya  deja a los que están frente a la pantalla durante la hora y 45 minutos que dura el filme, la opción de cuestionarse su propio futuro y explorar el presente de todos —sin que la pluralidad no permita divisarnos—. Lástima de los que la evaden y se refugian en banalidades, o frente a la tele o en una fiesta, o en la jornada que repiten religiosamente día tras día, sin muchas motivaciones que le salven. Ser feliz no es tan sencillo como decidir vivir fuera de la Isla «por el agotamiento» de tanto pensar cómo merecer los sueños anhelados.
Es válido este empeño que nos deja conectados con el país que somos, con los riesgos que representa la época actual, sin dictar sentencia. Absolver o condenar a los protagonistas de cualquier trama similar son alternativas que nos permite su director y guionista.

Julián está convencido que «esta película hace pensar», quizás por eso incluso fuera del  cine participa de la historia. Vienen hacia él por la misma acera, muchachas con estampas similares a las de aquellas que coquetearon con Tony. En la esquina una escuela le recuerda a la maestra general integral que sufrió el accidente. Y en el semáforo un carro se detiene. Su conductor es un muchacho de no más de 25 años. La luz verde lo hace perder de vista, pero Julián tiene más que mirar, incluso dentro de sí.  

 


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Actualizada: 4 de mayo/2007

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