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Sección Cultura

 

 

UN GNOMO CONTRA LOS LEONES

Por Eyder La O Toledano y Lilibeth Alfonso Martínez
Foto: Olivia Prendes D´xpau

Carlos Varela, uno de los cantautores más controversiales de Cuba - Foto: Olivia Prendes D´xpau
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Qué podíamos preguntarle de nuevo dos periodistas que nunca habían tenido la posibilidad de entrevistar a Carlos Varela, uno de los cantautores más controversiales de Cuba, pintado siempre de inaccesible, ríspido, difícil…

La cita estaba fijada para el sábado en la noche, la víspera del primer concierto de una gira nacional en saludo al aniversario 85 de la FEU que lo llevaría a las capitales provinciales de todo el país. Él prefirió el cuarto de hotel, nosotros asentimos. Buenas noches muy cordiales derribaron muros y prejuicios: «¿Desean café?», propuso. Nos pusimos cómodos.

¿Cómo logra retratar la sociedad en sus canciones?

Estudié teatro en el Instituto Superior de Arte (ISA), y aunque nunca lo ejercí, lo primero que aprendes es a observar, además de la posibilidad de acercarte a la literatura y las canciones de figuras como Paul Simon, The Beatles, Joan Manuel Serrat, Chico Buarque, Liz Regina, Charly García, Fito Páez, Juan Carlos Baglietto y otros maravillosos cantautores brasileños, argentinos, españoles, y de Pablo Milanés, Silvio Rodríguez…, con los que aprendí el oficio de escribir canciones.

Con el tiempo descubres que tus canciones deben parecerse más a ti, a través de las historias de tu barrio, de tu ciudad, tu vecino, tu perro, tus ilusiones…, y que hablar de tu propio país, es una manera de encontrar dentro de lo nacional lo universal.

Tagore decía: «Conoce a los detu aldea y conocerás al mundo», porque el amor, la soledad, la rabia, el odio…, son iguales en Moscú, Nueva York, México, La Habana y en Guantánamo, lo único que cambia es la escenografía.

Todo está en el arte de observar, de fantasear con lo que ves a diario, lo que tocas, lo que sientes, lo que te cuentan. No por gusto algunos colegas dicen que es más fácil escribir una canción de amor a una chica que ves durante cinco minutos por la ventanilla de un tren, que cantarle a la persona que está todos los días a tu lado.

¿Tiene alguna rutina a la hora de componer?

Casi siempre escribo de madrugada, por una razón obvia: toda mi vida he residido en la calle 23, encima de una gasolinera con un ruido espantoso. En ese momento estoy más solo, concentrado. Además uno asocia esa hora con algo que nos gusta: el arte de lo bello.

Muchas veces anoto ideas de canciones que empiezan con un verso o una palabra, que la puedo terminar en un día o en un año, es un oficio bello, que se sufre.

No hay un método: solo necesito un poco de silencio.

¿Los nombres que cita son parte de sus influencias, si es así, cómo se conjugan en Carlos Varela?

De una forma muy coherente. Los de mi generación, que comenzamos a hacer canciones en los ‘80, no fuimos del todo honestos, pues hicimos nueva trova en el sentido más puro de la palabra, cuando en realidad, de adolescentes, «cazábamos» las estaciones extranjeras, para ponernos al tanto de lo que pasaba en materia musical en el mundo; sin embargo, esas experiencias no se contaron en los primeros temas de Santiago Feliú, Frank Delgado, Gerardo Alfonso, Alberto Tosca…

Hasta que comenzamos a descubrir lo maravilloso de la canción y del rock argentino, y nos volvimos locos con las obras de Charly, Fito, Baglietto…, y comenzamos a tomar elementos de su música. Las influencias son como una especie de copa, que comienzas a llenar de muchas cosas…

Esa evolución se nota cuando oyes Jalisco Park, mi primera producción, más ingenuo, con espíritu trovadoresco, y escuchas el CD Monedas al Aire, a partir del cual empiezan a notarse esas influencias, aunque a Jalisco Park le tengo un amor especial, porque los discos son como los hijos.

¿Siguen pasándolo en la radio a veces nada más?

Han sido muchos años de censura y de autocensura, aunque siempre han existido personas, sobre todo jóvenes, que apoyaron mi obra y empezaron a radiarme en sus programas. Esto también pasa en la medida en que la gente pelea por determinada música, eso ha sido siempre así.

Gente como Haydee Santamaría, por ejemplo, salvó la obra de Silvio y Pablo, presentando pelea. Mi Haydee fue Silvio, así como yo lo he sido y lo seré para los que comienzan.

Yo fui víctima del síndrome de la sospecha que, como escribió Humberto Eco, consiste en que alguien pasa te da un abracito y te dice: «Ten cuidado con el CD de Pepe», aunque no hay un papel que diga: «No se pueden pasar las canciones de Pepe».

Con los años empecé a ganarme el respeto de la gente que verdaderamente importaba, porque al final, el 90 por ciento de las personas que me censuraron hace más de una década, en estos momentos, están en el extranjero hablando mal de Cuba, y yo sigo aquí. Siempre van a existir prejuicios, lo que de verdad quisiera es que la censura tenga un criterio artístico, no político.

¿Le molesta que sus temas sean objeto de varias interpretaciones?

Siempre pasa. Yo quisiera que las personas se llevaran mis canciones consigo, rían, sueñen, lloren, rabien, hagan el amor con ellas…

Yo jamás voy a contar exactamente lo que quise decir en un tema, porque lo bonito es que la gente tenga el derecho y la autonomía de llevárselos para sus casas y pensar…

¿Por qué es tan difícil adquirir sus discos?

De mis siete discos la mitad los produje yo mismo, y he aceptado su distribución en Cuba sin cobrar un centavo, con la condición de que se editen en casetes y CD en moneda nacional para que las personas de todo el país puedan tenerlos, pero las disqueras nunca cumplen con esto, prefieren venderlos en aeropuertos y en establecimientos que los comercializan en divisa, y apenas vemos la ganancia, eso no solo me sucede a mí, sino a muchos colegas.

¿Cuánto significa Silvio Rodríguez para su vida y su carrera?

Es como un padre, al igual que Pablo. En la relación de ellos con los de mi generación, fue común el gesto de compartir el escenario, sobre todo, a mediados de los ´80.

En 1986 viajé por primera vez al exterior. Yo estaba estudiando en el ISA y Silvio se apareció en horario de almuerzo y me dijo: «Prepárate que la semana que viene nos vamos para España junto a Afrocuba», también fueron Pablo, y este llevó a Gerardo Alfonso, Alberto Tosca y Xiomara Laugart.

No me daban permiso en la escuela, porque decían que la música no tenía nada que ver con mi especialidad. Yo pedí licencia: lo que puedes aprender en un concierto, sobre el escenario, con Silvio y Pablo no se aprende en una universidad.

Había más de 20 mil personas en aquel concierto, primero canta Pablo y llama a Gerardo,Xiomara y Tosca, cuando terminaron, pasada la media noche, la gente comenzó a gritar: Silvio, Silvio…, y sale él solo con su guitarra, canta Llueve sobre mojado y dice: «Traigo de Cuba a otro joven trovador», yo le digo: «Mi hermano, cómo me haces esto», él responde: «Te quiero ver faja´o con los leones», una frase que, por cierto, da título a un documental dirigido por Ian Padrón. De esa noche solo puedo decirte que el público fue muy respetuoso.

Hace mucho que Gerardo, Santiago, Frank y usted no se reúnen… ¿Hay algún proyecto futuro de hacerlo?

Somos muy buenos amigos. Estuvimos juntos en los ´80, compartiendo ciertas historias, experiencias, novias…, en los tiempos del movimiento de la Nueva Trova, no solo entendido como expresión musical, sino como una organización que hacía festivales, conciertos…, y luego en los primeros años de la Casa del Joven Creador.

Luego las cosas se pusieron difíciles para encontrarnos. Santiago viajando todo el tiempo con Silvio y Afrocuba. Cada uno buscó sus propias rutas de ganar dinero en giras internacionales, de salir adelante.

Tuvieron que pasar muchos años para volvernos a reencontrar, fue hace algunos meses, en un concierto por el aniversario del Caimán Barbudo en el Centro Hispanoamericano de la Cultura. Allí coincidimos los cuatro. Ya habían cantado Santiago y Gerardo, y me tocaba a mí, yo iba a cantar otra cosa, pero justo antes de salir al escenario, decidimos salir todos juntos y comenzamos cantando India. La emoción fue desbordante.

Sí hay planes de hacer cosas juntos, pero quién lo va a producir, hay que encontrar a alguien que «arme la oportunidad».

Mucha gente se sorprendió cuando en la banda sonora de la cinta norteamericana Man of fire, de Tony Scott, se escuchó su tema «Una palabra», del CD Nubes

El mexicano Alejandro González Iñárritu vino a Cuba en el tiempo en que su película Amores perros se estrenaba aquí y era nominada al Oscar, como mejor cinta extranjera. Nubes, donde está «Una palabra», acababa de salir al mercado y se lo regalé. Poco después me envió un correo donde decía: «Tenemos que hacer algo juntos», y así fue.

El día de los premios el actor Jack Nicholson hizo una fiesta para sus amigos de la industria, de la cual salió un dinero para que cinco directores realizaran sendos cortometrajes. González Iñárritu empleó «Una palabra»,como bandasonora de Barril de pólvora (The Power Keg).

Más tarde a Tony Scott, mientras buscaba un tema para el final de su filme Manof fire, le llamó la atención y decidió utilizarla. Gracias a esa película el disco Nubes, aún siendo acústico, se compra en Japón, Rumania, Israel…

Luego Scott y el director musical de esa película, Harry G. Williams, me propusieron componer juntos la banda sonora de un filme que está en proyecto, con una sola condición: utilizar mi voz. Acepté, por supuesto.

¿Cómo funciona su música en el extranjero, sobre todo, si la lírica es la protagonista principal de sus canciones, por encima de lo sonoro?

Lo lógico es que mi trabajo se comprenda mejor en países de habla hispana, pero lo cierto es que vas a España, Santo Domingo o México y te encuentras con que los conciertos no están del todo llenos, ya sea por las crisis en la industria de la música o lo caro de las entradas; sin embargo, en una gira que nos llevó a varias ciudades de Canadá la acogida fue, sencillamente impresionante.

Sé que lo que define un show nuestro no es exactamente la gran variedad sonora, aunque la hemos ido logrando, gracias también a la colaboración en la banda de músicos instrumentistas muy virtuosos como Elmer Ferrer…, es algo que me entusiasma, creo que mis espectáculos son cada vez más musicales.

¿Después de salir Los hijos de Guillermo Tell, su octavo disco, cuáles son sus planes?

Los hijos de Guillermo Tell serán una trilogía, el primero es el que trae canciones grabadas en otros álbumes, en el segundo y el tercero solo habrán cuatro o cinco canciones conocidas, las demás las clasifico de rarezas, porque fueron piezas hechas para cine, televisión, grabadas en vivo, con la Orquesta Sinfónica Nacional, hechas en un cuarto con Silvio, Pablo, Noel, Santiago…

Desde hace dos años estoy escribiendo mucho como para hacer varios discos, pero no los hago por hacerlos, me gusta que tengan una dramaturgia, una vida propia. Tengo los músicos, tengo los temas, pero no tengo apuro.

¿Por qué lo nombró Los hijos…?

Ese título lo usó, inicialmente, Guillermo Mosquera, un crítico de arte muy asociado a la plástica cubana de los ´80 y ´90, para hablar de nuestra generación, pero, al final, los hijos de Guillermo Tell somos todos nosotros, son también mis canciones.

¿Es su primera gira nacional?

Sí, y le agradezco la oportunidad que me dio la FEU de recorrer toda la Isla, de poder llevar mi música a todas las provincias de mi país…

Hay mucha gente que me va a agradecer esta gira, además de que tendré la posibilidad de ver cómo reacciona el público con mis canciones, cuáles les gustan más o menos, dónde funciona una y otra no, de conocer a la gente del interior del país porque, a fin de cuentas, cada presentación, para mí, es una catarsis.

 

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Actualizada: 26 de noviembre/2007

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