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A partir de las novedosas transformaciones en la enseñanza superior, el deporte universitario busca estructuras que potencien una participación más amplia de los estudiantes, así como una mayor calidad de la competencia nacional.
UNIVERSIADA PARA TODOS
Por Raiko Martín
Ilustración de Archivo
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Nunca se atrevió a preguntarle, pero aquella tarde Pedro Luis sintió la necesidad de conocer qué había en aquella caja que, arrinconada y con no pocos libros encima, guardaba su tío en lo más alto del librero. Y ante tanta insistencia, el hermano más pequeño de su padre cedió a la curiosidad.
Poco a poco comenzaron a desfilar ciertos recuerdos insospechados. Frecuentes y acaloradas discusiones sobre la calidad de tal pelotero, o los estridentes gritos de emoción frente al televisor para acompañar cualquier triunfo cubano, le habían convencido de que su tío era un apasionado amante del deporte.
Pero más allá de aquel espontáneo entusiasmo —por demás común en millones de cubanos—, nunca hubiera imaginado que detrás de aquel hombre bajito y con cierto exceso de grasa, se escondiera un deportista «de verdad».
Una placa de reconocimiento al mejor jugador de una competencia fue la primera prueba rescatada de aquella especie de bitácora, rodeada de libros y publicaciones sobre arquitectura. Luego una medalla de plata ganada en buena lid, aunque algo dolió en su memoria al recordarla. Después emergieron otras de diferentes valores, un trofeo, y hasta recortes de revistas y periódicos en los que alguna vez apareció su nombre.
Salió a flote hasta una foto, en la que nunca lo hubiera reconocido, publicada en una ya amarillenta página de una revista Alma Mater del año 1989, que reconocía entonces el talento demostrado durante la primera Universiada.
Fueron inevitables los recuentos y las anécdotas pasadas, cuando el deporte competía de tú a tú con los estudios, cuando anotar un gol era comparable con un 5 en una prueba final. Las historias de aquella Universiada inicial cautivaron a Pedro Luis, que había seguido el ejemplo de su tío matriculando Comunicación Social en la Sede Universitaria Municipal, y acariciaba ahora el sueño de competir algún día en el máximo certamen de los universitarios cubanos.
Y como él, miles de jóvenes en todo el país comparten sus anhelos y se alistan ya para transitar los nuevos y amplios caminos abiertos por el deporte universitario.
Otras formas de crecer
Mucho ha llovido desde la celebración de la primera Universiada Nacional. Cada una de sus ediciones posteriores ha aportado enriquecedoras experiencias para el crecimiento cualitativo de un certamen que cierra el ciclo de un amplio y masivo proceso que durante dos años involucra a gran parte de los universitarios cubanos.
Aunque siempre estuvo diseñado para garantizar la más amplia participación de los estudiantes en la práctica sistemática de deportes y las actividades físico-recreativas, el sistema competitivo del deporte universitario, y la Universiada como el evento más importante dentro del mismo, ha tenido que adaptarse a las actuales circunstancias económicas, a los nuevos criterios y prioridades del deporte nacional y a las transformaciones que ha experimentado la educación superior en nuestro país.
El novedoso proceso de universalización ha supuesto un significativo crecimiento del número de universitarios cubanos, y a su vez un enorme reto para el Consejo Nacional del Deporte Universitario, que como órgano coordinador del trabajo deportivo en este tipo de enseñanza, se ha propuesto desarrollar un ciclo competitivo sobre la base de los acuerdos adoptados en el VII Congreso de la FEU, y en correspondencia con el compromiso asumido por nuestras casas de altos estudios como centros promotores de valores y de una cultura general integral.
Así, el camino hacia la IX versión de la Universiada Nacional, iniciado el pasado mes de septiembre, estará marcado por algunos cambios que ensancharán sus horizontes. Los muchachos de las Sedes Municipales, apoyados por la dirección de deportes de sus territorios, transitarán por una ruta propia y similar al de los Centros de Educación Superior, y tendrán la oportunidad de llegar al evento nacional si avanzan con éxito por las fases provincial y zonal del sistema competitivo.
Según lo pautado, la próxima edición no contará con límites de edad para participar en cualquiera de las fases y son elegibles todos los estudiantes, siempre y cuando hayan concursado en la etapa precedente. Se prevé además un carácter masivo que involucre a la mayor cantidad de alumnos en los certámenes de base, y por primera vez se podrá competir, a partir de la etapa provincial, en representación de un centro o de un territorio.
¿Serán las mejores?
Si el desarrollo de un esquema de competencias de base que involucran a la mayor parte del estudiantado universitario cubano propicia la práctica masiva de deportes en nuestros centros de enseñanza superior, los requerimientos y posibilidades del sistema clasificatorio a la IX Universiada Nacional puede garantizar una elevada calidad a esta competencia.
Requisitos como la exigencia de marcas mínimas en el atletismo, la inclusión de yudocas y karatecas en las competencias municipales y provinciales del calendario social del INDER, así como la incorporación de los mejores atletas no clasificados como refuerzos de los equipos ganadores en cada fase, serán medidas que deben contribuir a la rivalidad que se verá en Camagüey dentro de dos años.
Para llegar a la Ciudad de los Tinajones, los concursantes en deportes colectivos deberán coronarse en sus respectivas competencias zonales —se establecieron cinco en todo el país—, mientras que en los deportes individuales se comenzará la eliminación en los juegos provinciales, en los que estarán enrolados los mejores exponentes de cada territorio.
Sin aplicar la actual estructura, la más reciente versión de la Universiada Nacional celebrada a principios de este año en Holguín gozó de muy buena calidad en deportes como béisbol, futsal, o kárate, en los que futuros maestros y médicos pelearon por las medallas, y hasta destronaron a los siempre favoritos estudiantes de Cultura Física. Y no pocos hicieron historia.
Quizás ahora, con los nuevos vientos que soplarán en la Universiada, 18 años después de su edición fundacional, sea Jorge Luis uno de los que comience a concretar su sueño, y como su tío, se convierta en un ganador del deporte universitario. Y para cuando suceda, la revista Alma Mater —como ha hecho durante todos estos años—, estará lista para reseñar sus proezas.
Las IX edición de la Universiada Nacional se celebrará en Camagüey entre los días 24 y 30 de abril de 2009, con una convocatoria de 11 deportes. En suelo agramontino se competirá en ajedrez, atletismo, baloncesto, voleibol, judo, kárate, tenis de mesa y gimnasia musical aerobia —en todos los casos en ambos sexos—, así como en béisbol, futsal y fútbol solo para varones.
El proceso de clasificación contará con varias fases. Entre septiembre y diciembre de 2007 se celebrarán los juegos de base en cada Centro de Educación Superior (CES) y Sede Universitaria Municipal (SUM), mientras que una segunda ronda incluiría los juegos de cada centro o de cada municipio durante los tres primeros meses de 2008.
En los meses de abril y mayo se disputarán las eliminatorias entre los CES, y también entre municipios, mientras que para junio de 2008 está programada la celebración de los Juegos Provinciales Universitarios, de donde saldrán los concursantes en cada uno de los certámenes zonales con vistas a clasificar a la final.
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