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VIII Universiada Nacional
OTRA CONGA PARA SANTIAGO
Por Raiko Martín
Fotos: Cortesía de Menesi Eversley Silva
Todavía repicaban los cueros junto al inconfundible sonido de la corneta china, y la noticia trascendía como un motivo más para arrollar por las inclinadas arterias de la indómita ciudad.
Aún se gozaba la conquista del máximo trofeo del béisbol cubano, del mes de mayo pasado, cuando los estudiantes de la Facultad de Cultura Física de Santiago de Cuba le aumentaron el ritmo —algo casi imposible— a tan vital conga, también imprescindible para festejar su triunfo en la octava versión de la Universiada Nacional.
Así, los acordes que antes estremecieron al estadio Guillermón Moncada de la oriental Santiago se mudaron a las vecinas provincias de Holguín y Las Tunas, donde más de mil estudiantes llegados de todo el país hicieron un alto en sus responsabilidades docentes, y defendieron los colores de sus centros de enseñanza superior compitiendo en 11 disciplinas deportivas.
Fue esta cita, dedicada al aniversario 50 de los sucesos del 13 de Marzo, el 45 del nacimiento de la UJC y al 85 de la fundación de la FEU, el esperado cierre a un ciclo de intensa actividad deportiva en nuestras casas de altos estudios.
Durante dos años, cada una de ellas —y por vez primera las Sedes Universitarias Municipales— estuvo involucrada en las cuatro etapas de calendario competitivo del deporte universitario que antecedieron al certamen nacional.
Y más allá de los resultados, todas emergieron ganadoras en la necesaria idea de hacer de la práctica sistemática del deporte en las universidades, una de las formas esenciales para lograr la formación general integral de nuestros futuros profesionales.
PASIÓN EN DOS TIEMPOS
Si algo marcó la más reciente versión de la Universiada Nacional fue su coincidencia temporal con el Play Off final de la recién finalizada Serie Nacional de Béisbol, disputado por los equipos de Santiago de Cuba e Industriales de la provincia de La Habana. Y en las sedes, como en toda la geografía cubana, el entusiasmo fue incontenible.
En el mismo tren que nos llevó hasta los escenarios competitivos hubo quienes se movieron de vagón en vagón rastreando noticias del juego de turno. Ya en la Escuela de Trabajadores Sociales Celia Sánchez, en Holguín, cada rincón se convirtió en una ardiente peña, y no faltaron los carteles que vaticinaban el ganador del trascendental duelo.
Y esa pasión transitó de la televisión al estadio, y viceversa, para fortuna de quienes pudimos apreciar la calidad del torneo de béisbol, el cual tuvo un final inesperado con el tropiezo de la favorita tropa de la Facultad de Cultura Física (FCF) de la oriental provincia de Granma, invicta hasta entonces, frente a su similar anfitriona en el pleito final.
Similar entrega y dramatismo se vivió en el certamen fútbol pues los estudiantes camagüeyanos de medicina necesitaron más del tiempo reglamentario para superar a sus homólogos locales, en un partido que reservó espacio en las memorias de estos Juegos.
Los ejemplos sobran. Se necesitarían muchas líneas para hablar del judo y el kárate —donde varios favoritos sudaron para demostrar su clase—, del elevado nivel exhibido por los ajedrecistas, de la excelencia de las santiagueras en la gimnasia musical aerobia, o de las buenas marcas registradas en el atletismo.
Tampoco alcanzaría esta página para describir los no pocos momentos emocionantes, que entre gritos de euforia y alguna lágrima tras la derrota, dieron vida a esta Universiada.
Pero aunque ahora estos solo encuentren cabida en el recuerdo de quienes fuimos testigos privilegiados, esos mágicos instantes se unieron como la mayor prueba de entrega y calidad competitiva de sus protagonistas, algo que satisfizo —y hasta sorprendió— a los expertos responsabilizados de organizar y dirigir cada competencia en esta gran fiesta del deporte universitario.
¡QUÉ FUTURO!
Si una vez más el triunfo de la FCF santiaguera confirmó la supremacía que durante sus ocho ediciones se han repartido las universidades vinculadas al deporte, resultó reconfortante apreciar el crecimiento de otros centros como la Universidad de las Ciencias Informáticas (UCI), que de una a otra versión aumentó en casi 60 atletas su presencia en el certamen nacional, y cosechó sobresalientes resultados durante su segunda incursión en estas lides para escoltar a los santiagueros en el podio de premiaciones.
Mientras, los futuros licenciados en Cultura Física de Granma tuvieron que conformarse con el tercer escaño, aunque pudieron presumir de haber aportado mucho para que su provincia se adueñara del trofeo Aniversario 85 de la FEU, un galardón que reconoció a la comitiva ganadora de la emulación integral desarrollada a la par del certamen.
Después de una intensa semana, se apagaron las últimas «luces» de esta necesaria fiesta. Mas su epílogo solo marcó el comienzo de un nuevo camino, cuyo trayecto estará igualmente marcado por el sacrificio y la entrega de los universitarios cubanos. Los próximos Juegos en las distintas facultades serán el primer tramo, y en lo adelante se construirá la historia de la novena edición de la Universiada Nacional, todavía con sede sin definir, pero que será, con toda seguridad, una de las más competitivas de los últimos tiempos.
Según las máximas autoridades del deporte universitario, en la nueva cita podrán concursar aquellos que estuvieron ausentes ahora por ser miembros de equipos nacionales o participar con anterioridad en torneos de primer nivel, siempre y cuando se hayan ganado su clasificación por las diferentes vías establecidas.
Por sí sola, la idea garantizará un mayor nivel en cada competencia, y por ello un mejor espectáculo. Nos queda, por el momento, esperar por la acción arropada de varias interrogantes.
¿Volverán los santiagueros a repetir la victoria?...
¿Regresarán los del Instituto Superior de Cultura Física (ISCF) alguna vez a reconquistar el trono?...
¿Hasta dónde llegará el crecimiento deportivo de los muchachos de la UCI?...
Las respuestas nos dirán, entonces, dónde bailaremos la próxima conga.
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