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LEGNA PASA, BESA Y ABRAZA…

Por Joel García

Legna Verdecia

El retiro del deporte activo es siempre difícil y nostálgico. La campeona mundial y olímpica de judo, Legna Verdecia, dijo adiós el pasado mes de enero, en una ceremonia que muchos recordarán como sus espectaculares ippones.

Se había pensado como de costumbre, pero las despedidas formales no son para los ángeles, para una holguinera inmortal, para una judoca que todo lo hizo bien y en el último momento de combatir con la nostalgia, de no subir de nuevo al tatami, pasó entre la gente, besó y abrazó…sin final.

Aunque Granma guarda con orgullo su nacimiento, Legna Verdecia es hija adoptiva de Holguín. Frustrada bailarina y judoca por embullo, clasifica en la historia de este deporte como una de las mejores alumnas del profesor Ronaldo Veitía. Fue él precisamente quien dio la opinión más integral sobre ella: «la más comprometida con la vida, la judoca que siempre todo entrenador quisiera tener en su equipo».

Pero Legna tuvo un martes 16 de enero agitado, de esos que la buena suerte calificaría como otro nacimiento. En el Ateneo Fernando de Dios no entrenó para ningún combate porque el público la necesitaba preciosa, sonriente, elegante. Tampoco subió al podio ni sintió las molestas lesiones que comenzaron hace casi 20 años con una fractura de clavícula ocultada a su madre.

Campeona mundial y olímpica de judo.

Y allí también estaban sus primeros profesores, Alberto Rodríguez y Rodolfo Fleitas, sus padres humildes, sus compañeras de siempre, el «profe» Veitía, los hijos deseados —Javier y Eylen—, el esposo comprensivo y todo el que la quiso, vibró y aplaudió su carrera. Estaba una provincia entera representada por sus autoridades y sobre todo, estaba el corazón de la gente, ese que interesa más que cualquier medalla de oro, y las flores la estremecen de amor.

Y la emoción volvió a convertir el adiós formal en lágrimas. Una y otra vez las imágenes eternas de su ippón de Sydney 2000 recorrieron las pupilas, mientras afuera, en las calles, le esperó el homenaje mayor, el de hablar y ver a la Legna olímpica de sencillez y ternura. Su entrada al estadio beisbolero Calixto García rompió el protocolo, allí también recibió aplausos.

Tarde en la noche, una niña de apenas 9 años se le acercó para pedirle un autógrafo. Legna, en medio de la festividad, logró desprenderse para el gesto gustoso. Y solo alcanzamos a leer: «con los deseos más grandes de que seas campeona de judo para venir a aplaudirte, Legna». Y el ángel Legna siguió su vuelo….sin final.

 

 

 


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Actualizada: 7 de marzo/2007

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