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Sección Entrevista

 

 

COMUNICADORES SIGLO XXI

EL PRIVILEGIO DE LA CREACIÓN

Quien tenga una computadora dispone
de todos los conocimientos publicados. (...)
(...) Una parte importante del problema
estaría resuelta tecnológicamente,
la otra hay que cultivarla sin descanso
o de lo contrario se impondrán los instintos más primarios.

Fidel Castro Ruz
17 de julio del 2007

Por Hilario Rosete Silva
Fotos: Abel Ernesto
Ilustración: Amilkar

Milena Recio, periodista de Prensa Latina, editora del sitio web Visiones Alternativas.

Bajo la égida de Alma Mater, en el año 85 de la revista, la Casa Editora Abril, ávida de examinar el impacto producido en las rutinas editoriales —de publicación, de creación de contenidos y manejo de información— por las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs), convocó a sus trabajadores para considerar el asunto.

«Quiero afirmar mi alegría porque, mediante tales ejercicios de introspección, se verifican estos intercambios entre profesionales que buscamos autorreconocernos», dijo la licenciada en Comunicación Social y máster en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de La Habana (UH) Milena Recio, panelista invitada, ante los editores, informáticos, redactores, web másteres, correctores, fotógrafos, diseñadores, bibliotecarios, realizadores, directivos y representantes de todas las áreas de la editorial que, interesados en las transformaciones que vienen sucediéndose en esta esfera productiva, acudieron a la cita: «El interés mostrado por ustedes, denota sus deseos de aprender, pero, además, su sensibilidad ante las disyuntivas que el momento presente le traza a nuestras profesiones.»

Milena Recio, periodista de Prensa Latina, editora del sitio web Visiones Alternativas (www.visionesalternativas.com) y profesora de la Facultad de Comunicación de la UH, no fue la única invitada. También participó en el panel la especialista en información Livia Reyes, profesora de la misma Facultad y directora del Centro de Información para la Prensa (CIP). «Lo más importante es que este encuentro se convierta en eso, en un intercambio», había dicho Livia en los inicios de la exposición; «en todo caso habría que ponderar qué tan verdaderas serían las soluciones que a veces uno tiene previstas: este tema es tan rico, que resulta aconsejable abordarlo desde una perspectiva transdisciplinaria».

En efecto, si alguna propiedad fuese consustancial al estudio de los tajos abiertos en las rutinas editoriales tradicionales por las tecnologías de punta, sería la interdisciplinaridad. Quien pretenda precisar, por ejemplo, qué está ocurriendo hoy con los flujos productivos, indague si el mundo del periodismo futuro será el de una gran redacción digital, inquiera sobre el ocaso de la redacción tradicional, demande si asistiremos a una simbiosis entre ambas, o se pregunte si la llegada de la tal redacción acaso no estaría matizada por la posesión de mayor o menor número de medios técnicos, tendrá que vérselas con las relaciones que en el campo editorial vienen estableciéndose entre diferentes disciplinas.

Comenzamos la difusión del tema, volviendo, ¡con los aperos de la entrevista!, sobre el verbo de Milena Recio, estudiosa de los modos del periodismo nacional en relación con las capacidades y oportunidades que le brindan a la profesión los nuevos entornos digitales.

Privilegio de invención

Usted habló de la disyuntiva en que nos encontramos con respecto al potencial que le brindan las TICs a las rutinas editoriales —nos dirigimos a la profesora-periodista.

Esta es una premisa básica, un leitmotiv. Siempre digo que una cosa es ser objeto y otra cosa es ser sujeto del cambio para propiciar (siendo sujeto) que este ocurra a la medida de nuestros deseos y necesidades. Es un dilema frente al que debemos asumir una de dos opciones: dejar que la vida nos transforme como ella lo entienda, o tomar la iniciativa de cambiar nosotros, con un propósito preciso, con intencionalidad.

Porque está claro que el cambio viene, o mejor, ¡qué ya está aquí!

Milena Recio

Estamos ante una especie de «Crónica de un cambio anunciado». Las TICs vinieron para producir una serie sucesiva de transformaciones en los procesos productivos editoriales y, en general, en la calidad de la comunicación social que establecemos por redes digitales. El cambio es inevitable, es un hecho consumado: la cuestión es que logremos insertarnos en él del modo más conveniente a nuestras opciones o posibilidades. En resumen, se trata de planificar el cambio y evitar que este un día nos sorprenda.

¡Menuda época nos ha tocado vivir!

Esa es otra premisa, derivada de aquella: somos testigos privilegiados de una época maravillosa; los avances de la ciencia y la técnica de los últimos 50 ó 60 años impactaron de manera notable todas las esferas de vida en todas las sociedades humanas, independiente de sus fases de desarrollo, a una velocidad cada vez más acelerada. La calidad y rumbo de estos «impactos» no son idénticos en todos los ambientes y culturas, sin embargo, debemos intentar alejarnos de la sensación de vértigo inicial que podrían producirnos, sensación que con toda naturalidad resulta del hecho de que contradicen o remueven lo establecido. Debemos promover la idea de que, como sociedades y como individuos, seamos capaces de capturar sobre todo el sentido positivo de estos cambios y sintamos el privilegio que nos ha tocado. Así podremos actuar conscientemente sobre ellos, en todas las esferas y desde todos los roles.

El fin de una era

Somos testigos, estamos viviéndolas, nadie tiene que contárnoslas, de una serie de micro y macro transformaciones, de grandes y pequeños formatos.

Y ahí surge la tercera premisa de esta historia, la posibilidad de ser testigos activos del proceso de cambios, convencidos de que gozamos del privilegio de la creación, de que en el despliegue de nuestra actividad, asistidos por un espíritu creativo, podríamos reinventarlo todo: a propósito de las aplicaciones de las TICs en la esfera particular de la producción editorial, no ha sido dicha, aún falta mucho para poder pronunciarla, la última palabra. Las TICs, vale insistir, nos han dotado de un terreno fértil para, siempre que lo intentemos, provocar una verdadera revolución en el ámbito de la comunicación pública.

¿Significa que en el mundo de hoy nadie podría erigirse en el absoluto conocedor de lo que sería con toda seguridad una redacción digital?

Creo que todavía nadie puede definir rotundamente qué cosa es una redacción digital o cómo funciona. La respuesta nacerá de la práctica, y de la intención de experimentar; esta será la brújula en el modelado de las mejores soluciones: las adecuadas a los problemas formulados por quienes se propongan objetivos editoriales para publicaciones digitales.

Por ende, tampoco hallaríamos un canon, un tipo de redacción digital que pudiera ser tomado como base por la generalidad de los redactores, editores y diseñadores, ¿o sí?

Hay experiencias «exitosas», tanto en las redacciones de grandes medios de comunicación, de alcance regional o global, como en proyectos de periodismo alternativo más locales pero igual importantes. Sin embargo, no creo que ya pudiésemos hablar de tal canon, entre otras razones porque, repito, nunca las formas específicas de trabajar y producir contenidos –periodísticos y no periodísticos– para redes digitales, habían sido tan recreadas como hoy. No necesariamente hay que imitar. Hay que crear. Quien estudie la historia del periodismo cubano desde principios del siglo XX, identificará con claridad cómo las redacciones de los periódicos más influidos por el antiguo patrón español, fueron mudándose hacia la pauta norteamericana, y no porque en Cuba fuésemos especialmente imitadores, que también lo fuimos. En el mundo entero se verificó la misma conversión. El periodismo estadounidense de fines del siglo XIX y principios del XX; el modelo de Hearts y de Pulitzer [William Randolph Hearts (1863-1951) y Joseph Pulitzer (1847-1911)], terminó por estandarizar asuntos tan disímiles como el formato, el número de planas, el modo de diseñarlas, las formas narrativas, el estilo y, lo más importante, la «noticiabilidad», atributo característico de un hecho real que le permite convertirse en noticia. Con el tiempo, y bajo múltiples influencias, también en París, Londres o Berlín surgieron verdaderos newspapers, al más puro estilo neoyorquino. Es una historia larga la de la implantación del «periodismo moderno», sus episodios se ubican en diferentes latitudes, pero el canon del periodismo norteamericano se transformó en el canon de aquel; lo que podía o debía ser periodístico correría por aquella canal; ya todo estaba dicho y hecho: solo había que imitar.

El comunicador digital

¿Adónde quiere llegar con esta consideración?

Ilustración Amilkar

A responder la pregunta de arriba con una idea que quizás sea controvertida, pero de la que estoy segura: las TICs, y en particular ese fabuloso prodigio que es Internet, posibilitan, cada día con más profundidad, la erosión del monopolio de la voz; se está produciendo un fenómeno de socialización de la capacidad de decir, expresar, interpretar y relatar el mundo de muchas maneras, hecho que traerá vastas consecuencias culturales. Es estimulante que empiecen a mostrar fisuras los férreos límites que antes imponían la especialización técnica y profesional, el alto costo de las tecnologías, o, más aún, el verdadero apartheid creado por la concentración monopolista de los medios de comunicación en manos de unos pocos. Internet, y en general las redes digitales, nos han provisto de una plataforma para comenzar a burlar esos límites. Frente a Hearts o Pulitzer, ayer, y Murdoch, Turner, Berlusconi, la Ley Patriótica o cualquier otra forma de censura política o económica, hoy, comienza a desarrollarse una capa cada vez más habilidosa e inteligente de personas –sean o no profesionales de la comunicación– que toman la palabra, se dejan ver, se hacen escuchar y contribuyen al logro de un mayor equilibrio comunicacional en nuestro mundo.

Se democratizó la autoridad, el dominio sobre las formas de reproducir información.

El hecho tecnológico trae consecuencias importantes, como por ejemplo, la posibilidad de que cualquiera de nosotros pueda convertirse en editor de contenidos. Podría decirse que si en el siglo XX no quedó otra alternativa que imitar el canon norteamericano, en el siglo XXI cubano, burundés o chino, pertrechados por estas tecnologías, podremos recrear y reproducir información de forma cada vez más cercana a nuestros modos y urgencias específicas de comunicación.

Llegados a este punto, ¿de qué definición de redacción digital estaríamos hablando?

Redacción digital es la manera más sintética que tenemos para hablar de nuestras rutinas de trabajo. Buena parte de las discusiones que deberíamos sostener buscarían precisar cómo organizarnos, qué rol desempeñaría cada cual, quién deberá primero hacer qué cosa, y en qué orden le seguirían los otros. Pero no creo que la secuencia del trabajo, su organización fáctica, sea lo más importante. El surgimiento y estructuración de la redacción digital como modelo productivo entraña transformaciones en algo tan o más primordial que las rutinas de trabajo: la ideología profesional, la mentalidad del periodista o comunicador digital, el conjunto de ideas o modos de pensar que lo distinguen.

Psicología de un personaje

El periodista o comunicador digital, tendría valores culturales, maneras de trabajar y hacer particulares.

Hablemos, por ejemplo, del tiempo y los estilos de trabajo. Con Internet el tiempo se ha vuelto tan elástico que casi desaparecieron sus límites. El que ahora nos interesa es un tiempo no solo local, sino global. Las tecnologías tradicionales de la radio, la televisión y la imprenta, determinaron la «tiranía del cierre» como algo consustancial a los procesos de trabajo asociados a ellas. Tanto es así, que una de las mayores virtudes de un periodista es su rapidez y disciplina frente a la hora del cierre. Hay que saber «entregar» a tiempo el material porque existe una hora tope para salir al aire o imprimir. A su vez, el público o los lectores están esperando, ¡siempre a la misma hora!, nuestros mensajes. Es por eso que a esta actividad se le llama periodismo, porque es periódica, cumple ciclos estables. Pero con Internet todo cambió: cuando publicamos una información a medianoche en La Habana, Madrid está empezando a vivir el nuevo día, se halla en la franja horaria matutina de mayor consumo de noticias. Así que ya no podemos conformarnos con la vieja idea del «cierre». Se acabó. Internet es perpetua, como también debe serlo nuestra disposición a comunicarnos en varios idiomas, con un horizonte global.

Otro gran cambio se verificaría en la idea que tenemos acerca de ese público o de esos lectores.

Preferiría decir, de los «usuarios» de nuestros mensajes. Si bien el número de personas conectadas a Internet en el planeta no rebasa el 10 ó 15 por ciento de la población mundial, constituyen varios cientos de millones de usuarios, cada vez más selectivos, habilidosos, inteligentes y listos para juzgar por sí mismos la calidad de la información a la que acceden. La revista Time decidió que el personaje del año 2006 eran los usuarios de Internet. ¿Qué significa? Más allá de la banalidad intrínseca en la espectacularidad de este tipo de anuncios, es importante pensar en cómo los usuarios vienen modificándo(se). Y no solo se modifican a sí mismos, también cambian la expectativa que los comunicadores tendríamos de ellos. Un usuario de Internet entrenado o experto, es capaz de buscar, seleccionar, filtrar y organizar información utilizando tanto directorios, buscadores o meta buscadores, sean generalistas o temáticos, como otro gran número de herramientas, fáciles de emplear, que hoy están al alcance de todos. Esto significa que emergen usuarios que desechan o bien lo que no les interesa o bien lo que consideran repetitivo o de baja calidad.

«Durar» o «estar» en Internet

¿Qué pasaría si los comunicadores nos quedásemos a la zaga de esas habilidades?

Necesitamos aprender de y con los usuarios. Hay buenos ejemplos de cómo ellos gestionan su información de un modo cada vez más eficaz. Y no es que no necesiten ayuda de los profesionales. Todo lo contrario. Creo que nos necesitan más que nunca. Nos necesitan más que nunca porque ante la «infoxicación» (con letra efe) se requieren especialistas-semáforos, y porque en general los relatos sobre la realidad siguen siendo celosamente monocordes, tendenciosos y sesgados. Así que también es preciso estimular a los usuarios para que sean capaces de romper la hegemonía cultural e ideológica que oprime a la mayoría de los habitantes de este mundo; dominación que hoy se ejerce, de manera fundamental, a través de los medios de comunicación tradicionales. Pero hay que comenzar a ver el filón colaborativo de esta relación con los usuarios. Está variando aquel habitual panorama que definía a los públicos como consumidores pasivos.

El gran salto no residiría en que un periodista dejase la máquina de escribir para sentarse frente a una PC.

El verdadero cambio no está supeditado a tener a nuestro alcance una nueva infraestructura, una moderna dotación tecnológica. La real transformación –y esta es otra premisa–, siempre se da en la cultura profesional, y acá podríamos asociarla con las respuestas a un grupo de interrogantes: en calidad de periodistas digitales ¿cómo nos vemos?, ¿con cuáles objetivos generamos y difundimos contenidos?, ¿con qué fines provocamos a otros?, ¿cómo, por qué y para qué disponemos de la capacidad de comunicarnos?

¿Usted se refiere a una «vocación de comunicación»?

Los proyectos que nacen de cara a Internet deben poder distinguir entre «durar» en Internet –en el sentido de mantener un espacio de manera pacífica e irrelevante– y «estar» en Internet –desarrollando, y aprovechando, la carga de innovación y pasión que ella exige–. Las motivaciones, los objetivos, la intencionalidad, serán nuestro punto de partida. De esa vocación de comunicación partirán todas las preguntas, y hacia ella tributarán todas las acciones. Tenemos algo que decir, tenemos la necesidad profesional y humana de hacerlo, y el gusto de ayudar a otros a saber y a conocer. Con todo esto basta.

 

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Actualizada: 16 de agosto/2007

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