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QUÉ SIGNIFICA TRABAJAR CON JÓVENES

 

Por Hilario Rosete Silva
Fotos: De la Rionda

Eugenio Ravinet, Secretario General Organización Iberoamericana de la Juventud (OIJ). 

«Si desea bostezar, hágalo a tambor batiente», nos identificamos con Eugenio Ravinet, natural de Chiloé, provincia mayoritariamente insular del centro sur de Chile.

Acababa de concluir, en el Palacio de Convenciones de La Habana, la XIII Conferencia de Ministros y/o Altos Responsables de Juventud de Iberoamérica (octubre de 2006), y el secretario general de la OIJ, que a causa de la realización del cónclave en varios días apenas pegó un ojo, giraba la cabeza hacia el hombro y entreabría y se tapaba la boca con educación, ahuyentando el cansancio.

«No es eso; es que ahora estoy más relajado», le restó importancia a sus bostezos y pasó a comentar el modo en que podría reducirse la brecha que comúnmente se crea entre, de un lado, los partidos, ministerios y entidades que diseñan, supervisan o evalúan los programas juveniles y, de otro, los ejecutores en vivo de las políticas de juventud: «La OIJ trata de partir la diferencia mejorando las capacidades de unos y otros, educándolos, formándolos, enseñándoles qué cosa es un programa juvenil y qué significa trabajar con jóvenes.»

De nacionalidad chilena, e iberoamericano de oficio, piensa que el trazado y ejecución de las políticas de juventud, víctima del credo sectorial, exige una lógica más transversal, y que, por ende, debería entregárseles todo tipo de herramientas a los empleados y funcionarios públicos y propiciar su cambio de mentalidad: «Buena parte de ellos, ¡pan de burocracia!, pareciera que no tienen previsto ocuparse del sujeto joven.»

Graduado de la Facultad de Derecho (1998) de la Universidad de Chile, casado y padre de un bebé de ocho meses (en el día de la entrevista) al que le pusieron Tomás —para cortar el Eugenio, patronímico de todos sus antepasados—, aún se enerva cuando, en relación con las políticas de juventud, alguien le habla de diseño y deliberada o inconscientemente omite el término construcción: «La vida es dialéctica, al final las políticas de juventud tendrían que construirlas y ejecutarlas los propios jóvenes, ¡con su participación y sus exigencias!»

Su mayor anhelo es que los jóvenes de todos los ámbitos —tengan el interés que tengan— se reúnan, reconozcan sus problemas comunes y reivindiquen una propuesta generacional: «¡Hecha con, por y para ellos!» Considera que el auge o declive de la participación juvenil es proporcional al trabajo directo entre las masas: «Los responsables tendrían a su cargo el diseño de las políticas y la construcción de los programas, pero de nada les valdría si no conciencian que su primera misión es la de dialogar, compartir y estar con la juventud.»

Mientras sesionaba la Conferencia, los periodistas se dirigieron a varios de los partícipes, pero ninguno halló tiempo para atender sus reclamos. Eugenio Ravinet, quizás el de más alta jerarquía, el más atareado de todos, fue la excepción. Cuando la revista le solicitó, el secretario general de la OIJ corrió a ayudarle. Durante el tiempo que duró la conversación, la brisa susurraba: «Lo más grande va sin reparo con lo más pequeño, lo mediocre va solo.» 

NATURALEZA PLURAL, DIVERSA

Hacer un tiempo para ustedes —nos dijo—, no tendría que entrañar un sacrificio; esa es una de las acciones propias de mi labor de «constructor»; debo estar lo mismo en Cuba que en Chile, con los periodistas que con los estudiantes, en una clase que en una convención, dos horas o dos días: esa es la deuda que contraje con la construcción del nuevo mundo. 

La Conferencia recordó el temple de la juventud para hacer aportes en esa dirección. De sus 18 acuerdos, ¿cuáles están más cerca de lo «real y concreto»?

Siempre conviene fijarse en el conjunto de aspectos que forman el todo, por eso adoptamos tantos acuerdos. Hay varios proyectos en curso y otros se acercan a su concreción. Entre los que damos como hechos reales figuran: el ánimo de asegurar, con el refuerzo de la Red de Relatores, la continuidad de la Comisión Especializada sobre Cooperación Iberoamericana de Juventud [Sociedad de la Información y del Conocimiento (CIJSIC)]; la resolución de hacer propia la declaración final del IV Foro Mundial Juvenil del Agua (México, 2006), con la que abrazamos el tema del Medio Ambiente; y el acuerdo de impulsar la ratificación de la Convención Iberoamericana de Derechos de la Juventud. 

¿No habría que mencionar el apresto de la OIJ para mejorar las prácticas solidarias?

Y recordaríamos tanto el acuerdo de cooperación entre la OIJ, la Secretaría General Iberoamericana, y el Ministerio de la Juventud, los Deportes y la Acción Cívica de Haití; como la resolución de condena al bloqueo de Estados Unidos contra Cuba. El texto de esta última se basa en el comunicado especial de la XV Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad Iberoamericana de Naciones (España, octubre de 2005), sobre la necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el gobierno yanqui a la Isla, incluida la aplicación de la llamada ley Helms-Burton. 

Los Ministros y/o Altos Responsables de Juventud de Costa Rica se abstuvieron de aprobar dicha resolución, y los de Nicaragua la rechazaron.

Aunque la mayoría de los países lo interpretó de otro modo, Costa Rica entendió que a su delegación no le estaba conferido ese mandato; se abstuvo de aprobar la resolución, pero en el hecho de explicar su actitud dejaría ver que simpatiza con la idea; quizás no se atrevió a aprobarla por razones de política interna, como también es probable que si consultáramos a la cancillería de ese país, obtendríamos su aprobación: muchos ya reconocen que el bloqueo y la extraterritorialidad de la Helms-Burton violan el derecho internacional y lesionan los derechos humanos de las personas que viven en Cuba. Luego, tanto la abstención de Costa Rica como el rechazo de Nicaragua, reflejan la naturaleza plural de Iberoamérica. 

LLAMO PARA CONFIRMAR

La esencia ofensiva, dañina, del bloqueo y la Helms-Burton, fue revelada en la clausura por el ex diplomático cubano Fernando Remírez de Estenoz.

De haber contado con una segunda posibilidad, después de escuchar a Remírez cualquiera habría rectificado su postura. La existencia del bloqueo y lo que en verdad entraña, es algo todavía desconocido hasta para algunos cubanos. Yo vine en conocimiento de él, solo cuando viajé a la Isla por primera vez, en el año 2005, prácticamente ayer. Se escucha, a lo lejos, que hay un bloqueo, pero al conocerlo se constata que ustedes «pelean con las manos atadas». El gobierno, el Estado cubano, cometería errores, ¿quién se libra de ellos?, pero el daño originado por el bloqueo norteamericano es inconmensurable, comprende muchas limitantes y sufrimientos. Celebrar aquí la XIII Conferencia también fue una práctica solidaria con el esfuerzo de Cuba, una manera de decir que tenemos un juicio moral acerca de lo que el bloqueo significa. En lo personal, siento un gran afecto por este pueblo. 

Nos sorprendió que la doctora M. Elisa Berenguer, secretaria adjunta de la Secretaría General Iberoamericana, admitiera, pública y entusiastamente, similares afectos.

Eso es lo que provoca Cuba. Su gente es afectuosa, amistosa, ¡auténtica!; no presume ni alardea, muestra su don tal como es, dice lo que piensa, da lo que tiene. A propósito de la doctora María Elisa, no es común la presencia de un delegado de la Secretaría General Iberoamericana en este tipo de encuentros. De las reuniones sectoriales efectuadas a lo largo de este año, en distintos países, la Secretaría General solo participó de la Conferencia de Ministros y/o Altos Responsables de Energía... El hecho también habla de la importancia que se le prestó a esta cita de La Habana. ¡Nada es casual! 

Usted es jurista y secretario de la OIJ. ¿Será por eso que la organización impulsa la ratificación de la Convención Iberoamericana de Derechos de la Juventud?

Existan o no vasos comunicantes, dicha ratificación es un acto trascendente. Sería fabuloso poderles dejar a los jóvenes iberoamericanos la base jurídica que ha de reconocerlos como sujetos de derecho y que asimismo reconocería sus derechos fundamentales. Conforme a su letra, los propios jóvenes podrían exigir que se les respete, y hasta demandar su reparación en casos de vulnerabilidad. Tras años de batalla, el texto de la Convención fue aprobado por la XV Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad Iberoamericana de Naciones, pero hasta hoy ninguno de los Parlamentos de los 22 países miembros la ratificó. Impulsar su «despacho» fue uno de los tres ejes de discusión en esta Conferencia. Nuestros Ministros y/o Altos Responsables de Juventud se comprometieron a apoyar la ratificación desde el Poder Ejecutivo, y la OIJ intentará hacerlo, en paralelo, desde el Poder Legislativo y la sociedad civil, incluyendo los medios de comunicación. 

¡HAGÁMOSLE EL JUEGO, NO EL QUITE!

Con la existencia, por separado, de códigos para la niñez, la juventud o la mujer, ¿no laceramos el derecho fundamental de la familia?

No hay nada peligroso en el auge de cuerpos jurídicos que defiendan el derecho específico de los niños, los jóvenes o las mujeres. La idea es que todos los códigos armonicen entre sí. A través de la historia, la jurisprudencia avanzó desde lo general, desde la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, hacia lo específico... 

 ¿No será tal avance el que nos condujo a la desaparición de los límites?

Los derechos de las personas son ilimitados; la dignidad humana no reconoce límites más allá del límite del que está al lado... 

A esos nos referíamos, a la desaparición de los límites con respecto al prójimo.

Ahí sí: ¡Mi libertad termina donde comienza la del otro, y mi derecho también empieza a culminar donde nace el derecho del prójimo! Luego, y eso es lo que nos interesa, es preciso reconocer que, por ejemplo, el derecho al trabajo que la sociedad le otorga a un joven, no es el mismo que le concede a la persona adulta. La temporalidad y precariedad del trabajo al que hoy pueden acceder los jóvenes, es mayor que la del trabajo que se les está ofreciendo a los adultos. Es justo que la juventud cuente con una base jurídica que les reconozca el derecho a un trabajo duradero y eficiente: especificar los derechos humanos de los jóvenes encierra una lógica consecuente. 

La Conferencia eligió presidente y vicepresidente del Consejo Directivo a Guatemala y Venezuela, en ese orden, pero usted no fue removido del cargo...

La armonía alcanzada no fue un detalle ni un verso; respetamos el espíritu de colaboración, de fraternidad, de «buena onda», y negociamos una salida que se alzaría en símbolo, ¡desde La Habana!, en momentos en que Guatemala y Venezuela, en Nueva York, disputaban a brazo partido un escaño, por Latinoamérica, en el Consejo de Seguridad de la ONU.

En cuanto a mi cargo, el mandato abarca cuatro años. Si aspirara a otro período debería presentar mi candidatura en la próxima XIV reunión, que sesionará en Venezuela en el 2008: el encargo de organizar la Conferencia recae en la vicepresidencia. Yo fui nombrado secretario general en la última, la XII edición, celebrada en Guadalajara, Jalisco, México, los días 4 y 5 de noviembre de 2004. Allí la República de Cuba, en la persona de Julio Martínez, primer secretario de la Unión de Jóvenes Comunistas, fue elegida vicepresidenta, por eso le tocó emprender este XIII encuentro. 

Después de este, ¿cómo calificaría usted a la OIJ?

Por las horas vividas en la Isla, siento que en la OIJ, pese a los prejuicios que una embajada tendría contra otra, procedemos de países distintos, representamos a distintos gobiernos, no hemos perdido la capacidad de dialogar y ponernos de acuerdo. La OIJ es una entidad compuesta por gente joven, y eso la hace diferente; pero además, supo darle contenido a esta Conferencia; nos vamos de aquí con tareas concretas, no con una simple declaración; somos un ente audaz: muchos en el mundo, con varias excusas, hacen el quite, quitan el bulto o zafan el cuerpo, pero la OIJ va más allá de lo que está exigiéndoles a los países la propia Organización de las Naciones Unidas; en la OIJ hemos dicho: «¡Hagámosle el juego, no el quite, a las metas del milenio!» 

DE FUSTE, A PALOS

¿Cuáles fueron los dos otros ejes de discusión?

Acordamos concretar el diseño del Plan de Cooperación e Integración de la Juventud en la región, plan que legitimaría las acciones solidarias y racionalizaría los recursos destinados a ellas; y consideramos los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) en relación con los jóvenes: la anulación de la extrema pobreza y el hambre, el logro de la enseñanza primaria universal, la promoción de la igualdad de género (emancipación de la mujer), la reducción de la mortalidad infantil, la mejora de la salud materna, la lucha contra el VIH/SIDA y otros azotes, la sustentación ambiental, y el desarrollo de alianzas globales para el desarrollo. 

Al encontrarse en el vórtice de tales «diálogos», ¿a qué padecimientos se expone?

Me dañan la falta de transparencia, las personas que no van de frente, que renuncian a sus sueños, que se duermen y acomodan o se contentan con cierto estado de cosas. ¿De dónde saco el extra para vencerlos? Del ejemplo de mi abuelo Julio, un ser adorable, de 95 años, que durante toda su vida fue profesor rural en la isla austral del Chiloé, y en el amor que le tengo a mi trabajo. A través de él tengo chance de transformar la realidad, de crear más igualdad, más equidad. Soy un servidor público con vocación social, y mi especialidad es la articulación de seres humanos e instituciones que podrían potenciar sus intereses comunes, pero que permanecen alejados unos de otros porque no se conocen.. 

Cuando dice especialidad, ¿se refiere a talento?

Tengo el talento de poner de acuerdo a las personas; quizás no sea un comunicador, pero sí un generador de espacios de encuentro, por eso me agobian los prejuicios. Hace mucho que aprendí que el diálogo desata los nudos, que con él se edifican grandes obras, que debemos aprender a escuchar, que la gente no se escucha, así como no se toca, no se transmite sus afectos. En el ejercicio diario de escuchar, ¡todos tienen algo que decir, algo que aportar!, también encontré una forma de avanzar hacia ese mundo mejor que es posible. 

De vez en cuando igual haría falta un coscorrón. ¿O no?

Graduado de la Universidad de Chile, fundada por Andrés Bello, un venezolano que aportó mucho a mi país, estoy seguro de que en la vida solo vale la pena pelearse ¡de fuste! (a palos, de importancia) con dos o tres personas; no podemos ir por ahí fajándonos con todos, por nimiedades, todo el día; basta con librar un par de combates trascendentes... 

¿Desestima el enfrentamiento? ¿Hay algo que desea reiterar?

Quiero insistir en que las políticas de juventud tendrían que construirlas y ejecutarlas los propios jóvenes, ¡con su participación y con sus exigencias!, en que el enfrentamiento debe reservarse para las grandes causas, y en que hay muchas formas de enfrentarse: reducir la brecha entre los que diseñan las políticas y los que ejecutan los programas, está entre nuestros retos; por eso tratamos de mejorar las aptitudes de unos y otros, educándolos, formándolos, enseñándoles lo que significa trabajar con jóvenes.  

 


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Actualizada: 12 de enero/2007