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ME SIENTO CUBANO
Por Sheyla Delgado Guerra,
estudiante de 1er. Año de Periodismo
Universidad de Camagüey
Foto: Cortesía de la autora
Orgulloso de vestir su bata blanca, regresa de cumplir una de las honrosas tareas de la Revolución. Pudiera ser cualquiera de los miles de jóvenes extranjeros que estudian Medicina en Cuba; pero la diferencia no está en su físico, sino en su corazón.
Su mirada expresiva se pierde en el vacío como si quisiera burlar la geografía y traer a Viet Nam hasta el Caribe. Patriotismo y alegría se funden en él. Humano, laborioso, fácil de querer e imposible de olvidar. Así es Tuan Nguyen Pham, estudiante de tercer año del Instituto Superior de Ciencias Médicas de Camagüey y vicepresidente del Consejo de Naciones de este centro; un joven con un corazón tan grande que apenas le cabe en el pecho.
Yo vivía en Viet Nam con mis padres y mi hermano. Estudiaba en la Escuela Provincial Específica de Asignaturas; allí recibía clases principalmente de Física, que no tiene nada que ver con Medicina. Esto era tres días de la semana y otros tres las demás asignaturas; porque teníamos clases también los sábados.
¿Por qué decidiste estudiar Medicina?
Primero como una tradición de familia, porque mis padres son médicos y yo quería seguir el camino de ellos. Antes quería ser policía, pero una gran amiga mía falleció de lupus y decidí ser médico, para con mis fuerzas, aunque no sean muchas, poder ayudar a otras personas a enfrentar la muerte.
¿Cómo llegaste a nuestro país?
Bueno, para estudiar en Cuba se puede entrar de tres formas: por la embajada, autofinanciando la carrera o como becarios. Yo hice un semestre allá en Viet Nam, me presenté a una prueba y me dieron una beca para venir aquí.
¿Qué significó para ti dejar atrás tu Dong Hói natal y adaptarte a un país con idioma y costumbres distintas?
Cuando supe que aprobé, me dio una emoción que nunca había sentido, porque iba a conocer cosas nuevas, a tener una nueva vida, aunque lejos de mi familia. Entonces sentí, primero, miedo y segundo, alegría. Yo no sabía nada cuando llegué a acá, pero mi papá estudió Medicina aquí en Cuba y como él sabe hablar español me ayudaba para que fuera aprendiendo algunas palabras. Él dice que Cuba es muy bella, porque es una persona que ama a Cuba, y yo también la amo.
Sé que eres miembro activo en el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (I.C.A.P.), en Camagüey. ¿Qué actividades realizas allí?
En el I.C.A.P., normalmente, todos los viernes tenemos una noche de solidaridad, donde los estudiantes de otros países trabajamos voluntariamente; además nos interesamos por la cultura y la política y tenemos un intercambio amistoso con los cubanos que nos visitan y con los compañeros de emigración. Hemos recibido a médicos de Estados Unidos, de Canadá y de Italia. También cada 11 de mayo realizamos una caminata en homenaje al Mayor Ignacio Agramonte. El año pasado fuimos a Birán (lugar de nacimiento del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz) y a la Sierra Maestra, y hemos participado en actividades con los familiares de los Cinco Héroes.
¿Cómo valoras ese intercambio con los familiares de los Cinco luchadores antiterroristas cubanos?
Fue algo muy bueno, porque me ayudó a entender más sus vidas y supe que se sienten muy orgullosos de ellos.
¿Crees que en Miami se le puede hacer justicia a algún revolucionario cubano?
No. Porque allí está la mafia anticubana y antirrevolucionaria.
Yo tuve la oportunidad de escucharte en el VII Congreso Provincial de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) y tus palabras causaron gran impacto. ¿Cómo te sentiste al vivir este histórico evento juvenil?
Me sentí muy orgulloso de poder compartir junto a ustedes como miembro de la FEU y delegado al Congreso. Yo trato de hacer todo lo posible por ayudar a la FEU, a la sociedad y defender a la humanidad. Y si quiero defender la humanidad, tengo que apoyar a la Revolución cubana; porque Fidel, con su Revolución, ha hecho muchas cosas por la humanidad.
Te voy a decir un nombre y quiero que me digas qué representa para ti: Fidel.
Fidel es una persona que si quiero mirarlo tengo que levantar mi cabeza, pues para mí él está a una gran altura y yo lo admiro mucho; no solo por su inteligencia, sino por lo que tiene en su corazón y por lo que ha hecho para el pueblo cubano y para el mundo. Fidel es una persona maravillosa.
¿Qué es lo que más admiras de Cuba?
Lo primero es el Comandante en Jefe Fidel Castro, que con su inteligencia, su fuerza y su corazón tan grande, ama a toda la humanidad y mantiene la paz para Cuba. Yo amo a este país porque es tranquilo y la fuerza de todas las cosas está en la paz. La Revolución lleva más de cuarenta años resistiendo el bloqueo de los Estados Unidos. Por eso no me siento diferente de los cubanos y quiero integrarme como ustedes. Aquí podemos caminar por las noches, cantarnos, hacer actividades que queremos y en paz.
¿Te sientes un cubano más?
Sí; porque hasta el Comandante Fidel nos ha dicho que nosotros, los estudiantes extranjeros, somos cubanos que nacimos en otros países y yo desde hace mucho tiempo me siento un cubano.
Entonces podemos decir que eres un cubano nacido en Viet Nam; ¿cierto?
Sí; y si quieres tú también eres una vietnamita nacida en Cuba.
Muchas gracias.
Yo nunca he querido ver una diferencia entre dos personas. Nosotros somos humanos y tenemos los mismos derechos a disfrutar de “las siete maravillas”, que según leí una vez son: poder reír, poder oír, poder hablar, poder tocar, poder compartir, poder probar y poder amar.
¿Cómo valoras las relaciones entre nuestros pueblos?
Las relaciones son muy estrechas y los dos pueblos somos hermanos. Puedo decir que somos un solo pueblo. Desde hace tiempo Cuba ha dicho que por Viet Nam está dispuesta a dar hasta la última gota de sangre.
Tú sabes que ahora son las siete menos cuarto de la noche aquí y en mi país son las siete menos cuarto de la mañana. Entonces a mí me ha enseñado alguien que cuando el pueblo vietnamita duerme, el pueblo cubano se despierta para cuidar el sueño del pueblo vietnamita; y al revés, cuando Viet Nam se levanta a estudiar y a trabajar, también le cuida el sueño a Cuba.
Tu mejor recuerdo en nuestro país…
El viaje que hicimos, el 23 de julio del 2005, a Birán y a la Sierra Maestra. Allí aprendí cómo vivía Fidel; cómo hizo la Revolución, no para él, sino para el pueblo cubano; y conocí cuánto trabajo pasaron los combatientes en la Sierra para levantar la Revolución.
El libro “Cien horas con Fidel”, de Ignacio Ramonet, ha sido todo un suceso editorial en nuestro país. ¿Qué opinas de este ejemplar?
Yo he ido coleccionando los tabloides y para mí es algo maravilloso; porque con él podemos aprender muchas cosas de la personalidad de Fidel, saber más de su vida, como hombre y también como revolucionario.
¿Consideras posible que la humanidad le cierre el paso a las patrañas del gobierno yanqui?
Sí, yo creo que sí. Solo depende de que todos nos movilicemos para hacer como Fidel y Chávez han dicho, porque “un mundo mejor es posible”.
¿Qué mensaje le quieres transmitir a aquellas personas que no conocen la verdad sobre Cuba?
Yo quiero decirles que despierten, por favor, que ya han dormido mucho tiempo y tienen que mirar la verdad; no solamente con sus ojos, sino con los ojos de la mente. ¿Por qué no la ven? Yo no soy cristiano ni católico, pero creo que existe Dios y, por eso, esta Revolución nunca va a terminar.
Todos los hombres nos proponemos sueños en la vida; ¿con qué sueña Tuan?
Mi gran sueño es que no haya más ninguna guerra. En cuanto a mis estudios, quiero ser un cirujano o un ortopédico.
¿Cómo es “el otro Tuan”, fuera de los estudios?
Mis amigos dicen que soy un poquito tosco, pero solo con ellos porque no soy así con las mujeres. Me gustan casi todos los deportes: el fútbol, el ajedrez, atletismo y muchos más. Me gusta oír, además de la de mi país, la música latina, sobre todo, Ricardo Arjona. También me gusta leer, principalmente los libros de Medicina y de Política. Quisiera aprender a bailar casino y a tocar guitarra, pero no he podido. Mis amigos me tratan de ayudar.
Cuando regreses a tu querida Viet Nam…
Diré todo lo bello que he visto aquí, aunque creo que no necesito transmitir tanto, porque en Viet Nam todo el mundo conoce a Cuba y la ama. El pueblo cubano está siempre en nuestro corazón.
Si la humanidad te concediera un minuto de su atención; ¿qué le dirías?
Esa es una pregunta difícil. Bueno, si más de seis mil millones de personas me van a escuchar, entonces voy a gritar bien alto para que todas me oigan: ¡Viva la paz! ¡Viva la humanidad! Y, compañeros, somos humanos; ¿por qué no podemos abrazarnos y amarnos como nuestros antepasados se han hecho?
Al decirlo, un rayo de esperanza se dibuja en su rostro. La magia de su sonrisa casi le desaparece los simpáticos ojitos; y es que, Tuan no los necesita, porque ve a las personas con los ojos del alma. Con hombres como él se puede hablar de paz, de equidad y de futuro, y se puede contar para edificar un mundo mejor. El simple hecho de evocar su nombre, inspira cariño; y el privilegio de conocerlo, admiración.
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