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4 DE ABRIL
HIJO DE SUS OBRAS
Las verdades elementales
caben en el ala de un colibrí
José Martí
Por Hilario Rosete Silva
Fotos: Abel Ernesto
En el no. 450 de abril del 2007, Alma Mater publicó la primera parte de su entrevista con Jaime Crombet (Santiago de Cuba, 1941), vicepresidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular y miembro del Comité Central del Partido.
En marzo de 1962, al iniciarse el I Congreso de la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR), ya era el secretario de su comité de base en la Escuela de Ingeniería Civil de la Facultad de Tecnología de la Universidad de La Habana (UH). Luego del discurso de Fidel Castro del 4 de abril en el estadio Latinoamericano, siguió al frente del mismo comité, convertido desde entonces en organismo de base de la UJC. En los comicios generales estudiantiles del 8 de junio de ese año, fue electo, además, presidente de la FEU de la propia Escuela.
Fundador del programa de becas universitarias que recibió el nombre de Plan de Ayuda para la Formación de Técnicos (PAFT, 1960), participó con intensidad de la vida universitaria, y debió multiplicarse para responder a sus exigencias. De secretario del comité de base de la Escuela, cumplió otros deberes en la Dirección de la UJC de la Facultad y pasó a miembro del Buró de Dirección Universitario. En paralelo, en las elecciones del 10 de febrero de 1965 resultó presidente de la FEU de toda la UH. Poco después lo votarían, además, secretario general de la UJC de la Universidad.
A fines de 1965, sin haber terminado la carrera, lo eligieron primer secretario de la UJC de la antigua provincia de La Habana. No bien dejó la FEU y la UJC de la UH para acometer la misión, resultó electo, en febrero de 1966, primer secretario del Comité Nacional de la UJC, cargo que desempeñaría hasta octubre de 1972. Entre 1968 y el propio octubre del 72, ocuparía, simultáneamente, la jefatura de la Columna Juvenil del Centenario.
Desde el Comité Nacional de la UJC, no solo encauzó, de mediados del 67 a marzo del 71, la fusión de la Juventud y la Federación en las tres universidades de la Isla, sino que guió, en marzo del 71, el rescate de la FEU, y el nacimiento, en mayo, de la FEU de Cuba: «Fue un error del que soy responsable», se refirió a la fusión UJC-FEU, «pero tuvimos la oportunidad de corregirlo en breve tiempo. Es bueno que saquemos lecciones de aquel período sin olvidar el contexto. Alma Mater podría contribuir con ese análisis».
APROBADO Y PENDIENTE
Usted señaló las misiones del cogobierno estudiantil —volvimos atrás.
El cogobierno —insistió Jaime— participaba en la actualización y perfeccionamiento de los planes de estudio de cada carrera y los programas de las asignaturas, la fijación de los calendarios de pruebas, la localización de nuevos profesores, la reproducción de folletos y libros de texto, y la toma de otras decisiones en favor de la enseñanza. Los dirigentes estudiantiles y los militantes de la UJC teníamos que ser buenos estudiantes. Hablando de apoyo a la docencia igual habría que recordar el desarrollo del Movimiento de Alumnos Ayudantes: este surgió en 1961 en Ingeniería y Arquitectura, poco antes de que la Facultad se denominase «de Tecnología». Tuvimos un cuadro de la FEU y la UJC, el hoy teniente coronel de las FAR Néstor Pérez Lache, neurólogo, condecorado en enero de 2007 con la orden Carlos J. Finlay, al que el Buró Universitario de la UJC, ante la crisis de profesores, decidió trasladar al ejercicio de la docencia.
Recuerdo a otro dirigente estudiantil de la UH, Domingo García, nuestro actual embajador en Seychelles, hermano de Félix García, el compatriota acreditado ante la ONU y asesinado en Nueva York (1980) por terroristas de origen cubano. Recibido de Medicina, Domingo prefería el trabajo político, los asuntos diplomáticos, de hecho después fue embajador de Cuba en varios países y desempeñó altas responsabilidades en el Ministerio de Relaciones Exteiores (MINREX), pero entonces el Buró Universitario le exigió cumplir su servicio médico rural en el sanatorio antituberculoso de Topes de Collantes.
¿En qué fecha usted se recibió de ingeniero por la Facultad de Tecnología de la UH?
Estaba terminando Civil, a fines de 1965, cuando me eligieron primer secretario de la UJC de la antigua provincia de La Habana. Pedí que me concedieran un tiempo para prepararme y realizar los últimos exámenes antes de integrarme a la nueva secretaría. Me dieron unos días, logré aprobar tres materias, pero desde el Comité Nacional me presionaban para que me incorporara y tuve que dejar otras tres pendientes.
Las aprobé 15 años después, durante unas vacaciones que dediqué solo para eso, siendo primer secretario del Partido de Pinar del Río. Por incomprensiones de la época, reflejo de cierto extremismo, de un falso concepto de la exigencia, no pasaba nada si me incorporaba un poquito más tarde, nunca me gradué de la UH, sino del ISPJAE, en 1980: fue allí donde alcancé el título de Ingeniero Civil. Asumí el cargo de primer secretario de la UJC de La Habana en enero de 1966 y apenas me mantuve en él durante 45 días: el 16 de febrero me eligieron primer secretario del Comité Nacional de la Juventud Comunista.
«FEFEL»
¿Quién ocupó la presidencia de la FEU de la UH?
Cuando asumí la primera secretaría de la UJC de La Habana, los compañeros Lázaro Mora e Ileana Valmaña, elegidos, respectivamente, vicepresidente y secretaria de la FEU de la UH en los sufragios de febrero del 65, también ya habían cesado en la Federación y desempeñaban otras tareas. Electo vicesecretario en las votaciones, mi sustituto fue Francisco Dorticós, hoy cardiólogo del Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular, hijo del doctor Raúl Dorticós, decano de la entonces Facultad de Ciencias Médicas de la UH. En las subsiguientes elecciones estudiantiles resultaron presidente y vicepresidente, Enrique Velazco, de la Facultad de Tecnología, y Juan Vela, de Ciencias Médicas, actual Ministro del MES.
En vísperas de la multiplicación de la UH en varios centros de educación superior, la tradicional rivalidad entre ambas facultades llegó a su apogeo y seguía reflejándose hasta en las propuestas de candidatos para dirigentes de la FEU. Las asambleas de presentación de los aspirantes tenían lugar, por lo general, en la Plaza Cadenas (Ignacio Agramonte) o en la Ciudad Deportiva, con derroches de iniciativas dirigidas a «fastidiar» al contrario. Con todo, en mayo de 1967 Velazco debió dejar el cargo y Vela, por sustitución reglamentaria, asumió la presidencia.
En el ínterin fue herido en Vietnam (18 de abril de 1967), a causa de un bombardeo de la aviación estadounidense, el estudiante puertorriqueño José Rafael «Fefel» Varona.
En agosto del 66 concluyó en La Habana el IV Congreso Latinoamericano de Estudiantes (CLAE), cuna de la Organización Continental Latinoamericana y Caribeña de Estudiantes (OCLAE). Fefel, de la Federación Universitaria Pro Independencia (FUPI, de Puerto Rico), llegó a Hanoi en una delegación de la OCLAE que al salir de Cuba (8 de marzo del 67) participó en la reunión del comité ejecutivo de la Unión Internacional de Estudiantes en Praga y en el IX Congreso de esa organización en Ulan Bator (Mongolia). Estuvo inconsciente desde el día en que fue herido, en medio de un arrozal, por la metralla de los aviones yanquis, hasta el momento en que murió (24 de marzo de 1968, en un hospital moscovita). Después el VI CLAE (La Habana, marzo del 79) instituyó la Orden José Rafael Varona, que le ha sido conferida a Fidel Castro y a Nelson Mandela, entre otras personalidades. En fecha reciente se le otorgó a los Cinco. También la ostentan la UH, la FEU y la UJC.
¿A quién sustituyó usted al frente de la UJC Nacional?
A Miguel Martín Pérez, un combatiente del Ejército Rebelde que venía presidiéndola desde septiembre del 63, luego de reemplazar él, a su vez, a Joel Iglesias, joven comandante del Ejército Rebelde. Más tarde, en diferentes épocas, Miguel fue miembro del Comité Central, primer secretario del Partido de la otrora región de Ciego de Ávila (antigua provincia de Camagüey), jefe de la Unión Eléctrica, y director de la compañía turística Habaguanex. Falleció en marzo de 2006. Por los días de mi elección para la UJC, Miguel fue electo secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC). A fines del 70 se inició el proceso de revitalización y recuperación del movimiento sindical, que tuvo su punto culminante en 1973, con el histórico XIII Congreso de la CTC, un evento trascendental, organizado y dirigido brillantemente por su dirigente, Lázaro Peña.
QUIÉN DIRIGE A QUIÉN
Desde el Comité Nacional de la UJC, entre mediados del 67 y marzo del 71, a usted le tocó encauzar la fusión de la Juventud y la FEU.
También guié, desde el mismo cargo, en marzo del 71, el feliz rescate de la FEU en las tres universidades existentes en la Isla, y el nacimiento, en mayo del propio año, de la FEU de Cuba. La revitalización de la FEU y su separación orgánica de la UJC, fue reflejo del fortalecimiento del movimiento estudiantil.
En esa época crecería el porcentaje de universitarios militantes de la UJC.
A la Universidad fue llegando lo mejor de los preuniversitarios; el 40 ó 50 por ciento ya militaba en la UJC; en esos momentos para ingresar a la Universidad el aspirante debía de expresar que se hallaba en disposición de cumplir una misión internacionalista. La de la Universidad era una militancia aguerrida, con métodos rigurosos, en algún modo extremista, reflejo de los tiempos.
Combatimos la reacción bajo el lema de La Universidad para los revolucionarios. Decidimos no formarle cuadros al enemigo. El fortalecimiento de la UJC en la Universidad hizo, en ocasiones, cada vez más difícil, distinguir las tareas de la UJC del trabajo de la FEU. El crecimiento de las filas de la UJC estrechó la interrelación entre los miembros y las funciones de ambas organizaciones, llegando a producirse algunas duplicidades.
Siempre nos preocupamos por fortalecer la línea de masas; las votaciones eran aula por aula, escuela por escuela; muchos nuevos alumnos habían ingresado en esos años, y todos tenían derecho a elegir y ser elegidos dirigentes. Pero virtualmente todos los candidatos eran militantes de la UJC; la masa reconocía que los miembros de la Juventud eran estudiantes de vanguardia: la idea de que podrían fusionarse la UJC y la FEU comenzó a desarrollarse y llegó a aceptarse como un proceso natural, hijo de las circunstancias. Así tomó cuerpo la experiencia de unir a las dos organizaciones en la UJC-FEU, sobre la base de que sus dirigentes, si bien propuestos y elegidos por las masas, tenían que ser militantes de la UJC, lo cual ya era excluyente... todavía hoy en los centros de educación superior hay a quienes les cuesta distinguir la responsabilidad de la UJC con relación a la FEU y persiste cierta ambivalencia; a veces el estudiante no sabe quién dirige la UJC y quién la FEU. ¿Quién es el líder principal en una Universidad, el secretario general de la Juventud o el presidente de la FEU?
Dicho estado de cosas reinó hasta 1971, año en que desapareció la UJC-FEU.
En 1971 resurgió la FEU de cada Universidad, nació la FEU de Cuba y concluyó la tradición capitalina de ostentar la representatividad de la Federación: la FEU de Cuba satisface la necesidad de tener una dirección estudiantil nacional, máxime cuando la Universidad, con la Universalización, se acerca a todos los rincones.
El III Pleno Nacional de la UJC (1967) abrió camino a un nuevo modo de obrar: los jóvenes fueron convocados para priorizar el desarrollo económico del país, y para que, enrolados en las Columnas Juveniles Agropecuarias, se incorporaran a las labores agrícolas, sobre todo en la antigua provincia de Camagüey, extensa, despoblada, necesitada de fuerza laboral, y en la antes Isla de Pinos, afectada en junio del 66 por el paso del huracán Alma. También nacieron las Columnas Juveniles de la Construcción Ormani Arenado, que se incorporaron a obras priorizadas.
SACUDIDA DE AZÚCAR
Las Columnas Juveniles Agropecuarias y de la Construcción antecedieron a la Columna Juvenil del Centenario (CJC).
Las FAR desarrollaban con éxito en Camagüey la Operación Mambí, dedicada al avance cañero, mas para no continuar afectando la capacidad defensiva del país, Fidel y Raúl nos convocaron para reemplazar a los combatientes involucrados en ella. Bajo la consigna de «El relevo no fallará» organizamos la CJC, y esta se llamó así porque nació a los cien años del inicio de nuestras luchas por la independencia; el 3 de agosto del 68 entró en Camagüey el primer contingente; esa es la fecha de nacimiento de la CJC y también de su heredero, el Ejército Juvenil del Trabajo (EJT), que nació el mismo día, pero cinco años después. En julio del 71 ya la CJC se había convertido en la fuerza de mayor productividad en el corte de caña, y había producido 73 de los 86 héroes nacionales del trabajo condecorados ese año.
Entre 1968 y octubre del 72, usted ocuparía, simultáneamente, la jefatura de la CJC y la primera secretaría del Comité Nacional de la UJC.
La simultaneidad implicó cierta afectación al funcionamiento de la UJC: debimos atender el trabajo in situ, en Camagüey, y llegamos a tener más de 40 mil movilizados en esa provincia. Entre 1968 y 1971 integraron la CJC más de 110 mil jóvenes, dislocados tanto en el propio Camagüey como en otras regiones, incluyendo a la Isla de Pinos.
En la época de las Columnas Juveniles Agropecuarias, el deber de atenderlas era compartido por la UJC y el Ministerio de la Agricultura. Ellos se encargaban del movimiento de los columnistas, de su abastecimiento y organización laboral, y nosotros, los comités municipales y regionales de la UJC, de la movilización y la dirección política. La aparición de la CJC cambió el concepto: continuó la movilización de los jóvenes a lo largo y ancho del país, pero a través de un Estado Mayor la UJC asumió el mando y la responsabilidad total (de la CJC) y más del 80 por ciento de sus cuadros se involucraron. Fue grande la ayuda que brindó el Partido Comunista de Cuba (PCC), cientos de sus cuadros jóvenes sirvieron de jefes. Miles de desmovilizados del Servicio Militar Obligatorio se incorporaron voluntariamente en calidad de cuadros de mando y decenas de oficiales de las FAR nos dieron asesoría. Se creó un cuerpo militar, con secciones de operaciones, política, retaguardia y muchas otras, todas propias de una organización de ese tipo. No obstante, el ingreso y la permanencia eran voluntarios, y la labor política e ideológica y la ejemplaridad de los jefes, ¡decisivas! Con todo, hubo quienes se «rajaron»; las condiciones eran duras: ¡fue una prueba de fuego!
El año 70 y la zafra de los 10 millones fueron el centro de «ebullición».
Se dispuso de toda la caña necesaria, pero hubo problemas con las capacidades industriales, derivadas de fallas en las inversiones y dificultades operacionales en los centrales. Sin embargo, se impuso un récord, 8,5 millones de toneladas, la mayor producción de azúcar de caña en la historia de Cuba. Al término de la zafra se examinó el período. Una de las experiencias, la familia comunista, que integraba en algunos centros de trabajo camagüeyanos a militantes del Partido, de la UJC y dirigentes administrativos y sindicales, se eliminó. Los análisis derivaron en el proceso que restituyó y revitalizó la CTC, la FEU y el resto de las organizaciones de masas. En la educación media surgió la Federación Estudiantil de la Enseñanza Media (FEEM); dicho nacimiento tuvo lugar durante la Reunión Nacional de Educación organizada por la UJC en diciembre de 1970. Poco después, en enero de 1971, la FEEM realizó su primer Congreso.
ESTUDIOS SOBRE JUVENTUD
Usted fue ratificado por el pleno del II Congreso de la UJC (abril de 1972).
El Congreso me reeligió, y continué en la primera secretaría, y al frente de la CJC, hasta octubre, cuando pasé a ser segundo secretario del PCC en Camagüey. Entonces la provincia iba desde Jatibonico, hoy en Sancti Spíritus, hasta Amancio y Colombia, ahora en Las Tunas. De Camagüey pasé a Angola en calidad de jefe político del frente norte (1976). Después de la nueva división político-administrativa, fui primer secretario del Partido en la provincia de Ciudad de La Habana (1977-1978), y luego regresé a Angola como representante del PCC y embajador de Cuba (1979).
¿Nos ayuda a elaborar una definición de los dirigentes juveniles de su época?
A mi juicio nos caracterizamos sobre todo por el espíritu de sacrificio, la austeridad, la combatividad, la entrega, la consagración, mas pecamos de cierto extremismo y en ocasiones predominó un estilo de trabajo muy operativo, que nos robaba tiempo para leer y estudiar. Aún hoy nuestros estudiantes y jóvenes en general precisan de hábitos de lectura e investigación más sólidos. Con la idea de impulsar las investigaciones, fundamos el Centro de Estudios Sobre la Juventud. Claro, tuvimos el privilegio del magisterio de Fidel, compartimos con él la lucha diaria, y eso nos compensó. Si en esa Universidad (de La Habana) él se hizo revolucionario, también allí hizo revolucionaria a mi generación de estudiantes universitarios. Fidel y Raúl siempre han valorado en muy alto grado el papel de los jóvenes en la edificación de la nueva sociedad y el futuro de la patria, de ahí que continuamente les den prioridad al prestigio y responsabilidades de la UJC, la FEU, la FEEM, los Pioneros... Fidel ha sido un artífice en la precisión de las tareas que el país reclamó en cada momento para encomendárselas a la juventud, de modo que esta no fuera a quedarse en la añoranza del pasado, sino que fuera hija de sus obras, de su tiempo.
A lo largo de estos años, ¿cuáles obras literarias le «marcaron»? Siendo ya un «joven con madurez acumulada», ¿cuáles son sus prioridades e insatisfacciones?
Me marcaron las obras de Martí, Lenin, Marx y Engels, los Fundamentos del socialismo en Cuba, un libro esclarecedor de Blas Roca, y por supuesto Fidel. También Gabriel García Márquez, Pablo Neruda, Mario Benedetti, Ernesto Che Guevara, Ernest Hemingway, León Tolstoi y muchos otros; mi prioridad son los temas históricos, aunque es imprescindible alcanzar una cultura general integral como propugna Fidel; y mi eterna insatisfacción, ya lo decía, el no haber leído y estudiado todo lo suficiente, no solo de Historia de Cuba —es infinito lo que se aprende con ella, la fuerza moral, ética, la vida de Martí, Maceo, Gómez, Céspedes, Agramonte, Mella, Frank, José Antonio, Camilo, el Che, ellos comunican entusiasmo, ímpetu, convicción—, sino de Historia de Latinoamérica y de América: estudiamos poco sobre Washington, Jefferson, Simón Bolívar, San Martín, Antonio José de Sucre, Sandino, Hidalgo y tantos otros, la Revolución mexicana, los acontecimientos que permitieron el robo de la mitad de México por Estados Unidos o la lucha de Benito Juárez. Tampoco profundizamos suficientemente en Historia Antigua y Universal, y en las Primera y Segunda guerras mundiales. Los temas históricos son insoslayables, no pueden ser evitados ni eludidos, por eso conversé a gusto con ustedes, es decir, con los lectores de Alma Mater, los actuales estudiantes universitarios.
PRIMERA PARTE
4 DE ABRIL - SENTIDO EN SU CONTEXTO
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