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Conversación con el intelectual belga François Houtart
“LA JUVENTUD TIENE QUE TOMAR LA PALABRA”
Texto y foto: Armando Chaguaceda
y Miriela Fernández Lozano
«No se puede ser otra cosa que revolucionario» ha sentenciado un hombre que respira la experiencia de casi un siglo. Cercano a los 80 años, el intelectual belga François Houtart es un referente imprescindible cuando se esboza ese otro mundo posible. De ello da cuenta su labor como director del Centro Tricontinental y como miembro del Consejo Internacional del Fórum Social de Porto Alegre.
Su activo caminar por un horizonte alternativo le ha permitido desarrollar una prolífica obra donde resalta el papel de la sociedad civil en las luchas sociales. François Houtart es un símbolo del investigador comprometido.
Por ello, no puede decirse que ha sido traído una y otra vez a nuestro país por el azar. Largas conversaciones ha sostenido con Fidel sobre la realidad latinoamericana. Sus intervenciones en los encuentros sociales desarrollados en Cuba muestran también una actividad inagotable, puesta a disposición, ahora, del nuevo panorama que se urde en Nuestra América.
Por ello, no pudimos perder la oportunidad de abordarlo en un pasillo del Convento de Santa Clara durante el VII Taller Internacional sobre Paradigmas Emancipatorios. Este punto convergente entre reflexión y acción, que unió a movimientos sociales y académicos en un diálogo abierto sobre el presente latinoamericano, permitió enfocar los problemas que enfrentan las luchas sociales en la actualidad.
Fue, precisamente, este hombre de estatura imponente y extrema cultura, quien nos introdujo con mayor nitidez en esos desafíos, ante los cuales develó también nuestro rol como protagonistas.
¿Cuáles son hoy los puntos de desencuentro entre las luchas sociales y el poder?
En varias reuniones las organizaciones no gubernamentales han declarado la importancia del distanciamiento respecto al poder desde la perspectiva marxista. En los foros sociales, sobre todo en sus primeras ediciones, el tema del poder surgió como algo sucio, de lo cual había que desprenderse.
Esta crisis puede tener numerosas causas. En Europa, por ejemplo, tanto los liberales como los socialdemócratashan reproducido la misma política de fondo, lo que unido al fetichismo del mercado para producir la base material de la vida, ha alimentado este problema.
La instrumentalización que sufrieron los movimientos sociales a manos de los partidos políticos, la pérdida de la autonomía, así como la influencia de la corriente anarquista promovieron esta nueva concepción en torno al poder que, a partir de los escritos de John Holloway, se ha definido como «cambiar el mundo sin tomar el poder». Los nuevos movimientos sociales (ecologistas, feministas y jóvenes, entre otros) se han erigido sobre esta concepción. Sin embargo, nuevos problemas se han derivado deesta situación.
Una de las contradicciones del foro social es que los partidos pueden intercambiar con otros movimientos, pero les prohíben la participación en los aspectos organizativos. El Foro de Caracas resultó un paso de avance hacia la construcción unida, y la edificación de actores colectivos. Iniciativas como la Campaña contra el ALCA que reúne una gran diversidad de sujetos y posibilita acciones conjuntas debieran implementarse. Eso es hoy un desafío.
¿Cómo valora el papel de los gobiernos progresistas en el contexto latinoamericano con respecto a los movimientos sociales?
Existe gran diversidad en la relación entre gobiernos llamados progresistas y movimientos sociales. No hay una respuesta única. Sin embargo, en un principio, los movimientos sociales deben conservar su autonomía y su poder crítico, como ocurre en Brasil con el Movimiento Sin Tierra (MST) frente al mandato de Lula. Ahí está la cuestión del voto crítico. Los movimientos sociales deben introducir metas, obtener una real comprensión y luchar por el respeto a sus intereses.
No obstante, el escenario latinoamericano ha comprobado la importancia del poder político. Una campaña educacional a nivel de país, no puede desarrollarse en ausencia del poder. Los momentos actuales requieren una toma de conciencia en este sentido.
¿Qué opina del caso específico de Cuba donde una nueva generación también pide la palabra?
En el caso de Cuba pienso que una autonomía de las organizaciones sociales es importante, no solo para proponer agendas y dar a conocer la realidad sino para permitir el ejercicio de una participación crítica, de una retroalimentación frente a un Estado poderoso que con toda buena voluntad tiende a reproducir su visión máshomogénea y estructurada eintroducirla en los más diversos escenarios sociales.
Lamentablemente los imperialistas a veces nos imponen la agenda y solo actuamos ofreciendo una respuesta sin tomar la iniciativa, y por ejemplo, a una mayor agresividad en sus actos, mediante los que esperan nuestra rendición por cansancio o desgaste económico, reaccionamos con una mayor centralización o posiciones internas un poco cerradas, que limitan el verdadero debate y la participación, con la consiguiente debilidad para el perfeccionamiento del socialismo. La juventud revolucionaria de hoy tiene que tomar la palabra.
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