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AYER Y HOY
Por Kaloian Santos Cabrera
Fotos: Kaloian y Archivos
Me atrevería a aseverar que, aun cuando no conozcamos La Habana, la mayoría de los cubanos nacidos fuera de la capital armamos desde temprano nuestros propios referentes sobre esa ciudad. Imaginamos cómo puede ser el parque Lenin, el Coppelia, el Acuario, el Zoológico, el Capitolio y hasta más. Si sumamos también que casi todos tenemos al menos un familiar residente en la gran ciudad basta para creer ese slogan de «Capital de todos los cubanos». Y no se equivocan.
De verano en verano escuché contar al tío Manolo en el portal de una casita frente a la Poza de Bartolo, pasajes de La Villa de San Cristóbal de La Habana. Sus historias recreaban la misma fundación de la Villa, las casas de la década del cincuenta en los extramuros de la ciudad y hasta esa Habana que hoy «viste lo mejor / y más coqueta que una flor/ abre sus puertas y ventanas». Es asombroso como el tío recordaba —recuerda— con soltura la arquitectura original de algunos alrededores de calles y plazas, las rutas del tranvía, la construcción del malecón o edificios ya inexistentes.
Con los años conocí la gran urbe. Ahora, por azares del buen oficio, a menudo la recorro cámara en ristre. Cuando el ajetreo del tiempo lo permite paso por casa del tío Manolo y lo convido para hablar de su ciudad. Luego, cuando posa para mí la agraciada modelo de cerca de 500 años, alcanzo a verla en dos tiempos: Mis instantáneas buscan lo que ya no está.
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