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UN LIBRO EN LA CORNISA
Por Jorge Sariol
Fotos: Nancy Reyes
Escribir un libro entraña riesgos. Cuando por fin sale a la luz, es como si se parara en una cornisa y se lanzara al vacío. Unos se desploman en el pavimento; pero los hay que planean, remontan vuelo, y como un vademécum suben y bajan, consultados y vueltos a consultar, porque en ellos hay memoria viva.
El hombre en la Cornisa —Casa Editora ABRIL, 2006―, de Hilario Rosette Silva y Julio César Guanche, pudiera ser de estos últimos. Presentado en esta XV Feria Internacional del Libro de La Habana, sus autores reúnen en un volumen varias entrevistas —publicadas durante dos lustros en la revista Alma Mater— a personalidades de la cultura cubana como Alicia Alonso, Ricardo Alarcón de Quesada, Roberto Fernández Retamar, Diosdado Pérez Franco, Natalia Bolívar y Mario Coyula, entre otros; sin embargo la presencia de la bailarina, el político, el poeta, el profesor, la etnóloga o el arquitecto no es sólo por la excelencia de sus perfiles. Es sobre todo por su compromiso —consigo mismos y con los demás— en el transcurso por esos perfiles. Así ocurre con los demás entrevistados, por demás gustadores del arte del diálogo.
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Dos extranjeros se reúnen también en la obra: Federico Mayor y Hebe de Bonafini, pero quien escribe estas líneas sabe —por el continuo hacer en el periodismo de ambos escritores— que pudieron incluirse otros más, o que bien pudieron hacerse dos textos; con los de aquí y los de allá.
El titulo de El hombre en la cornisa lo explica uno de autores: “La imagen la tomamos de Federico Mayor Zaragoza, el primer entrevistado por orden de aparición —dice Hilario Rosette—. Hacia el final del diálogo Federico nos recuerda que en la vida de los seres humanos hay muy pocas certezas (yo después aprendí que hay solo una, la de que pasaremos a mejor vida) y muchas incertidumbres, así que nuestra existencia transcurre «en la cornisa, frente a la bruma”
El saldo primero para un periodista es que las entrevistas cumplan el cometido de servir de referencia o al menos de hallazgo para el que las lea, y que el libro, desprendiéndose de la cornisa, vuele; pero Hilario confiesa otro pecado, que no todos los entrevistadores se atreven a dejar explícito: “Es difícil no emocionarse cuando uno le oye decir a Federico Mayor aquel viejo refrán, «Nunca hay buen viento para quien no sabe a donde va»; o cuando Ricardo Alarcón afirma que el hecho de que Céspedes haya liberado a los esclavos «no tiene gracia»; o cuando Alicia Alonso, sin hablar, tantea la superficie de la mesa a la que estamos sentados, para buscar y oprimir el «play» de un reloj parlante, escucha que ya es la hora, y se aplica ella misma unas gotas de colirio en sus ojos, delante de los nuestros...
“Todas estas entrevistas me dejaron como niño con zapato nuevo, las guardo como oro en paño”.
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