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Sección El Libro

 

 

LA CANCIÓN DEL SILENCIO

 

Texto y foto: Waldo González López

Los corderos del silencio (Ediciones Unión, 2006)

Una poesía distinta es la que nos ofrece en su más reciente libro Juan Bernal Echemendía, Los corderos del silencio (Ediciones Unión, 2006). Aunador de voluntades, como quería su admirado José Martí, nuestro autor, más conocido por el cariñoso Juanelo (quien además dirige la Sociedad Cultural homónima), al margen de la poesía, se ha dedicado además en su provincia natal de Sancti Spíritus al ensayo y la investigación musical (en especial, de la trova local, de la que es un especialista).

De ahí que, en tal sentido, haya publicado tres títulos esenciales: Resonancia de la trova espirituana, Razones de la ciudad que cantayDe la trova y otros cantares, en los que ha fusionado la rigurosa investigación y el sustancial ensayo. A ello se suma, otra de sus vertientes como promotor cultural: conduce desde años atrás el popular espacio La Peña de la Fuente, a la que asisten todos los que creen en el arte y crean para confirmarlo.

Durante años profesor y asesor literario, ambas tareas no serían en vano. De tales raíces, saldrían muchos ensayos, investigaciones y, por supuesto, poemas, que luego conformarían una quincena de títulos y cuyo máximo resultado en verso podemos disfrutar ahora por Ediciones Unión en su importante Colección La Rueda Dentada.

Los corderos del silencio es —para decirlo con palabras de su editor, el colegamigo Roberto Manzano— poesía de síntesis y fantasía que exige complicidad. A partir de una lograda fabulación de su querida ciudad, la heráldica tierra del Yayabo, con sus tríos y leyendas populares (a la que dedicara un ameno libro de crónicas, poco tiempo atrás, prologado por la prestigiosa profesora y ensayista María Dolores Ortiz, clásica panelista del popular programa televisivo Escriba y Lea), Juanelo, deifica una hermosa construcción imaginera, pero sustentada en un corpus de valía. Y es que, al doblar la página, hallaremos la comprobación de cuánto sirven las fabulaciones para hallar los recuerdos que queman en la memoria de Juanelo.

Estas son las voces entre fresno y delirio /
entre silencios /
detenidos /
sobre las puertas vencidas por el polvo /
y la eterna esperanza del sendero.

El autor traza una línea combinatoria entre el mundo antiguo y el contemporáneo, en especial de su propio contexto. Y de su inteligente mixtura surgen versos, analogías, intercambios y demás resultados que hacen posible este poemario disfrutable, como una lectura otra, diversa, diferente a lo que se suele publicar por las editoriales cubanas.

Y he aquí uno de los rangos distintivos de Los corderos del silencioporque, desde su título —que parafrasea el del célebre filme norteamericano El silencio de los corderos, cuya magistral actuación del genial intérprete inglés Anthny Hopkins, lo hace aún más recordable—, hasta otros recursos, nos ofrecen su fibra posmoderna, recurso que ya utilizaran narradores universales como el Gabriel García Márquez de Cien años de soledad.

Juanelo nos hace otros guiños autobiográficos en el poema VIII:
De esta ciudad /
aprendí la canción del silencio /
entre mujeres /
rumorosas como ríos /
De esta ciudad /
me queda una voz que es mi llanto /
una imagen que flota y que mebusca /
como un golpe de luz /
De esta ciudad y sus nidos /
me viene la fiebre /
esa impaciencia de tinieblas monótonas /
de lenta procesión hacia las aguas.

Odios, sangres, violencias, pero también sueños, romances, amores. Sí, en no pocos momentos aparece este sentimiento universal en muy logrados versos como estos de la segunda sección, del poema V Peregrinos:

Lejos /
dos amantes muy cerca de las aguas /
recuperan el tiempo /
la sublime violencia de sus cuerpos.

Otra característica que identifica el libro, el autor y su identidad espirituana es que muchos de los poemas están dedicados a sus colegamigos del lar natal. Así aparecen el Poeta de la Ciudad: Esbértido Rosendi, Manuel Sosa, Liudmila Quincoses y Rigoberto Rodríguez Entenza (Coco), al que dedica uno de los más certeros textos del volumen por su síntesis, «Irreversible»:

Cuando se le detuvo el corazón /
en la justa mitad /
del camino/ ya no era /
ni había tiempo de recoger del fuego /
el tul de la bailarina /
ni el plomo gris del soldadito.

El discurso lírico va creciendo, como en oleadas expansivas, a medida que avanzamos en la atenta lectura. De tal suerte, nos percatamos que, desde la sección «Memoria III» hasta «Primera fábula en una ciudad de dos», el poeta ya ha ido ganando en mayor entereza poética, al punto de a estas alturas tiene conquistado al lector, sometido a sus convincentes versos.

Y justamente «Memoria III», se inicia con uno de los mayores poemas del libro, «Fayad», donde Juanelo homenajea al notable integrante de la denominada Generación de los Años Cincuenta: Fayad Jamís, quien si bien vivió durante su primera juventud en Guayos (Sancti Spíritus), luego, ya en la madurez, volvía cada tanto a esa tierra de poetas, con algunos de los cuales mantuvo fieles vínculos.

En consecuencia, utilizando palabras y elementos de la poética fayadiana, Juanelo escribe: 

El poeta acerca la calle a su nostalgia /
breve fuego del recuerdo /
nave incorpórea en viaje hacia el final /
y los orígenes /
[…]El poeta es nostalgia y fuego /
viajero rumbo al alba /
donde el vagabundo inicia /
la cuenta de sus pasos

Al concluir la serena lectura de Los corderos del silencio, debemos convenir en que estamos ante una buena muestra de una poesía no común entre lo publicado entre nosotros, y de excelencias.

Por aquí anda otra de las ganancias de este volumen de muy buena poesía. Y ello — que no es poco en los tiempos que corren, cuando en ocasiones se publica lo supuestamente «nuevo y raro», otra cara de lo epatante— dice mucho del autor y de su más reciente libro, por lo que lo felicitamos tanto como a Ediciones Unión.

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Actualizada: 15 de junio/2007

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