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CÓMO NARRAR EL 10 DE OCTUBRE


Por Jesús Arencibia

Museo y Monumento Nacional La Demajagua
Foto: Joseph Ros
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Es un día cualquiera en La Demajagua y ante el grupo de curiosos visitantes comienza otra vez el ritual del 10 de Octubre. El Historiador echa a andar la rueda inmóvil de la memoria y teje con palabras las escenas de la epopeya… «Aquella mañana las máquinas quedaron mudas. Allá estaban los barracones de los esclavos; de los que serían esclavos hasta las 10 en punto. Entonces Céspedes salió al portal de su vivienda, dio la orden y la campana tocó. Cuando terminó el último eco, el «pleitista bayamés» arengó a la tropa: «Ciudadanos: Este sol que veis alzarse por la cumbre del  Turquino viene a alumbrarnos el primer día de la libertad e independencia para Cuba» …Entre hombres libres, minutos después, la bandera se izó tan alto como los gritos de ¡viva!...   

Foto: Jesús Arencibia

A primera vista llama la atención su estatura pequeña, su ropa humilde y su mirada honda. Por los ademanes, parece un campesino de los alrededores. Pero una vez que comienza a pintar el pasado, nadie duda de que César Martín García es uno de esos estudiosos de la historia que transmite con embrujo la fuerza de los símbolos.

Antes de llegar al Museo y Monumento Nacional La Demajagua, en 1985, fue aprendiz y especialista en tantos oficios que apenas si tuvo tiempo de tomar una libreta. Quinto hijo de una familia manzanillera que tuvo 10, lo primero que hizo fue limpiar zapatos. Después, en 1967, integró las Columnas Juveniles Agropecuarias, que, entre otras cosas, preparaban viveros para los cafetales. Ejerció como «Instrumentalista Montador Industrial», radiotelegrafista y, más tarde, empleado o ejecutivo en fábricas de riego, puntos de control de vehículos, departamentos de lavandería y costura… En fin, «nada que tuviera que ver con la intelectualidad».

Entonces llegó como administrador a un legendario sitio, inexplicablemente poco atendido: la finca donde Carlos Manuel de Céspedes inició la Revolución cubana. «Tenía la sala del Museo un montaje primigenio que no se renovaba desde 1968. Estaba cargada de textos con una muestra expositiva de objetos, concentrados todos en una sola vitrina. No había un control total de los bienes museables. El sistema de iluminación, recargado de bombillos incandescentes, estaba abandonado. El techo con goteras. Los exteriores con la hierba altísima y sin cerca perimetral…»

Comenzó para él la tarea de aprender toda la leyenda que albergaba aquel espacio e imponer un orden y mantenimiento que lo dignificara. «Mis estudios no rebasaban el 12mo grado y de Céspedes sabía lo elemental».

Por eso leyó, leyó y en su ratos libres, también leyó. Empezó a servir de guía a quienes visitaban el lugar y era tal su dominio del tema que un día los viceministros de Educación y Salud Pública, luego de escucharle, se asombraron de que no fuera licenciado. «¿Te gustaría estudiar una carrera universitaria?» «Vaya, eso sería cumplir el sueño de mi vida.

«Hice los exámenes, y a pesar del tiempo que llevaba sin revisar materias, saqué buena nota en Matemática, Español e Historia. En septiembre del año 89 comencé a estudiar Filología, que fue lo que me llegó. En ese año también pude tener mi único hijo, luego de tres pérdidas. Entre gritos, pañales, sin desatender mi trabajo y pasándome las madrugadas enteras estudiando, logré avanzar. En pleno Período Especial. Sin transporte, con alimentación deficiente, pero sin dejar de ir a los encuentros. Fui al final el primer expediente del grupo del dirigido con 4.1 y una tesis de 5».

Después de eso, César ha recibido en el museo a ministros, artistas famosos, científicos, generales, personalidades del mundo entero. Cada vez ha logrado conectarlos con el pasado de una manera más expedita. Muchos, por la buena impresión, han decidido repetir el recorrido.

Tal vez de todas las anécdotas con visitantes la que más recuerde sea la que le sucedió con Abel Prieto, el ministro de Cultura, quien lo visitó al frente de una delegación de artistas y escritores entre los que había varios premios nacionales de Literatura y Artes Plásticas. Era el 29 de marzo de 2002.  

Museo y Monumento Nacional La Demajagua
Foto: Joseph Ros
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«Todos, especialmente Abel, escucharon atentos la explicación. Después, cuando muchos me felicitaron él dijo: “Bueno, César, qué ropa llevaba puesta Céspedes en el momento de su muerte…” «Un pantalón de casimir oscuro y un chaleco color azul punzó, Ministro. Este  vestuario se lo había puesto a las 10:00 de la mañana, después de haberse dado el último baño de su vida. Se estaba estrenando aquella ropa. Murió cerca de las 11:00.

«Abel amenazó con seguir preguntando, pero terminó sonriendo. Me dio un abrazo y me invitó a sumarme a su grupo en un recorrido histórico por Manzanillo».

¿Qué es lo que más admira en Céspedes?
— Su valor y desinterés para hacer lo que nadie había hecho justo en el momento en que el país lo necesitaba.

¿Qué momento de su vida lo define mejor?
—Son muchos. Además del levantamiento, la entrega de su hijo Oscar y la aceptación serena de su injusta destitución, hay uno particularmente inmenso. Diez días antes de su caída, mientras hacía una visita y saludaba a varias señoras de su clase, una esclava llamada Brígida comienza a llamarlo en su jerga: «Misu Amo, misu Presidente…». Él se vira y le dice: «Brígida: yo no soy tu amo; yo no soy tu Presidente. Yo soy tu amigo».

¿Si tuviera que criticarle algo…?
—Le criticaría el no haber convocado a un levantamiento armado después de su destitución. Pero bueno, esa es otra prueba más de su talla. «Por mí no se derramará sangre en Cuba», dijo.

De tanto mito que encierra este lugar, ¿cuáles son los símbolos imprescindibles?
—Son cuatro. El jagüey con las ruedas de las máquinas de vapor insertadas, la bandera del 10 de Octubre, la campana del ingenio y La marcha de Manzanillo —himno que escribió Carlos Manuel el 4 de octubre del 68—. Dicen algunos que el jagüey (Ficus crasinervia) significa traición porque permite que a su alrededor se desarrolle otro árbol y cuando este crece, con sus raíces lo aprisiona y lo mata. Sin embargo este jagüey de La Demajagua, sin que nadie lo plantara, algunos años después de destruida la finca nació y se encargó de aprisionar para la historia las ruinas del ingenio —las ruedas voladora y dentada, la chumacera y partes de elementos constructivos—. El que estaba originalmente murió. Lo sustituyó el actual y ahora hay un tercero recién nacido. Se han relevado para abrazar eternamente la memoria.

Museo y Monumento Nacional La Demajagua
Foto: Joseph Ros
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La Campana, mandada a tocar por Carlos Manuel, dio el sonido definitivo para prender la llama insurrecta. Después del último repique de aquel día, el abogado bayamés convocó a blancos y negros a compartir sacrificios y guerra por Cuba. En el año 47 Fidel vino por ella, para salvarla de ser usada en politiquerismos durante el régimen de Grau. Después, ha acompañado procesos trascendentales de nuestra Revolución como el V Congreso de la UJC, en abril del 87; el IV Congreso del Partido en el 91, o la Sesión Extraordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular el 24 de febrero de 1995.

En cuanto a la bandera: fue confeccionada el 9 de octubre de 1868 por Candelaria Acosta Fontaine. Al otro día, a las 10:00 a.m. se izó en las manos de Emilio Tamayo, abanderado designado por el Céspedes. El fin era hacer jurar a todos los complotados para ir, según las palabras del bayamés «al cadalso o a la Gloria, por la libertad y por la independencia de la Patria». Después de jurar por ella, los hombres fueron con confianza a morir por sus colores. 

De La marcha de Manzanillo, basta decir que fue la única pieza de su tipo compuesta por el culto jurista. Con ella, si se cumplían las intenciones de tomar la plaza manzanillera, todas las fuerzas entonarían el grito rebelde: …«Ese astro bello que rutilante/ en la risueña mañana asoma/ sobre la cima de la alta loma,/ Ese es el sol de la libertad…».

Es un día cualquiera en La Demajagua y ante el silencio admirado de los visitantes el Historiador nos regresa a todos de 1868. «…Una semana después del alzamiento, el cañonero español Neptuno se posicionó allá, frente a nosotros, y empezó a bombardear la Historia. Pero ya era imposible detener la chispa. En esta finca, todos los días, comienza a andar la nación cubana».                                

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Actualizada: 8 de octubre/2007

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