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VERANO SIN ADICCIONES
Por Eiry Rodríguez
Foto: Abel Ernesto
Pareces desquiciado o deprimido. Puedes ser violento o
suicida. Ríes sin motivo aparente o
desfalleces cada segundo. He aquí algunos de los matices
que te darán las drogas.
Con la llegada del verano, fiestas, centros recreativos, conciertos, y campismos se tornan paisajes muy frecuentados por nuestros jóvenes. La etapa difícil en que la prioridad es estudiar y obtener buenas notas ha culminado. Julio y agosto, significan para muchos, esparcimiento y disfrute del tiempo libre.
Esta motivación es válida, sin embargo; buscando pasarla bien siempre se encuentran atajos que pueden perderte.
La sociedad monopolizada que vivimos está llena de vericuetos que conducen a caminos peligrosos. Unos obran con inteligencia y acierto, y voltean el rostro. Otros extienden la mano sin sospechar que pueden caer para siempre.
Los medios de comunicación, el cine y la música internacional ilustran, en muchas ocasiones, algunas costumbres que en otros sitios del planeta son permisibles, comprensibles y hasta de “buena onda”.
Nuestra pequeña isla no está exenta de estos efluvios. Estas conductas han comenzado a practicarse por algunos grupos sociales cubanos, incluso cuando el gobierno y las autoridades hacen esfuerzos extraordinarios para prevenirlas y combatirlas.
El problema que hasta hace un tiempo no se asumía, se hace cada vez más abordable por nuestros medios y especialistas. Y es que, aunque hace algún tiempo muy pocos podíamos dar fe de algún caso concreto, hoy día se oye hablar, con más frecuencia, de algún amigo, conocido o familiar que CONSUME DROGAS.
Las causas de iniciación pueden ser diversas. Necesidad de aceptación en el grupo, deseos de escapar de la realidad, procuración del “placer” o simple curiosidad y anhelos de experimentación, pueden llevar a un joven a los brazos del abismo.
Estos conflictos originarios que los impulsan a “comenzar”, se transforman muy pronto en decenas de otros, más letales, desmoralizantes y angustiadores.
Un adicto siempre tiene problemas con la familia, los amigos y la salud, bajo rendimiento intelectual y físico, carencias económicas, propensión a cometer delitos, e incluso a suicidarse.
Los programas de rehabilitación pueden ayudarte a ser de nuevo “persona”, pero no es preciso llegar a este punto. El primer paso para no fallar puede ser la información y el conocimiento.
Si aprendemos el verdadero concepto de diversión, si potenciamos los espacios de recreación sana, si nos damos cuenta de que los pequeños placeres son los que verdaderamente nos hacen dichosos, seremos capaces de decir NO a las adicciones sin remordimientos ni rubores.
La droga te hace viajar, sí, pero al lugar donde te lleva no existe la libertad, la salud, ni el bienestar.
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