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Este 20 de abril los universitarios cubanos recordaron el aniversario 50 de la masacre de Humboldt -7. Alma Mater también rinde homenaje a aquellos jóvenes que soñaron una Cuba libre. |
LOS ÚLTIMOS DÍAS DE LOS MÁRTIRES
Por Elio Delgado
Fotos: Revista Bohemia
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Edificio Humboldt 7 |
El día 14 de abril de 1957, Julio García Oliveras recoge a Juan Pedro Carbó Serviá y a José Machado (Machadito) en una vivienda de la calle Aramburu y los lleva para la casa de la calle General Lee, donde se reúnen de nuevo con Fructuoso.
Esa casa se consideraba muy segura, pues solo la conocían Mery Pumpido y su hermana, que la alquilaron, y una compañera que iba a llevarles la comida. Sin embargo, nadie les explicó a los compañeros que en ese barrio había guardajurados nocturnos, que daban vueltas por la zona para evitar los robos.
El día 16 tuvieron una reunión en esta casa en la que participaron Fructuoso, Juan Pedro, Machadito, Faure Chomón, Julio García, Enrique Rodríguez-Loeches y Tony Castell. En esa reunión se analizaron la situación de seguridad de los compañeros y los pasos a dar en el futuro inmediato. La posibilidad de que algunos compañeros se asilaran para después incorporarse a la lucha en otro escenario, también fue analizada. Fructuoso planteó una vez más que él no se iría de La Habana hasta que dejara a todos los compañeros seguros, que esa era su responsabilidad y la cumpliría hasta el final.
Terminada la reunión, todos comieron sentados en el piso y a la luz de unas velas, una comida preparada por Mirtha, la novia de Machadito. Después, se retiraron todos y quedaron solos Fructuoso, Juan Pedro y Machadito.
Como a las dos de la mañana, uno de ellos miró por una ventana y vio a un guardajurado alumbrando con su linterna las ventanas de las casas y, luego, una perseguidora de la policía, que también había estado por allí la noche antes, se paró frente a la ventana y los policías hablaron con el guardajurado. Este último miró hacia la casa y los tres compañeros creyeron que estaban siendo delatados. Los nervios los traicionaron. De común acuerdo, se vistieron y salieron a la calle.
A esa hora de la madrugada, los pocos ómnibus que circulaban iban vacíos. Subieron a uno y se sentaron en los asientos del fondo para tener más visibilidad. Dos o tres paradas más adelante subió un policía, dio un vistazo y se sentó. Los tres estaban tensos; listos para resistir cualquier intento del policía. Dos paradas después, el policía se bajó. Se aflojaron las tensiones. Subieron y bajaron algunos pasajeros, pero al parecer, nadie se fijó mucho en ellos.
Machadito tenía una llave, para un caso de emergencia, de una casa situada en Zapata y dos, en el Vedado. Se bajaron del ómnibus y se dirigieron a esa casa. Eran cerca de las tres de la mañana y las calles estaban desiertas. Entraron y se acomodaron como pudieron para descansar un rato. Allí no tenían condiciones para permanecer. Esa era solo una casa para esconderse en caso de emergencia.
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| Fructuoso |
Según algunos testimonios, ese día se trasladaron para una casa en la calle 30, entre 35 y Kohly, en Alturas del Vedado, pero allí tampoco podían permanecer.
Machadito le envió una nota a Osmel Francis, en la que le pedía que le hiciera las gestiones para casarse con Mirtha y le viera la posibilidad de asilarse en una embajada. Le dice en la nota que ha estado tratando de convencer a Juan Pedro para salir al exilio, pero que Juan Pedro no quiere.
El jueves 18 hicieron contacto con un compañero que era conserje en el Colegio Farmacéutico, en Malecón, entre Galiano y San Nicolás. Como era Semana Santa, el lugar estaba cerrado y el conserje les dijo que podían esconderse allí hasta el fin de semana.
Se trasladaron hacia el Colegio Farmacéutico con la idea de permanecer allí hasta el domingo 21. Pero el viernes entró al local un sobrino del conserje y vio allí a los tres compañeros. Ellos se quedaron preocupados por una posible delación y decidieron que no podían permanecer en el lugar.
Ese día, por la noche, Faure decide ir a casa de Ricardo Bianchi, un tío de José Antonio, que vivía en la calle 19 de Mayo y a quien no habían visitado después de la muerte del querido dirigente.
Julio García Oliveras deja a Faure en casa de Ricardo y sigue a recoger a los tres compañeros en el Colegio Farmacéutico para trasladarlos alapartamento de la calle Humboldt número siete.
Julio los recoge y se dirige a Humboldt, pero al llegar al lugar hay un carro de la policía estacionado frente al edificio y tiene que seguir. Julio dio una vuelta y cuando se acercó de nuevo al lugar, el carro seguía allí, por lo que decide ir con los tres compañeros hasta donde está Faure. Allí discuten la situación. Faure les dice que no le gusta ese apartamento y les plantea ir de nuevo para el sótano de la calle 19.
Finalmente acuerdan ir todos para Humboldt siete y trasladar las armas para tener con qué defenderse.
Pasadas las doce de la noche, Julio regresa con los tres compañeros hasta Humboldt siete, donde los esperaba Joe, acompañado por Marcos Rodríguez, conocido por Marquitos.
Esa noche Joe fue para casa de su novia, donde estaba parando por esos días y acordó venir al día siguiente. Marquitos también se marchó y quedaron solos Fructuoso, Juan Pedro y Machadito.
El sábado 20 por la tarde, tendrían una reunión en el apartamento de Humboldt siete, para analizar la situación y tomar decisiones.
Después de almuerzo, la novia de Joe lo llevó en su maquinita hasta Malecón y Humboldt y siguió para La Habana a hacer unas compras. Joe se reunió con los tres compañeros en el apartamento a donde se esperaba que también acudieran Faure Chomón, Julio García Oliveras y Mery Pumpido, para asistir a la reunión.
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Echeverría y Fructuoso |
Fructuoso, Juan Pedro, Machadito y Joe permanecieron toda la tarde en el apartamento 201 de Humboldt siete, en espera del resto de los compañeros.
Julio García debía ir a Nicanor del Campo a recoger a Faure y luego pasar por el sótano de la calle 19, donde los esperaba Mery para ir a la reunión. Pero Julio, que estaba agotado, pues apenas había dormido la noche anterior, se tiró en la cama y se quedó dormido, por lo que no pudo ir a buscar a Faure, quien al ver la demora, cogió una máquina de alquiler y vino para el sótano de la calle 19. Al llegar, se encontró con Mery que esperaba cerca de allí en una parada de ómnibus. En el sótano esperaron la llegada de Julio, que era quien debía llevarlos para Humboldt siete; pero Julio no llegó y decidieron regresar para sus casas. Tomaron una máquina de alquiler y allí se enteraron de la noticia de que habían muerto en Humboldt siete, Fructuoso, Juan Pedro, Machadito y otro de quien no se daba el nombre. Pensaron que podría ser Julio. Después supieron que era Joe Westbrook.
LA TRAICIÓN
Marcos Rodríguez pensó que en el apartamento de Humboldt siete solo estarían escondidos Fructuoso, Juan Pedro y Machadito, con quienes tenía malas relaciones. Él no sabía que su amigo Joe estaría también allí, ni que había planificada una reunión para la tarde del sábado. Una llamada telefónica a una conocida suya que era amante de Esteban Ventura, uno de los más temidos jefes policíacos de La Habana, y ya estaba consumada la traición.
Poco después de las cinco de la tarde, los cuatro jóvenes conversan en voz baja, ajenos a lo que pasa en la calle. No sospechan siquiera que toda la manzana ha sido rodeada y que sigilosamente, con la rapidez de las hienas en busca de sangre, los esbirros de Ventura suben las escaleras del edificio.
Cuando alcanzan el segundo piso, van directamente hacia el apartamento 201 y comienzan a derribar la puerta a culatazos.
Joe Westbrook buscó refugio en un apartamento de los bajos, donde vivía una anciana, quien dijo a la policía que era un sobrino de ella; pero de nada valieron las súplicas de la anciana. Al pie de la escalera, fue atravesado por una descarga de ametralladora y murió instantáneamente.
Juan Pedro descendió por el respiradero del edificio hasta el piso inferior, y cuando trataba de tomar el elevador fue ametrallado a mansalva. Todo su cuerpo quedó acribillado a balazos.
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| Fructuoso y Echeverría |
Fructuoso y Machadito también descendieron hasta el piso inferior y desde allí se lanzaron por una ventana hasta un pasillo de la planta baja, pero estaba cerrado por una reja. Fructuoso recibió un fuerte golpe que lo dejó seminconsciente y Machadito se fracturó los tobillos, de manera que no se podían mover. De esa forma: indefensos en el suelo, desarmados, ambos fueron ametrallados y luego rematados fríamente.
Los cuatro fueron arrastrados por el pelo, desde el lugar donde resultaron asesinados hasta la acera de frente al edificio, y luego, en la misma forma, hasta la esquina, donde los tiraron sobre un camión. Todo esto en medio de las protestas y lamentos de los vecinos desde los balcones de la cuadra, que fueron acallados con ráfagas de ametralladora tiradas al aire como advertencia.
Este era el ambiente que se vivía en Cuba en la época de la tiranía batistiana, apoyada y sostenida por el gobierno norteamericano, al igual que lo hicieron con el resto de las tiranías de América Latina, que tantos miles de muertos y desaparecidos costaron a los pueblos, sin que nadie denunciara una violación de los derechos humanos.
El sepelio de las víctimas de este horrendo crimen resultó una inmensa manifestación de duelo popular, sin que la policía se atreviera a intervenir. Pero la sangre derramada no fue en vano, cada acción, cada asesinato de jóvenes inocentes fue un peldaño más en el difícil camino hacia el triunfo revolucionario del Primero de enero de 1959. Otros jóvenes pudieron salir de La Habana por diversas vías y se incorporaron a la lucha en las montañas, desde donde regresaron victoriosos para seguir la Revolución.
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