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EVOCACIÓN   A   RAÚL ROA

Por  Hilda  Berdayes  García
Foto: Cortesía del entrevistado

Raúl Roa

Profesor Titular de la Universidad de La Habana y presidente de la cátedra José Antonio Echeverría en ese alto centro docente, Juan Nuiry Sánchez tuvo el privilegio de conocer de cerca y tratar estrechamente a Raúl Roa García.

Primero, como alumno de la Facultad de Ciencias Sociales y Derecho Público,  donde Roa fungía como profesor y decano. Luego, al asumir Nuiry diversas responsabilidades en su Facultad y dentro del ejecutivo de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) —junto a José Antonio Echeverría, Fructuoso Rodríguez, René Anillo y otros líderes universitarios— en aquellos difíciles y heroicos años del combate estudiantil contra la dictadura de Fulgencio Batista, en que también brillaron las enseñanzas de tan excepcional maestro y el ejemplo del intelectual revolucionario que siempre fue Raúl Roa.

Hoy, cuando conmemoraremos el próximo 18 de abril el centenario del natalicio de Roa, el otrora alumno, Juan Nuiry, nos conduce a través de los recuerdos y evoca algunas facetas de tan querido y carismático profesor.

Cómo podría trasladar a la nueva generación la imagen que conservo de Raúl Roa, del profesor ameno, culto y alejado de todo formalismo, cómo fue su existencia, consecuente con su fecunda manera de ser, pues el hombre es su estilo… Entre muchos recuerdos guardo los de aquel profesor flaco y nervioso, con un montón de libros bajo el brazo —del sobaco, como él decía— caminando ágil o sentado en un banco de la Plaza Cadenas hablando con elocuente verbo, contando anécdotas, siempre rodeado de estudiantes que lo escuchaban con entusiasmo, sin más protocolo que su prestigio.
   
A través de estas charlas —explica Nuiry— conocí por primera vez del mentor argentino José Ingenieros y de la epopeya de Augusto César Sandino; le escuché hablar con pasión sobre Julio Antonio Mella —a quien conoce  y admira, siendo aún Roa bachiller—, de Pablo de la Torriente Brau, amigo y compañero de luchas, de Rubén Martínez Villena, Rafael Trejo y Gabriel Barceló; elogiar al destacado poeta venezolano Andrés Eloy Blanco, a Manuel Sanguily, Enrique José Varona y Carlos Mariátegui; destripar sin piedad la Enmienda Platt, crucificar a tránsfugas, farsantes y politiqueros y su irreductible posición contra el «bonche» o gansterismo universitario…

¿Dadas su singular personalidad y vasta cultura, podemos afirmar que Roa era un profesor fuera de serie, que rompía los esquemas docentes de la época en cuanto a las relaciones maestro-alumno?
   
Sí —afirma— Raúl Roa no era hombre de poses. Era ameno, sencillo, tanto en el trato personal como en la cátedra. A sus clases asistían también alumnos de otras facultades, entre ellos el propio José Antonio Echeverría, estudiante de Arquitectura, quien siempre le profesó al maestro gran estimación, respeto y admiración. Roa hacía gala de su formación cultural, sus conocimientos y afilado ingenio, de una cubanía extraordinaria. Él mismo define ese estilo pedagógico y, permíteme citarlo con sus propias palabras:
   
«Creo sobremanera provechoso que la enseñanza se administre con la activa participación del estudiante. Hacer útil, vivaz, coloquial y alegre la tarea de aprender ha sido mi céntrica preocupación. Ni vacuas solemnidades, ni distanciamientos filisteos. Jamás, afortunadamente, he sentido proclividad alguna por los obsoletos rituales de la pedantería académica. El profesor debe producirse en su oficio con la propia naturalidad del pez en el agua.»
   
Quiero referirme también a cómo Roa podía utilizar la jerga popular con palabras que debían buscarse en el diccionario de su amplia gama de vocablos, pero comprensibles y directos en su certera y combativa artillería. Raúl Roa García fue siempre un intelectual comprometido, desde sus inicios como dirigente estudiantil, como profesor y decano, periodista, escritor y como hombre destacado de la cultura cubana.
   
De alumno usted va estrechando sus vínculos con Roa y su propia familia. ¿Cómo transcurre este acercamiento?
    
Efectivamente, de discípulo de Roa yo paso a ser amigo y compañero de luchas de la familia Roa-Kourí. En el curso 1951-52 ingreso en la Facultad de Ciencias Sociales y Derecho Público. Roa, además de profesor, era también Decano de esa Facultad. Con el golpe del 10 de marzo de 1952, perpetrado por Fulgencio Batista, el movimiento estudiantil liderado por la FEU se pronuncia de inmediato contra esta violación de los derechos constitucionales y comienza la lucha contra la dictadura a la que me vinculo, al igual que muchos profesores de estirpe revolucionaria como el propio Roa. En este sentido expresó sobre el golpe del 10 de marzo:
 
«En el año del Cincuentenario de la fundación de la República y en víspera de los comicios generales, un golpe militar nos ha retrotraído a tiempos que parecían trasmontados. No puede ser más dramático el cuadro. (…)  La Bicentenaria institución —reservorio de la alta cultura y baluarte irreductible de la dignidad nacional—  ha estado siempre en su puesto de combate en la coyuntura crítica de la Patria. No podría dejar de ocuparlo en estas difíciles circunstancias.»
   
En esa lucha —prosigue Nuiry— el año 1953 es pleno de conmemoraciones y sucesos. Se produce en enero la Marcha de las Antorchas para celebrar el centenario del natalicio de José Martí; cae herido grave y muere el estudiante Rubén Batista Rubio, primer mártir de esa generación; Fidel Castro dirige el asalto al Cuartel Moncada, al que sigue una ola de represiones y asesinatos por parte de la dictadura; en noviembre es ultimado Mario Fortuna, combatiente contra la dictadura de Gerardo Machado y opositor de Batista, estrechamente vinculado a Roa…
  
¿Es entonces que Roa debe marchar al exilio?
  
Así es. Peligra su vida y se asila en México, donde trabaja y combate. Antes, dirige una carta al rector Clemente Inclán y al Consejo Universitario, al cual pertenecía, para explicar a sus compañeros las razones de su exilio. Pero se mantiene al día sobre los problemas del país. Te pongo un ejemplo. En febrero de 1955 resulto electo presidente de la Asociación de Estudiantes de Ciencias Sociales. Roa me envía desde México un telegrama de felicitación, que conservo con emocionado recuerdo, y donde decía: Felicítole exaltación presidencia escuela renovando fe juventud universitaria y destino de Cuba. Saludo Raúl Roa.
 
¿Cuándo regresa Roa?
   
En ese año 1955, cuando la presión de estudiantes, obreros, asociaciones y pueblo, en general, obliga a la dictadura batistiana promulgar la amnistía para los presos políticos y los exilados. Raúl Roa regresa nueve días después de afirmada la ley, y reasume sus cargos en la Universidad de La Habana, en tanto Fidel y los combatientes del Moncada son liberados del presidio de la Isla de Pinos, hoy Isla de la Juventud.

Con su regreso prosigue nuestra relación y muchas son las vivencias de aquel vínculo entre el decano Roa y yo, como presidente de la Asociación de Estudiantes. Raúl Roa Kourí, su hijo, formaba parte de nuestra candidatura en la agrupación Manicatos de la Facultad de Ciencias Sociales, y también en la dirección de Cultura de la FEU, lo que me permitió estrechar aún más los lazos con la familia Roa-Kourí.
    
Aquí es necesario hacer un alto —enfatiza Juan Nuiry—, pues no se puede hablar de Raúl Roa sin destacar la personalidad de la doctora Ada Kourí, quien no solo fue su compañera en la vida, sino también una destacada combatiente y distinguida profesional. Luego de los sucesos del 13 de Marzo de 1957 —donde participé en el comando que apoyó a Echeverría en el asalto a la emisora Radio Reloj—, Roa y Ada estaban entre las pocas personas que conocían mi oculto paradero y fue, precisamente, la doctora Kourí quien me trasladó hacia la embajada de México, en aquellos difíciles momentos.
  
¿Cómo podría definir usted la personalidad de Roa, si es posible resumir en unas pocas frases una vida tan rica, y la vigencia de su pensamiento y ejemplo para las nuevas generaciones?
   
Mira, si se tiene en cuenta el tiempo transcurrido desde su desaparición física aquel martes 6 de julio de 1982, su presencia me parece más cercana, más actual. De Raúl Roa se podría decir lo mismo que él expresó, emocionado, el 19 de noviembre de 1933, al despedir el duelo ante el sepulcro del insigne maestro Enrique José Varona: «Quien fue leal a su tiempo, quien lo vivió y lo sintió entrañablemente, será de todos los tiempos.»


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Actualizada: 13 de abril/2007

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