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RAUL ROA, EL HOMBRE Y SU ESTILO
Por Hilda Berdayes
Fotos: Abel Ernesto
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| Víctor Casaus, investigador y presidente del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau |
Trascender no era su propósito. Modestia, sencillez, un fuerte y personalísimo criterio propio y el coraje de expresarlo sin eufemismos, marcó para siempre el sello de una de las figuras más sobresalientes de la historia y cultura cubanas: Raúl Roa. Hoy, a un siglo de su nacimiento, que se cumple el 18 de abril, antiguos alumnos, investigadores, profesores y jóvenes estudiantes de la Universidad de La Habana compartieron un conversatorio sobre la vida y obra de este destacado intelectual cubano que se celebró en el anfiteatro Manuel Sanguily de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana.
Presidido por Rubén Zardolla, rector de la Universidad de La Habana y Juan Nuiry, presidente de la cátedra José Antonio Echeverría, se contó con los criterios de la doctora Ana Cairo Ballester, profesora e investigadora; de Víctor Casaus, escritor y presidente del Centro Cultural Pablo de la Torriente y Raúl Roa Kourí, hijo y embajador de Cuba ante la Santa Sede.
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Doctora Ana Cairo Ballester
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En su intervención la doctora Cairo se refirió a la trayectoria del Roa estudiante, profesor, decano y luchador revolucionario y de su excepcional calidad como escritor vanguardista. “Roa vivió la universidad de su tiempo ─dijo─, fue un cronista de su época, del acontecer universitario, un combatiente escritor y un escritor combatiente, como su abuelo Ramón Roa, y también un autor imprescindible para entender la historia de la Universidad de La Habana en la época de la lucha contra el dictador Gerardo Machado y las etapas posteriores.”
A la entrañable amistad que unió a Roa con Pablo de la Torriente y la identificación de ambos con los principios de la lucha revolucionaria se refirió el investigador Víctor Casaus: “Pablo y Roa fueron hermanos de luchas y sueños. Vivieron la posibilidad de la revolución de 1930 que se fue a bolina, según esa frase memorable de Roa que da título a una de sus obras.” Casaus también abordó su gran maestría como escritor, si bien él mismo no se consideraba como tal, así como las publicaciones y trabajos que dedicó a la figura de su querido compañero Pablo de la Torriente. Por su parte Nuiry, presidente de la cátedra José Antonio Echeverría, calificó a Raúl Roa como intelectual comprometido, martiano y antimperialista, que nunca traicionó sus principios y subrayó: “La Universidad de La Habana lo recordará siempre como un hijo ilustre. El hombre es su estilo y Roa fue siempre Roa.”
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De izquierda a derecha, Rubén Zardolla, rector de la Universidad de La Habana; Juan Nuiry, presidente de la cátedra José Antonio Echeverría y Raúl Roa Kourí, embajador ante la Santa Sede |
En torno a los recuerdos de la infancia, del hombre y el padre habló su hijo, Raúl Roa Kourí: “He venido directamente desde la Santa Sede para participar en estos homenajes por el centenario del natalicio de mi padre. Para mí ha sido muy emotivo este reencuentro con algunos de sus amigos y condiscípulos y amigos propios. Nuestras relaciones no sólo fueron las normales entre padre e hijo. Fue también maestro, amigo, compañero y paradigma de la ética. Cuando nací él se encontraba exilado en los Estados Unidos. Mi madre, Ada Kourí, que solo tenía 19 años y aún no era doctora, estaba con él, pero vino para acá, ya que querían que yo fuera cubano de nacimiento.
“Recuerdo que mientras fui muy pequeño no me hizo mucho caso, pero cuando crecí y comencé a tener alguna capacidad pensante, disfrutaba paseando conmigo hasta el malecón habanero para ver los barcos. Ya con 11 o 12 años lo acompañaba a la universidad y después íbamos a recorrer librerías donde comprábamos “de fiado”, es decir, pagando poco a poco las facturas, a medida que podía, porque el sueldo de profesor universitario no le alcanzaba para adquirir todos los libros que le interesaban. Creo que al triunfo de la revolución, en 1959, todavía estaba pagando algunas de esas deudas…
“Roa me inculcó el amor por mi abuelo Ramón, que tuvo mucha influencia sobre él, aunque murió siendo mi padre un niño. Nuestras relaciones eran muy ricas porque me daba la oportunidad de participar en las conversaciones de los adultos que visitaban la casa y hacer preguntas.
Fue mi profesor en la facultad de Ciencias Sociales, donde también era decano y mi ministro cuando trabajé en relaciones exteriores. Pero siempre el mismo, tanto en la intimidad, como en la cátedra o en el ministerio. Era el carácter de siempre, de Roa, sus valores, sus enseñanzas, sus respuestas ocurrentes…”
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