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CAMPUS DE BATALLA MEDIÁTICO
Por Jorge Sariol
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Los estudiantes universitarios —lo mismo en la Argentina de la Reforma de Córdoba que en el París de mayo del 68— siempre fueron vanguardias a la hora de conquistar derechos estudiantiles y sociales, o combatir tiranos; constantemente se han ido delante aunque no siempre se comprendiera que luchar por la «libertad» —como una entelequia de la retórica—, nunca ha servido de mucho.
Por qué un grupo de universitarios venezolanos optaron por «defender» la democracia —contra un presidente constitucional— usando como estandarte un ejemplo de libertad de expresión bastante poco ortodoxa como ha sido la televisora RCTV.
¿Ingenuidad? Algunos sí, porque creyeron —y cayeron— en la trampa mediática. ¿Apoliticismo?, es improbable que uno de cada diez «protestantes» se lo crea y puedan dormir pensando que cumplieron sus deberes. ¿Habría sinceros? Naturalmente, y otorgando el beneficio de la duda, supongamos fueron los delanteros del conjunto. No estaban defendiendo solamente posiciones de clase y su futura inserción en la sociedad oligárquica; están —desde ya— en el «mercadeo» de líderes en ciernes, porque el instrumento de poder por excelencia de la oposición era mediático —lo había sido y lo va a ser por un buen tiempo.
Todos, por una u otra vía de la manipulación, han sido solo peones de una estrategia corporativa.
En Venezuela, el 80 por ciento de los canales de televisión abierta y de emisoras de radio pertenecen al sector privado; la televisión por cable y satélite, está controlada mayormente por empresas privadas. A la división corporativa empresarial pertenecen 118 periódicos nacionales y regionales. La «hegemonía mediática», no está precisamente en manos de quienes propugnan el socialismo del siglo XXI.
La libertad de prensa es en realidad libertad de empresa y esta es la carta de triunfo del neoliberalismo a pulso.
El Gobierno bolivariano en virtud del Artículo 156 de la Constitución venezolana así como de la Ley Orgánica de Telecomunicaciones —que dan al Gobierno el poder de regular el acceso a este espacio— decidió no renovar el contrato con el canal RCTV y otorgar así el espacio liberado —por definición limitado— a otro canal con el fin de democratizar los medios. RCTV no «ha dejado de emitir», es decir no ha sido cerrada y seguirá haciéndolo vía cable o satélite.
¿Por qué RCTV?, entre otros motivos porque ha dado muestras de poco sentido de la responsabilidad social antes, durante y después del muy fracasado golpe contra el presidente Hugo Chávez, hace ahora cinco años. ¿Por qué un lustro después no se renueva el permiso? Porque el Gobierno esperó pacientemente el vencimiento —aguantó el bombardeo sería más exacto—, para ofrecer una alternativa, con el canal social TVES.
¿Era inocente RCTV? El escritor venezolano Luis Britto lo sintetizó así: «predicó insistentemente una guerra civil de la que debía surgir un “gobierno de transición”; divulgó llamamientos a la sublevación militar; interfirió y cortó las transmisiones oficiales; difundió la falsa noticia de la renuncia del Presidente electo; firmó el acta constitutiva de la dictadura de Carmona; pactó con éste la entrega del órgano de control de las telecomunicaciones, exhortó a delatar a los derrocados y participó en un apagón mediático de 72 horas para ocultar la resistencia popular».
Por menos que eso —señaló tiempo después el periódico norteamericano Houston Chronicle— en Estados Unidos no hubieran durado más que unos minutos.
Tan cierto fue todo que el entonces gerente de producción de RCTV, Andrés Izarra, opuesto al golpe de Estado, dimitió inmediatamente para no convertirse en cómplice, y testimonió ante la Asamblea Nacional, haber recibido órdenes de no transmitir «ninguna información sobre Chávez, sus seguidores, ministros o cualquier otra persona que pudiera estar relacionada con él». La orden —formal— fue del director y dueño de RCTV, Marcel Granier.
No contento con lo hecho, RCTV dedicó más de dos meses a transmitir exclusivamente «llamados al derrocamiento del gobierno democrático, a la desobediencia tributaria y al sabotaje de la industria petrolera».
Pero el currículo de RCTV es más antiguo: según reconocen medios de prensa, fue cerrada varios días, en 1976, por difusión de noticias falsas; en 1980, fue lacrada durante 36 horas por «sensacionalismo»; una vez más «se fue del aire», en 1981, por «difusión de programas pornográficos» y fue condenada en 1984 por ridiculizar al presidente de la República.
Ningún demonio levantó la voz entonces. Y ahora en cambio…
Demonios desatados
El demonio desatado se fue más allá de los límites venezolanos. Reporteros Sin Fronteras (RSF) estuvo entre los más combativos críticos de la decisión, y dio a conocer un «megainforme» plagado de «nano-ideas», con el increíble título de Cierre de Radio Caracas Televisión: la consolidación de una hegemonía mediática. Sin embargo, por irse, se fue lo mismo al Parlamento brasileño que al emporio mediático español PRISA; pero antes —con la percepción de saber de una brecha— se metió en varios campus universitarios sobre todo en centros privados, en otros de profesión católica y en algunas públicas.
«Queremos democracia» y «RCTV es social», salieron a las calles a gritar unos cuantos universitarios.
Venezuela tiene una fuerte red de universidades e institutos —privados y públicos— entre los cuales se destacan la Simón Bolívar (USB), la de Los Andes (ULA), la Central de Venezuela, la Centroccidental Lisandro Alvarado (UCLA), la de Zulia (LUZ); la de Carabobo —pública, ubicada en Valencia—, la Católica Andrés Bello (UCAB), la Gran Mariscal de Ayacucho —privada, ubicada en Barcelona—, la Universidad Nacional Experimental Politécnica Antonio José de Sucre y la Universidad Nueva Esparta (UNE), por solo citar algunas de las más conocidas.
El campus de batalla no era mínimo.
Entonces surgió la idea de realizar un foro con el estudiantado universitario que quisiera ir el jueves 7 de junio a la sede de la Asamblea Nacional de Venezuela, a debatir conceptos y cuestionar decisiones. La televisión nacional se preparó para llevar a todo el país lo que se suponía iba a ser esgrima verbal de alta escuela.
Uno de los líderes de la protesta —Douglas Barrios, estudiante del octavo semestre de Economía de la Universidad Metropolitana de Caracas—, subió a la tribuna con una camiseta roja superpuesta por encima de sus indumentarias, y con un discurso escrito que dejaría atónitos a tirios y troyanos —y del que olvidaría la última parte: ¿Y qué dijo?: entre otras demandas «Exigimos que se garantice el derecho a elegir (...) porque es una decisión que debe recaer en el individuo y no en el Estado ni el Gobierno. Una vida sin elecciones sería una existencia robótica y unipolar. Soñamos con ser tomados en cuenta sin tener que estar —y con un ademán se quitó la camiseta— …uniformados. Nos retiramos. Por ahora».
Una dama escribiría luego en El Correo del Caroní on line, haberse sentido orgullosa e impresionada escuchando al estudiante: «Cada palabra fue pronunciada con una musicalidad y un ritmo, propio de quien está familiarizado con el mejor uso de nuestro idioma. El tono y la intensidad de su voz fue siempre agradable para el oyente. No hubo gritos sino leves oscilaciones, para enfatizar los elementos más sustantivos de su discurso, que por si lo anterior hubiese sido poco, fue breve y preciso».
Otra persona firmaba en el influyente El Universal on line las siguientes perlas del periodismo de opinión: «Lo que sí tenemos que destacar es que el discurso de los universitarios no oficialistas fue impecable, no llegó a cinco cuartillas en Times New Roman 12. Dijo que los estudiantes no eran socialistas, sino seres sociales». «No somos neoliberales somos seres libres. Los estudiantes no hacemos oposición, nosotros hacemos proposición»… «Este hecho convierte en histórico el día, pues desde el podium de oradores Douglas Barrios emite el primer discurso opositor en cadena nacional (…)
Lo cierto es que al joven se le había visto repetidamente en las calles de Caracas en el bando de la oposición, protestando contra la no renovación del permiso a la casa televisora: «La juventud está hoy en la calle —había declarado entonces— y no estamos luchando por los intereses de un grupo empresarial o por los intereses internacionales». Sin embargo, el diario español El País admitía el 9 de julio que RCTV —al quedarse ahora solo por cable y satélite— perderá el ochenta por ciento de los 136,8 millones de euros de publicidad que tenía contratada cuando transmitía en el espacio radioeléctrico. La afirmación del estudiante no parece muy creíble.
Y también, a decir verdad, pasiones propias de jóvenes hubo, desatadas ya de antemano, y no fueron solo chavistas. El estudiante bolivariano Robert Serra, uno de los estudiantes que sí se quedó para el debate en la Asamblea Nacional, fue abucheado y agredido por un grupo de la Universidad Católica Andrés Bello. Héctor Rodríguez, también estudiante bolivariano, tuvo experiencia similar en la Universidad de Carabobo: «Mi intervención, decidieron terminarla con bombas lacrimógenas, disparos y agresiones. Hicieron que se perdiera una oportunidad hermosa de discutir y debatir las ideas, en función de las visiones de país que tenemos cada sector».
Para el miércoles 27 de junio, estudiantes de varias universidades privadas, anunciaron, «la madre de las concentraciones», —según varios diarios—, a realizarse en el Stadium Universitario, en el que dicen con orgullo los venezolanos «para que se vea gente tienen que entrar a las gradas y el terreno, no menos de diez mil personas». Esta vez la omisión fue por defecto.
El campus de batalla había tenido en el ínterin momentos de grave tensión. Distintos medios de prensa on line recogían noticias como estas «A un encuentro en el teatro de un colegio religioso de Altamira, presidida por el Cardenal Castillo Lara y el Alcalde López de Chacao, asistieron centenares de jóvenes de colegios católicos, bajo estrictas medidas de seguridad y confidencialidad. En esa oportunidad el Cardenal Castillo Lara, pronunció un discurso vehemente, reclamando a los jóvenes asistentes que se movilizaran en contra del Gobierno y se convirtieran en la vanguardia de la lucha contra la dictadura del Presidente Chávez»… «Estudiantes bolivarianos de la Universidad de Táchira descubrieron y denunciaron públicamente la presencia de material como cauchos, lanzacohetes, casquillos de bombas lacrimógenas, gasolina y botellas para la fabricación de bombas molotov, escondidos en las oficinas administrativas de esa universidad cuya sede queda muy cerca del estadio Pueblo Nuevo, uno de los escenarios para la Copa América Venezuela 2007».
El Gobierno venezolano, urgido de dar la batalla entre los más necesitados, no ha sumado todavía al conjunto universitario nacional a la nueva formulación del socialismo del siglo XXI.
La alharaca en torno a RCTV avisa que vendrán otros conflictos del mismo pelaje. La popular Universidad Simón Rodríguez, empieza a llenar espacio pero aún su influencia y organización es dispersa y sin capacidad de convocatoria para este tipo de enfrentamiento.
Tal vez la mejor interpretación del conflicto la diera un ingeniero egresado de la Universidad Central de Venezuela, al valorar el hecho de que las universidades no han marchado a la par con la vida que está planteando el cambio en Venezuela: «¿Por qué no se han vinculado ni siquiera hoy en día, con la misión Barrio Adentro, por ejemplo? se me ocurre inventar la “Misión Ingeniería Adentro”, para vincular a mi universidad con las reales necesidades de nuestro pueblo. Igualmente inventaría la “Misión Odontología adentro”, “Misión Trabajo Social Adentro”, “Misión Psicología Adentro” y paremos de contar…».
Así como los colores blanco y verde fueron usados por miembros de los dos partidos tradicionales venezolanos, los chavistas, promotores del socialismo de siglo XXI llevan, naturalmente, el rojo.
Según se afirma «los símbolos que utilizan y las consignas que cantan son similares a los planes difundidos por una organización radicada en Miami, conocida como Orvex, que copia los modelos de acciones de las más radicales agrupaciones anticomunistas de esa ciudad. El estudiante de la universidad privada resaltó que el grupo que representa mantendrá la bandera del canal de Marcel Granier hasta que la desaparecida señal vuelva a su «legítima frecuencia».
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