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Proyecto Cubano de Universalización de la Educación Superior
SEMILLAS EN EL MONTE DE LAS BANDERAS
Primera graduación de estudiantes de las sedes universitarias municipales
Por J. Sebastián
Fotos: Abel Ernesto
Cinco años después de aquel 12 de enero de 2003 comienzan a verse los frutos de aquella idea revolucionaria que se llama desde entonces la universalización de la enseñanza cubana.
La creación de las sedes universitarias municipales, cuya ejecución comenzó en el municipio habanero de Guanabacoa, y llegara a tener en poco tiempo 12 mil estudiantes por toda la geografía cubana, no fue entendida por todos y aún hoy genera cierto escepticismo en algunos que la historia define como gente de poca fe.
Y es que la idea es en sí enorme y significa entre otras cosas cambiar esquemas que durante siglos han dominado la concepción de universidad.
Uno de los grandes retos que enfrenta la Universidad en el siglo XXI es su democratización; es decir, la búsqueda de modelos acordes con diferentes contextos sociales.
El Proyecto Cubano de Universalización de la Educación Superior es uno de ellos.
Nadie, que se sepa, ha discutido la validez de la universidad clásica tal y como la conocemos simbolizada en la Universidad de La Habana, La Sorbona de París u Oxford, en La Gran Bretaña.
Los primeros estudiantes que matricularon este tipo de estudios laboran en proyectos priorizados del país, por lo que el modelo pedagógico se ha establecido sobre la base de alcanzar una eficiente continuidad de estudios con nivel equivalente al de los cursos regulares diurnos. Esta meta es un desafío para los estudiantes, quienes tienen que lograr simultanear, tanto el desarrollo de obligaciones sociales en los proyectos donde están ubicados y, a su vez, cumplir con las demandas que exigen los estudios universitarios.
Sin embargo, la idea es ir más lejos: abrir las posibilidades a quienes con talento y capacidad no han podido llegar por razones diversas, a veces incluso por aquellas que normalmente muchos no aprobarían. Abandonar al que cae no es principio al que nos suscribimos los cubanos después de cinco décadas de lucha por cambiar el concepto del sálvese quien pueda.
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Ya se sabe: el talento a la larga se impone, se haya estudiado en una prestigiosa universidad o en un humilde centro universitario en una lejana localidad.
Y talento hay, a borbotones, a veces perdidos en esas vueltas que da la vida.
Sin embargo, la otra punta del análisis tiene que ver igualmente con el ser humano, con la particularidad de que en ese sentido la mirada es hacia dentro.
También se ha dicho: lo que natura non da, Salamanca non presta.
Es decir —visto a la luz de unos cuantos siglos— si no eres capaz por ti mismo, los estudios no harán de ti mejor de lo que eres.
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Y a mi juicio esa es una de las primeras verdades que debemos tener en claro a la hora de ver, por ejemplo, la idea de la universidad en los municipios cubanos.
La vida puede darte una segunda oportunidad, para llegar más alto y más lejos; si no asumes que la mayor responsabilidad es la propia, de poco servirá la idea.
Cuando hace algunos días se realizaba en el Monte de las Banderas el acto de graduación de los primeros egresados de las sedes universitarias municipales —479, en representación de los estudiantes de las provincias habaneras y Matanzas—, la vida demostraba que de ideas revolucionarias está necesitado el camino del futuro.
Y para ese futuro germinan ya unas cuantas semillas.
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