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LA CARRERA
Por Randy Saborit Mora
La Carrera de Cinco Años con Vallas comenzó en tiempo. Entre los corredores había quienes tenían el récord «polillístico» de horas-libro durante los últimos años de preuniversitario. Otros contaban con excelente average de rendimiento. Los dopados no se veían a simple vista, pero también corrían como Pedros por su casa. El graderío animaba a los de la pista con gritos familiares. La bulla era de Madre y de muy Padre nuestro. La Carrera acababa de comenzar, el reto era llegar al final.
Muchos de los elegidos para aquella marcha olímpica querían clasificar en el grupo de los Alguien. No en el de los Cualquiera o el de los Nadie. Para serdel primer grupo se exigía únicamente sudar la camiseta hasta el cansancio. Ojo, mirar el «alguienismo» como un objetivo en contra de los demás fue un pecado, no muy santo que digamos, que muchos tuvieron que pagar.
Confundir la velocidad con la resistencia dejó al campo a varios. Los que desconocían la sutil diferencia entre Cinco Años con Vallas y Cinco Años Planos, también se quedaron como las emisoras, en el aire.
Después de cierto tiempo y alguna tempestad de especiales estragos, algunos, incluso verdaderos «tacos» académicos, colgaron sus tacos. Unos se cansaron de volar con la imaginación y despegaron en busca de un Norte para sus vidas. O hasta echaron un bote a la mar... para acortar distancias. Varios tomaron un auto para ser más «autoeficientes». Pérdidas, como todas, muy «dolarosas».
También el canto de «maní, maní...» hizo a muchos cambiar el rumbo de sus historias. Otros aplicaron los conocimientos de las clases de Idioma en el Laboratorio Andante de la Vida. En fin, la danza de las monedas de los que vivían al margen sacó del carril a no pocas promesas profesionales.
Claro, siempre hubo muchos que llegaron a la meta. Aquel día de cierre universitario las lágrimas, el sudor... se confundían y se compartían entre los corredores y sus espectadores familiares.
Los quecargaron al hombro el hambre propia y ajena descubrieron que la«hermanitud»de los hombres es la gran dicha del mundo. Llegaron los que tuvieron fe en aquello de que «y todavía el sueño...» El despertar olímpico del primer día de trabajo ha llegado. ¿Los sueños seguirán siendo todavía?
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