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Las universidades son grandes reservorios de información. En ellas crece el conocimiento, se transforma y actualiza. Se repasa el pensamiento filosófico y la historia de la humanidad hasta llegar al presente. Su pertinencia radica justo en ese aporte de reinventar teorías y postulados o proponer soluciones a los problemas que aquejan a la sociedad. Por eso en sus estudiantes y profesores, la ciencia encuentra...
UNA FUENTE DE INAGOTABLES RECURSOS
Por Pedro Y. Piñero Pérez y
Marieta Peña Abreu
Ilustración: Archivo
Con frecuencia en nuestros campus universitarios se conversa de proyectos científicos. Los eventos, los resultados docentes y las fiestas se entrelazan en las discusiones estudiantiles. Constituyen temas inseparables de la obra creadora de los jóvenes.
Herramienta para el aprendizaje
La participación temprana en movimientos y grupos científicos dentro de las universidades, repercute con frecuencia en los buenos resultados docentes que alcanzan los estudiantes que dedican horas extra a esa actividad.
Esto sucede porque las investigaciones son catalizadores para la adquisición del conocimiento, la creatividad en la generación de nuevas ideas, la búsqueda de soluciones prácticas y la aplicación de teorías, e incluso, la formación desde la producción de bienes y servicios.
El grado de asimilación del conocimiento de los estudiantes que investigan, crece exponencialmente en la medida que avanzan en la carrera y se apropian de las habilidades de este ejercicio.
A partir del entrenamiento y desarrollo del pensamiento lógico los educandos aumentan la capacidad cognoscitiva, lo que facilita su introducción en la práctica social. A su vez los propios frutos del trabajo científico, constituye un estímulo para su perfeccionamiento y continuidad.
Sin embargo, se impone un nuevo modelo que integre armónicamente la docencia, la producción y la investigación, con elementos innovadores y alternativos a las formulaciones tradicionales de la enseñanza.
En la base de la pirámide
Nuestras universidades necesitan de los estudiantes, de su capacidad renovadora para avanzar con pasos sólidos y acelerados en la ciencia. Es precisamente aquí donde se logra un equilibrio entre el aporte que brindan los alumnos con sus resultados y el cúmulo de conocimientos que reciben como pago a ese esfuerzo creador.
La universidad actual reúne en su claustro la guía orientadora, la experiencia y la organización de la actividad científica que se apoya en la fuerza de sus estudiantes de pregrado, maestría o doctorado. Ellos están en la base de la pirámide que soporta la obtención de esos resultados.
Muchos ejemplos lo ilustran. Baste mencionar dos de los que desde las universidades de todo el país, aportan con su espíritu innovador a la sociedad: los estudiantes y las comunidades de investigación de la Universidad de las Ciencias Informáticas (UCI); al proceso de desarrollo de software y los estudiantes del grupo Chasqui, de la Universidad Central de Las Villas a la etapa inicial de la informatización de la prensa cubana.
Y es que la búsqueda deja una ganancia fundamental: es herramienta básica para la formación de un profesional que garantice el desarrollo sostenido de la ciencia.
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