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ESPARCIR LA SEMILLA

Por Jorge Sariol
Ilustración: Archivo

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El Ministerio de la Agricultura (MINAG) recibió a 101 ingenieros  agrónomos y 152 médicos veterinarios del curso 2006-2007. Más del 80 % —según  los expertos— van a empresas productivas durante el servicio social. Los nuevos médicos veterinarios, por ejemplo, son enviados al Instituto de Medicina Veterinaria, responsable del sistema de aduanas en aeropuertos, puertos y marinas, y al servicio de sanidad animal en provincias y municipios. Los graduados asignados a las instancias territoriales, tienen también entre sus funciones prestar servicios a las empresas. «Pero son muchos los factores que han distorsionado la distribución del personal calificado, uno de ellos, que el grueso de esa fuerza ha estado en tareas directivas o burocráticas» reconoce Francisco Torres, al frente de la dirección de Trabajo y Seguridad Social del MINAG. Alma Mater dialogó con él y con Adriana Ballester Hernández, jefa de la dirección de Capacitación, sobre la relación empresa-universidad y la atención a los graduados. Se habló de la instrumentación del Plan de estudio D en el curso regular diurno, que busca preparar mejor a los estudiantes  para su inserción en el universo laboral.

¿Cuántos egresados han seguido trabajando en el tema de las tesis que hicieron?, fue la arrancada del intercambio.

«Estadísticamente no llevamos eso» —reconoce Torres. «En todo el país tenemos una red de 64 unidades docentes, 31 de ellas son centros pecuarios. El problema es otro: cuando los estudiantes (entre 30 y 40) van a hacer su estancia, a partir del tercer año, les pedimos a los directores de empresa que los aprovechen al máximo, que en sus tesis propongan soluciones a problemas de la entidad. Pero algunos llegan ya con una idea y no interferimos, si podemos les damos apoyo. Al final difícilmente se quedan.

 «Habría que estudiar la ubicación de las prácticas, no sólo en las unidades docentes, que no todas tienen recursos suficientes. Convendría utilizar las más productivas, para que se entrenen mejor.»

Para Adriana, «lo que quisiéramos, hoy ni se acerca a la aspiración, no sólo por los cambios de planes de estudio en las universidades, sino porque los sistemas productivos de la agricultura necesitan otro tipo de organización. Como política del MINAG nos interesan las relaciones con el Ministerio de Educación Superior (MES) y el entrenamiento de estudiantes. La dirección de capacitación nuestra —con su personal docente incluido— forma parte de la comisión de carreras agropecuarias. Cuando se prevé modificar un plan de estudio se evalúan las acciones para perfeccionar los ajustes y propuestas,  incluso de contenido y horas-clase. En estos casos, hasta que pasen cinco años  —lo que dura normalmente una carrera— no debe someterse a crítica profunda, apoyada en la opinión de los mismos recién  graduados de ese plan.»

Contradicciones no antagónicas, pero conflictivas
Como en casi todas las estructuras de la sociedad cubana, existen demasiadas regulaciones que condicionan la vinculación universidad-empresa. Unas cuantas agrupaciones con posibilidad de asimilar recién graduados no lo hacen. La explicación no es sencilla ni complicada; es sólo rara en la lógica de la producción, la productividad, la eficiencia y la eficacia.

«Tenemos pocas Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC) en el país, que tengan una actitud clara de recibir fuerza calificada e incrementarla», dice Torres; «incluso cuesta trabajo ubicar, no ya estudiantes, sino a graduados. Se resisten a tener mucha gente, y en ese déficit de fuerza calificada profesional hay un problema de actitud y de incomprensión.

«Existen en Cuba más de mil 555 UBPC, y  mil 400 universitarios ubicados allí. Hay que tener en cuenta que entre las formas de producción cooperativa actuales, que incluyen a las  Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA) y a las de Créditos y Servicios (CCS), está el 60 % de la producción agrícola cubana. Las UBPC, salidas de un acuerdo del Buró Político como entidad no estatal, tienen la facultad de decidir en asamblea el nuevo personal, las proyecciones de trabajo y  el sistema de pago, que  rige el llamado anticipo* diario para sus socios. Por ejemplo se fijan siete pesos diarios, —porque son anticipos modestos—,  dirigidos al trabajador directamente vinculado a la producción. A un profesional que se dedica a planear proyección de desarrollo, a prever tratamientos a las tierras o a estudiar tipos de cultivos y a proponer inversiones, no le debieran pagar también siete pesos diarios, pero las disposiciones son las mismas. No hay mecanismo de control estatal que diga “Oye, cambia eso”. Hay que convencer al administrador, llevar el tema a la asamblea, y  que esta apruebe a un ingeniero  agrónomo, que al trabajar en soluciones complejas y a mediano plazo deba ganar más.

«Si no se logra el acuerdo, ningún profesional acepta sumarse a una UBPC.»

De relaciones y  equilibrios
¿Calificarían de buenas las relaciones universidad-agricultura?: «sí, pero eso no quiere decir que baste» advierte Torres. «En Cuba existe un sistema estructurado de organismos priorizados. Al  MINFAR y el MININT se les adjudicó la posibilidad de ir a las universidades para hacer análisis y captaciones. Nos gustaría que el MINAG estuviera entre los priorizados, pero no es así, y nos gustaría sobre todo, para acercarnos a las carreras que no tienen que ver directamente con nosotros, como Economía y Contabilidad, que nos hace una falta tremenda, porque en muchos lugares no hay contador o el que está tiene nivel medio. Las ingenierías —industrial, mecanización y eléctrica—, y también el universo jurídico debieran tener asignaciones.

«Un contador es tan importante como un abogado,  pues el control de las finanzas funciona  a la par de la firma de  contratos, en un ámbito tan complicado como las relaciones jurídicas. Son bastantes los problemas que hoy se dan en las entidades, que realizan actividades para las cuales no están autorizadas, cultivos que ofrecen ganancias pero no son vitales para la sociedad, tienen cuentas sin cobrar o sin pagar, inversiones que no son capaces de negociar, o pérdidas notables por falta de control.

«Si mañana mismo nos colmaran las empresas de agrónomos, seguirían los problemas.»

La realidad es que cada año se graduan alrededor de un centenar de agrónomos en todo el país, sin embargo para la Jefa de Capacitación el número es insuficiente: «La matrícula ha ido bajando. Hace unos años se graduaban trescientos por curso. Hoy tenemos 24 mil 932 profesionales trabajando en la agricultura, entre todas las especialidades. No te vas a encontrar un graduado por ubicar.»

Para el encargado de la esfera del trabajo y seguridad social es además un problema de base: «la universidad padece lo mismo que el nivel medio, donde hay unos cuantos cuya vocación no es precisamente la agricultura. En las sedes centrales tenemos que recibir graduados constantemente —muchos con sus padres— que andan buscando oficinas para ubicarse y no ir a la producción.

«Pero la culpa no es de los estudiantes. Si no elevamos el prestigio del profesional de la agricultura, nunca resolveremos el tema de la captación. «Y eso sí es tarea del MINAG.»

¿Quién fue primero?
Como la historia del huevo y la gallina, ¿qué tendrá más peso en el triángulo: voluntad política, recursos humanos, o financieros? Las respuestas de ambos funcionarios del MINAG son rápidas y al unísono: «Lo que sí se ha demostrado es que sin recursos financieros no avanzamos. La agricultura tiene aprobada por la dirección del país un sistema de programas priorizados  puesto en marcha. La tierra cubana es fértil, pero se agota, si no le pones fertilizantes, y eso cuesta, no produce igual aunque tengas un centenar  de agrónomos.

«Y hablando de huevos y gallinas, cuando se le puso un poco de dinero a la avicultura —que se traduce en pienso de calidad— las gallinas empezaron a poner más y aumentó la cuota de huevos a la población.»

La pregunta final del encuentro, a riesgo de exagerar, intentó aflojar tensiones y por poco no lo logra… ¿habrá que convertir el triángulo en «pentaedro» e incluir empleo urgente de alta tecnología y un nuevo diseño de estructura ministerial?

«Cierto, no exageras. Una hectárea de cultivo protegido rinde igual que tres tradicionales, con menos recursos humanos, pero eso sí,  con  personal mejor preparado profesionalmente y  más recursos financieros. Esto incluye escuchar la experiencia —otro perfil de graduados universitarios— sobre clima tropical —que cada vez  es más inestable—, el paso de ciclones y la distribución de cultivos como alternativa ante daños. En dos años ha llovido bastante, pero hubo un período de seca terrible. En estos últimos días es lo contrario. Las inundaciones han sido fatales.

«Y de la estructura del organismo se habla  sin saber. No es cierto que el Ministerio esté lleno de ingenieros trabajando en aire acondicionado en vez de ir a la producción. Pero la estrategia es cambiar para que la estructura preste un servicio más activo a la producción.»

* Salario entregado mientras se prepara la tierra, se siembra, se mantiene el cultivo en forma y finalmente se cosecha; cuando se recoge la producción, todo ese anticipo se le descuenta, y si hay un resultado financiero favorable, se distribuye entre los socios. Por lo tanto, a más personal más salario a repartir.

 

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Actualizada: 28 de diciembre/2007

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