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LA TÉCNICA ES LA TÉCNICA
Por Reina de la Torre
Fotos: Abel Ernesto
Es verdad que uno se acostumbra a lo bueno rápido, yo diría que rapidísimo. Hasta la resistencia le cede el paso a los cambios favorables. Tal vez por eso la era de la información y las comunicaciones, ha marchado aceleradamente, modificando rutinas y prácticas.
Hay por ahí musas mal acostumbradas que ya no se acuerdan de las máquinas de escribir ni del lápiz, solo se inspiran ante una computadora. Y es que si nos referimos al uso —y abuso— de las nuevas tecnologías, podríamos recoger las mejores anécdotas y llenar anuarios. Cada cual tendrá experiencias que contar al respecto.
Ahora inevitablemente pienso en una herramienta muy de moda cuando se trata de presentaciones y exposiciones: el power point. A los organizadores de reuniones y eventos, les suele jugar una mala pasada el empleo del soporte tecnológico para apoyar a los oradores, justo a la hora cero. Un teatro, un salón e incluso, un aula llena de personas, puede ser el escenario de una de esas historias.
No importa que con anterioridad al encuentro, se les pida a los participantes, que marquen con una X sobre un formulario, si necesitan proyectar «algo» sobre una pantalla. Por lo general, se nombran responsables para que aseguren los recursos técnicos necesarios y hasta se hacen ensayos, para evitar las sorpresas.
Poco antes del momento crucial, cuando todo el mundo está listo, la tensión alcanza su máximo valor. El expositor frente al auditorio, se presenta y anuncia lo que verán a continuación. Mientras en un punto intermedio entre emisores y receptores, una persona, dos o tres —incluidos los voluntarios que se acercan para ayudar—, ajustan las líneas que conectan la PC al data show o a las bocinas, si fuera preciso. Se oyen sus voces en un susurro. Uno de ellos sale por la puerta más cercana y regresa con un nuevo aditamento. El tiempo pasa.
Los ponentes buscan las más disímiles salidas en un caso así. Los hay muy seguros, que le dedican poco espacio a las lamentaciones y se apresuran a compartir su propuesta, como si nada hubiera pasado. Otros, quizás los más precavidos, traen sus tarjetas con las notas esenciales por si fallaba la electricidad o había cualquier inconveniente. Y no pueden faltar los optimistas, esos que no renuncian a su power point bajo ninguna circunstancia, porque aseguran que «es un problema técnico, que se solucionará en breve».
A veces la señal no tarda y la presentación transcurre como se previó. En esos casos, solo se respira con alivio, cuando llega la última diapositiva, anunciando el fin. Las tecnologías facilitan múltiples procesos, incluso el de comunicarnos. Pero más allá de cualquier herramienta, están nuestros saberes y ese inagotable ingenio creativo, para no perder —ni hacer perder— oportunidades ni tiempo, por causa de «la técnica».
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