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PROTAGONISTAS DE LA REVOLUCIÓN QUE SE AVECINA
Por Eiry Rodríguez
Pérez
Fotos: Eduardo Esparza
Era septiembre del año 2002
cuando una cifra, similar a la del lustro de estudiantes llegó a lo que sería
la Universidad de las Ciencias Informáticas.
No sabían nada acerca del plan de
estudio, ni de sus profesores, ni de cuanto tiempo tendrían que estar allí. Eran
los primeros alumnos de una universidad que todavía no tenía aulas, y que por
supuesto tampoco contaba con una historia.
Es difícil inmiscuirse en algún
proyecto del que no se tiene ninguna referencia; sin embargo estos 2 mil
muchachos lo hicieron. El motivo principal fue la confianza en nuestro máximo
líder, que fue desde los inicios, el gestor principal de lo que después sería la
Ciudad del Futuro, y la casa escuela de todos.
Hoy han pasado cinco años, y
aquellos adolescentes ya no lo son más. Además del aparente cambio físico, sus
rostros develan madurez, compromiso, preparación —así lo demuestran los 300
títulos de oro y el promedio general de 4.51 puntos—. Al mirarlos se puede
recordar esa canción de «ya se va aquella edad, ¡qué lindo fue!, ¡qué
despertar!». Y para ellos fueron días de estudio sin descanso, y de intenso
andar por los caminos adonde los más nobles proyectos de la Revolución cubana
los llevó.
Este 19 de julio, cuando se
vieron por fin en el capitalino teatro Karl Marx, con un pergamino en la mano
que decía «Ingeniero en Ciencias Informáticas», múltiples emociones se asomaron
a sus ojos.
Un buen observador podría haber
percibido orgullo, satisfacción, tristeza —de esa cuyos límites se confunden con
la alegría—, un rubor mayúsculo, como del que no cree la felicidad que le da la
vida, y una nostalgia creciente por lo que sabían iban a dejar. La sumatoria de
estos factores se tradujo en, ora risa desencajada y loca, ora lágrimas
incontenibles, ora risa y lágrimas a la vez.
Las expectativas de los bisoños
graduados fueron cumplidas con creces, pues la gloria había comenzado un día
antes. La reflexión de Fidel: «El robo de cerebros» indicaba ya que el esperado
acto de graduación —y los tiempos por venir— reservarían momentos muy
especiales.
El mejor maestro de la
Universidad de las Ciencias Informáticas, adelantaba a sus discípulos las
próximas misiones cuando decía: «Quien tenga una computadora dispone de todos
los conocimientos publicados. La privilegiada memoria de la máquina le pertenece
también a él.
«Las ideas nacen de los conocimientos y de los valores
éticos. Una parte importante del problema estaría resuelta tecnológicamente, la
otra hay que cultivarla sin descanso o de lo contrario se impondrán los
instintos más primarios».
Muchos fueron los regalos de esta
cita que perdurará ya en la memoria de todos los presentes. Entre los más
excepcionales estuvieron, el otorgamiento del Primer Título Doctor Honoris Causa
en Ciencias Informáticas y de la Condición Hombre del Futuro, en su categoría de
oro, al Comandante en Jefe; y la presencia de la más alta dirección del país
presidida por el Segundo Secretario del Comité Central del Partido, General de
Ejército Raúl Castro Ruz.
Otros minutos que reclamaron
profundos frenesíes fueron la entrega de los 300 Títulos de Oro, de los 23
Premios Mella a los titulados de trayectoria relevante en el cumplimiento de las
tareas estudiantiles, y de la Condición Hombre del Futuro –máximo reconocimiento
establecido por la UCI- en su categoría de bronce, a los tres mejores
alumnos.
Más que graduación y culminación
de estudios, esta tarde de julio significó el final de una etapa decisiva en la
vida de todo ser humano y el comienzo de otra importante en demasía, no solo
para la realización personal de cada quien, sino también, y mucho más, para el
futuro de la sociedad misma.
Esa universidad que abrió sus
puertas hace ya un quinquenio atrás para graduar ingenieros informáticos
altamente comprometidos con su Patria, estará recogiendo a partir de hoy sus
primeros frutos.
Si la Revolución cubana ha
llevado a recónditos sitios de nuestra geografía, la educación, la salud y la
cultura, llevará ahora el uso de la tecnología digital y con ella, el
conocimiento y la libertad que este supone. Diseminados por todo el país los
1 334 nuevos profesionales tendrán la tarea de convertir la informática,
revolucionaria y socialista, en una fuente de ingresos económicos para Cuba, al
servicio no solo de esta isla, sino de la humanidad toda.
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