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JOSÉ ANTONIO ECHEVERRÍA Y NUESTRA AMÉRICA

Por Julio A García Olivera

José Antonio Echeverría

José Antonio Echeverría fue el máximo dirigente del movimiento estudiantil revolucionario en la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista (1952-1958). Murió en combate el 13 de marzo de 1957 en las acciones del asalto al Palacio Presidencial y a la emisora Radio Reloj, en La Habana, organizada por el Directorio Revolucionario Estudiantil, del cual era fundador y Secretario General.

El destacado historiador cubano Emilio Roig de Leuchsenring, calificaría aquella operación como «la hazaña más fieramente audaz de todas nuestras luchas por la libertad».

Algunos meses antes, en agosto de 1956, Fidel Castro y Echeverría habían firmado en México el acuerdo entre las fuerzas revolucionarias cubanas bajo el siguiente compromiso:

«La Federación Estudiantil Universitaria y el Movimiento Revolucionario 26 de Julio, los dos núcleos que agrupan en sus filas la nueva generación y que se han ganado en el sacrificio y el combate las simpatías del pueblo cubano, acuerdan dirigir al país la siguiente declaración conjunta:

«Que ambas organizaciones han decidido unir sólidamente su esfuerzo para derrocar la tiranía y llevar a cabo la Revolución Cubana.»

Con este pacto se concretaban las acciones para el comienzo de la guerra revolucionaria contra el dictador apoyado por el imperialismo. Al Directorio Revolucionario le correspondía en los planes acordados iniciar la guerra en la capital del país.

El movimiento estudiantil revolucionario había desempeñado un decisivo papel en la lucha contra la tiranía de Batista, particularmente en la etapa siguiente al ataque al cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953, asalto que determinó la prisión de Fidel Castro y de los principales dirigentes del Movimiento 26 de julio y su posterior exilio.
 
(El exilio llegó a su fin con el regreso de los moncadistas a la tierra cubana en la histórica expedición del yate Granma.)

Durante esos años, entre 1953 Y 1956, bajo la dirección de Echeverría, y partiendo desde la Universidad de La Habana, el movimiento estudiantil de protesta fue creciendo en amplitud y fuerza, uniendo a los estudiantes secundarios y a los alumnos de las escuelas de comercio, de maestros, de artes y oficios y hasta de los colegios privados. La ascendente movilización alcanzará su máximo exponente en las huelgas de noviembre y diciembre de 1955 junto a los obreros azucareros, el sector más numeroso de la clase trabajadora en Cuba, en acciones que llegarían a convertirse en una formidable demostración contra Batista a escala nacional. El pueblo de Cuba rechazaba al dictador, y a partir de ese momento comprendió que sin la guerra revolucionaria no sería posible derrocarlo y realizar la revolución tan largamente aplazada.

En los combates de los estudiantes contra las fuerzas represivas, Echeverría, siempre en las primeras filas de las demostraciones, sería herido gravemente seis veces. Así se fue elevando su prestigio como dirigente revolucionario.

Con el enfrentamiento directo se fue conformando la proyección política de la lucha, y esta, a su vez, se iría radicalizando con la violencia creciente del combate. Si en 1952 se trataba de hacer fracasar el golpe militar y retornar a la situación anterior, pronto Echeverría proclamaría el objetivo definitivo de la lucha: la Revolución Cubana.

El término comienza a aparecer en sus declaraciones a fines de 1954, y define que el proceso «no se limitaría a los simples cambios de nombres del régimen, sino a más profundas transformaciones en la estructura social del  pueblo cubano».

El pensamiento de los estudiantes y el de Fidel, recogido en La Historia me Absolverá, convergen y se identifican. A fines de 1955, se funda el Directorio Revolucionario bajo la dirección de Echeverría. En su manifiesto programático, aparecido en el periódico universitario Alma Mater en marzo de 1956, este puntualizará los objetivos fundamentales de la lucha:

«La Revolución Cubana va hacia la superación de las lacras coloniales y de los males de la independencia, hacia la liberación integral de la Nación, libre de toda injerencia extranjera así como de toda perversión doméstica, hacia el desarrollo integral de las potencias materiales y espirituales del país y hacia el cumplimiento de su destino histórico. La Revolución es el cambio integral del sistema político, económico y social y jurídico del país y la aparición de una nueva actitud psicológica colectiva que consolide y estimule la obra revolucionaria.»

Y destaca en su párrafo siguiente: «La Revolución se asienta sobre principios fundamentales de Democracia, Economía y Socialismo.» Socialismo como alternativa histórica posible para asegurar la justicia social frustrada tras 50 años de república neocolonial.

Pero si la lucha José Antonio contra la tiranía, no fuera suficiente para el homenaje que Cuba, y en especial su juventud, le rinden permanentemente, hay otra significativa, trascendental proyección en este dirigente estudiantil, revolucionario de Nuestra América, a decir de Martí: Su actitud no se limitará al pensamiento: Su ideal fue acompañado por la acción, rasgo identificativo de las grandes figuras históricas de Cuba: José Martí, Antonio Maceo y Julio Antonio Mella.

En el manifiesto ya citado se resumirá igualmente el pensamiento latinoamericanista y antimperialista del movimiento estudiantil revolucionario:
«La Revolución Cubana por destino histórico ha de cooperar y estimular en todo lo que esté a su alcance con los movimientos revolucionarios de América que compartan el ideal fundamental de la Revolución americana anteriormente expresado como obligación moral histórica y como necesidad estratégica para salvaguardar la obra que en Cuba se realice. La Revolución se plantea el ideal de la integración económica y política del Caribe como paso hacia la definitiva integración de Latinoamérica.»
 
El ideario americano comenzó a materializarse muy temprano en Echeverría. Ingresa a estudiar Arquitectura en la Universidad de La Habana en el curso 1950-1951. la histórica Colina tiene ya larga tradición americanista y sus estudiantes integran numerosos comités de apoyo a la lucha de los dominicanos contra la dictadura de Leonides Trujillo –Fidel ha participado en una expedición armada en 1947- o por la independencia de Puerto Rico.

En octubre de 1950 se ha de producir un levantamiento insurreccional en esa isla, sangrientamente reprimido por las autoridades norteamericanas. El destacado patriota independentista Pedro Albizu Campos es hecho prisionero. Los estudiantes en la Universidad de La Habana de inmediato organizan manifestaciones de protesta. En ellas van a coincidir Fidel Castro, ya destacado dirigente, y Echeverría, recién ingresado en la Universidad.

Pero esto es solo el comienzo. Batista no sería el último agente de la política imperialista que irrumpe violentamente en la escena latinoamericana en esos años. Después de Trujillo y Somoza, los dos veteranos dictadores, a Batista le sigue, el 2 de diciembre de 1952, el cuartelazo del general Pérez Jiménez, en Venezuela; el del coronel Rojas Pinilla, en Colombia, en junio de 1953; y el del gorila Stroessner, en Paraguay, en mayo de 1954. No terminará ahí la ofensiva reaccionaria de los Estados Unidos: en junio de 1954 se produce la intervención armada en Guatemala, organizada por la CIA, para derrocar el gobierno democrático de Arbenz e instalar la dictadura del coronel Castillo Armas.

Este hecho en particular provocará un fuerte rechazo del estudiantado cubano, organizador de numerosas demostraciones en la Universidad. Echeverría, presidente de los estudiantes de Arquitectura, va a tomar parte muy activa en la movilización juvenil. La política rodea la Universidad, se producen tiroteos y heridos. Se hace un llamamiento para ir a combatir en defensa del pueblo de Guatemala. En esta oportunidad no prosperará, pero es ya un primer intento internacionalista que no mucho después se materializará en la trayectoria del dirigente estudiantil.

Frente a la evidente estrategia contrarrevolucionaria del imperialismo las fuerzas revolucionarias cubanas se movilizan. Pronto se ha de producir un nuevo episodio de esta serie y el desarrollo tomará un nuevo giro.

En enero de 1955 se fragua una agresión contra el gobierno constitucional de José Figueres en Costa Rica.

En ahora el dictador Anastacio Somosa de Nicaragua, asesino de Sandino, el encargado de preparar la invasión del país vecino utilizando a los títeres costarricenses Calderón Guardia, y Teodoro Picado, fundadores de un ejercito mercenario financiado y armado por los Estados Unidos. Se suman al plan el dictador Castillo Armas, de Guatemala, y Trujillo, de República Dominicana.

Esta vez, los universitarios cubanos se movilizan rápidamente para marchar a Costa Rica a repeler la agresión. A mediados de enero embarcan los primeros combatientes estudiantiles que de inmediato se incorporan a las filas costarricenses. El 19 de enero la policía frustra la salida de Echeverría. En un segundo intento, apoyado por contactos revolucionarios en el aeropuerto y de madrugada, embarca el ya presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU).

Derrotada la agresión, los jóvenes universitarios se reúnen con el presidente Figueres y le entregan una bandera cubana. Luego, al regresar a Cuba, declaran a la prensa: «Fuimos a defender el régimen democrático de Costa Rica y hemos participado en numeras acciones de infantería contra los invasores.» En el aeropuerto son enviados a prisión por la policía de la dictadura.

Al tomarse la decisión de que un grupo de dirigentes estudiantiles viajara a participar en los combates en el hermano país centroamericano se tomaba en cuenta la situación política general y la ofensiva reaccionaria lanzada por el imperialismo. Para los jóvenes cubanos estaba presente la heroica tradición, de la cual eran sus mejores exponentes Pablo de la Torriente Brau y Alberto Sánchez, ambos caídos en la Guerra Civil española.
 
Pero Echeverría aspiraba también a otros objetivos importantes. Los combatientes significarían un entrenamiento necesario para los jóvenes revolucionarios cubanos y en caso de alcanzarse la victoria se solicitarían armas para luchar contra la dictadura en Cuba.

Años más tarde algunas de esas armas llegarían a manos de los combatientes revolucionarios.

A la muerte de Echeverría en 1957, Daniel Oduber, importante dirigente del partido de Figueres y después presidente Costa Rica, escribiría en la prensa de su país el homenaje al caído líder cubano: «En Puercos, durante la invasión de 1955, hablamos en una trinchera. Él y sus compañeros habían venido como voluntariosa traernos la voz de la juventud cubana. Después volvió a su lucha como presidente de la Federación Estudiantil Universitaria.» Recordaba como lo vio nuevamente en San José en 1956 cuando viajaba hacia México a encontrarse con Fidel. Y agregaba: «A Echeverría lo mataron en las calles de La Habana. Era demasiado grande y demasiado briosa su sangre.»

Las fotos de aquellos días de combate lo muestran con uniforme de campaña y con las armas en la mano junto a un grupo de internacionalistas cubanos.
 


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Actualizada: 29 de marzo/2007

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