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MÁS ALLÁ DE NUEVE LUNAS
Por Yoelvis Lázaro Moreno Fernández
estudiante de tercer año de Periodismo
Foto: Internet
Aunque la sumatoria de todas ellas no resulta un número conocido, y a ojos vista no parezcan ser una matrícula exagerada, las estudiantes universitarias que por una razón u otra afrontan esta etapa de sus vidas con el temprano sobrenombre de «mamá», experimentan una dualidad nada fácil de vencer. Una mirada desde la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas (UCLV) permite tomarles el pulso a quienes siguen conociendo de libros y tareas…
A la escucha de esa convocatoria divina con la que la cantautora Teresita Fernández invitó en el ayer a tantos de nosotros a cantar, Elizabeth Hernández Solís decidió por fin contar su historia. No le cuesta nada imaginar la ronda, y mucho menos a los niños que, como el suyo, nacieron para tener el corazón feliz, feliz, feliz…
Su caso no es el de un juego de muñecas en el que se imitan por azar los roles paternales. Tampoco el de un drama de turno, ni el de una aventura cualquiera en el que el bueno sale siempre airoso y vive como de costumbre: feliz, feliz, feliz…
Con solo cinco lustros de existencia, la joven alumna de segundo año de Licenciatura en Economía en la UCLV, confiesa estar bien lejos de la tristeza, a pesar de que los gritos y las ansias de un bebé le alteren los relojes del presente.
«Él es mi razón de ser, mi sueño, mi futuro, mi todo. Si no existiera actualmente no sé qué haría. De lunes a viernes, mientras permanezco en la Universidad, lo extraño tanto. Sus abuelas lo cuidan muy bien durante la semana. No por esodejo de hacerle falta. Por minutos quisiera olvidarme de cuanto me rodea y estar solo a su lado. Cada día corren momentos irremplazables que nunca más volverán».
A esta villaclareña le place con orgullo hablarde su pequeño Bastian y de las travesuras con que solía desconcentrarla mientras ella intentaba «quemarse las pestañas» para llegar a predios universitarios. Al fin, logró pasar la puerta de entrada. Lamentablemente no pudo hacerlo por la primera carrilera, pues un desliz en el examen de Historia la ubicó en el séptimo puesto de sus preferencias.
«En los inicios me costó trabajo enfrentarme a una especialidad que no deseaba. Estaba obligada a duplicar las horas de estudio si quería aprobar aquellas asignaturas en las que no había pensado antes. Imagínate cuán difícil se hizo para mí atender al niño en los primeros meses de la carrera. Sabía que la maternidad me traería grandes esfuerzos, pero tampoco tuve muchas opciones cuando salí embarazada a mediados del duodécimo grado. De no afrontarlo en aquel momento corría el riesgo de desconocer la experiencia. Desde el principio mis padres me ayudaron. Gracias a su apoyo pude continuar vistiendo el uniforme de estudiante y descubrir ahoralas bondades de un aula universitaria».
Poco antes de parir Elizabeth estampó las rúbricas del matrimonio, y en lo adelante, la nueva madre y el joven papá, cinco años mayor que la progenitora, olvidaron las salidas nocturnas del sábado para consentir en casa los quejidos de alguien muy bien esperado.
«Tener un hijo no mehace desigual a las demás muchachas de mi edad. El contraste radica en que mientras ellas pueden darse el lujo de pensar solo en el estudio y las fiestas, yo he de ocuparme de cosas un poco más serias. Mis únicas preocupaciones no son los exámenes como las del resto de mis compañeros. A diferencia de ellos, dispongo de mayores responsabilidades y menos tiempo.
A LAS COSAS QUE SON FEAS…
En un escenario ambientado musicalmente, justo por otras revelaciones musicales, la futura socióloga Yuleisy García Mederos puso al descubierto los vericuetos de su anecdotario maternal. Aquí las cosas feas se han empeñado en no darle cobija a la felicidad. De mucha pasión se necesita entonces para que las tristezas de esta jovenabrumada por el dolor y las prisas cotidianas vayan cambiando de color.
Desde su regreso a Santa Clara, luego de varios años de convivencia capitalina con sus abuelos, no han sido pocas las angustias y los entuertos familiares. Su mamá, a quien la bebida le ha disipado casi toda la vergüenza, según reconoce la propia hija, aún no entiende ni perdona los errores cometidos por ella al llegar cuando de nadie recibió besos y consejos.
«Hasta los cinco meses oculté el embarazo. A nadie podía decírselo, pues el hombrecon quien mantenía relaciones era casado y aunque me apoyó en todo instante,yo sabía que la gente de mi casa no entendería el suceso.Prefería arriesgar mi vida antes de contarle la verdad a mi madre. Estaba convencida de que nunca bajaría bandera frente a la única salida que le quedaba a mi problema: parir».
Pese a la carga de seminarios que ahora le imponen las exigencias académicas, Yuleisy siempre anda dispuesta a entregarle a su linda Karen las caricias que añoró en su adolescencia.
«Actualmente vivo sola con mi niña. A dondequiera que voy la llevo, pues muchas veces no tengo con quién dejarla. Cuando estudio generalmentelo hago en su compañía, igual que cuando comparto conlos amigos del grupo. Para mí ella jamás será un obstáculo. Eso sí,me ha consagrado y de qué manera en plena juventud».
PONIENDO UN POCO DE AMOR
Con la misma devoción con que suele desentrañar metáforas, laprofesora de LiteraturaAna Iris Díaz Martínez sedeclara depositaria de un respeto inmenso en sus alumnas madres.
«Las considero muchísimo y las estimo sobremanera porque imagino cuántas vicisitudes y carencias les sucedan a diario. Pienso que todos los educadores debemos de ser consecuentes con ellas y muy cuidadosos de no lastimarlas, sin dejar de cumplir los rigores del sistema evaluativo ni resquebrajar nuestra ética pedagógica. No siempre la situación de estas estudiantes constituye un tema de debate en las reuniones nuestras».
Desde sus experiencias profesionales, la máster en Ciencias de la Educación y catedrática de la Facultad de Psicología de la UCLV, Mayra Quintana Ugando, delinea criterios que ayudana comprenderalgunas particularidades en torno a este asunto.
«Durante los cinco años de estancia universitaria casi todos los escolares sitúan entre sus proyecciones más inmediatas laculminación exitosa de sus estudios y en un segundo orden, la formación de la familia para después de graduados por las implicaciones de tan alto compromiso. Generalmente las muchachas que por un motivo u otro asumen la maternidad en esta etapa cuentan con el apoyo de sus compañeros de clases, aunque bajo ningún concepto son para ellos un ejemplo a imitar».
Justo en el aula, allí donde la madurezde pensamiento alcanza diversos matices,cuelgan sueños y temores manifestados en boca de quienes han previsto el suceso para después que alcancen sutítulo de licenciatura. Lo cierto es que a las protagonistas de los tempranos desafíos casi nuncales cunde el pánico. Una vez observadas en nueve oportunidades las cuatro fases de la luna, la vida simplementeles reclama esfuerzos y ternuraen nombre de esos seres que siempre llegancon el derecho de tener el corazón feliz, feliz, feliz.
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