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SER FELIZ EN CUBA

Por: Jorge Luis Salas, Neiky Machado,
Sandy López, Elena Diego, Sonia Regla Pérez,
Randy Saborit y Jesús Arencibia

Ser feliz en Cuba

El bisabuelo es feliz porque ha perdido la memoria que tenía. El bisnieto es feliz porque no tiene, todavía, ninguna memoria. He aquí, pienso, la felicidad perfecta. Yo no la quiero. Eduardo Galeano. (1940-       ) Escritor uruguayo.
      
¿A quién se le ocurrió hablar de la Felicidad? ¿Quién tiene tiempo entre estudios, colas para el cine, heladería coppelia, conciertos, trovas y trabas de pensar en la Felicidad? ¿Qué infeliz trasnochado generó esta idea? ¿Quién sugirió, indicó o aprobó escribir de la impalpable, intangible, innombrable Felicidad? 

Pues Alma Mater, o sea, nosotros mismos.  

Porque si bien andamos entre colas, estudios, trovas y trabas, también sabemos que hay un espacio para hablar de la «intangible», esa fortuna que según cuentan, los duendes escondieron en cada ser humano para que invirtiera la vida en encontrarla.

Los criterios al respecto siempre son los mismos, pero a la vez diferentes. Y vale la pena conversar, aunque sea de pasada, sobre el tema. Por eso Alma Mater, se fue a distintas universidades del país para indagar sobre el ideal o paradigma de Felicidad que tienen los estudiantes.

He sospechado alguna vez que la única cosa sin misterio es la felicidad, porque se justifica por sí sola. Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

Adalina Valdés de 4to año de Estudios Socioculturales en Pinar del Río sintetiza su  visión sobre el asunto: «Para mí la felicidad es tener una familia con salud, armonía y  paz».

Yaira Heredia, de 5to Contabilidad en la Universidad de La Habana, piensa ya en formar su propio hogar, «con muchos hijos». También desea «darle amor a mis abuelos, y que me duren lo suficiente.»

«Yo respondo con tres “S”. Salud, serenidad y suerte. La serenidad para que nada te asuste, porque la vida es muy agitada, la suerte para estar bien acompañado y de la salud, ni hablar», considera Carlos José Iraola de la Universidad Central“Marta Abreu de Las Villas.

A la par de estos criterios, muchos se referían a su vida profesional. Reinier Pérez, de 3ro Arquitectura analiza que «hasta ahora uno de los momentos más felices de mi vida ha sido estudiar la carrera que siempre soñé, en la cual pienso llegar a ser un buen especialista».

En tanto, Yanser Wong de Ciego de Ávila, no obtuvo su añorada Medicina sin embargo «poco a poco, me he ido enamorando de la Veterinaria y en estos momentos me encantaría terminar con éxito».

«Algo muy bueno para mí fue que el semestre pasado me convalidaran todos los exámenes finales, sonríe Caridad Pineda de Sancti Espíritus y que cursa de 2do Historia. Para el estudiante de Bhután, Sonam Tshering una cima feliz «sería formarme como ingeniero en esta Isla».

Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas. Pablo Neruda (1904-1973) Poeta chileno.

Ligadas indisolublemente a la felicidad están las relaciones de amor y amistad. De ahí que muchos centraran sus respuestas en esos tópicos. La futura doctora Virgidien Reyes opina que para ser feliz se necesita tener siempre al lado a la pareja  para que te levante la autoestima. Por su parte, Rubén Alexis Bueno, alumno del Instituto Superior de Diseño (ISDi), piensa que deben ir unidos el «encontrar la pareja ideal y estrechar los lazos de amistad con la mayor cantidad de personas posible».

Aún más abarcadora en sus deseos es Liliet Expósito, de 1ro Automática en la CUJAE, quien recuerda felizmente sus amistades de la secundaria y el tecnológico. «Sobre todas las cosas —explica— que abunde el amor en mi vida y así poder dar a los demás.»  

Disímiles opiniones enfocaban la felicidad como algo del espíritu, pero otros enfatizaban en el componente material indispensable. Gustavo Núñez, quien cursa el 4to año de Estudios Socioculturales a través del Programa Álvaro Reynoso, nos dijo estar prescindiendo «de las cosas superfluas. Pero la vida moderna te va exigiendo determinadas artículos. Por ejemplo, ahora yo puedo prescindir de una computadora; pero en 30 ó 40 años resultaría imposible.»  

«Nunca hay que ser demasiado materialistas y pensar en auto, celular, computadora; pero también existen esas necesidades y, de seguro, contribuirían a facilitarnos nuestro andar cotidiano», comenta Sandra Cristina Hernández, quien será periodista el próximo curso.

Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna… Groucho Marx (1890-1977) Humorista estadounidense.

No faltó quien se pusiera a filosofar sobre el vocablo, a buscarle etimologías,  orígenes biológicos…. Para Gustavo Núñez «Se trata de una secreción hormonal producto del grado de satisfacción de la persona con el entorno. Por tanto se reduce a pequeños momentos.» Mientras que el futuro historiador Gadiel Hernández fue más abstracto. En su criterio, hablamos de «un estado existencial de realización personal consciente lograda por la complacencia de vivir lo que uno ha buscado como forma de complementarse.»

«Más allá de cualquier concepto, ser feliz es sentirse bien con uno mismo, disfrutar de cada momento como si fuera el último, no envidiar lo que otros poseen y tener mente positiva», argumentó Yaineisy Cruz Pérez, estudiante de Lengua Francesa en la UH.   

Claro, siempre que hablamos de ser o no ser felices saltan a la luz varias preguntas: ¿Qué hacemos para lograrlo? ¿Cómo debemos reaccionar ante las barreras?

Es curioso lo que nos confesaba Daimí Fernández, de 2do Derecho en la Universidad Hermanos Saíz de Pinar del Río: «Sé que mi felicidad depende de lo que yo sea capaz de hacer. Pero casi nunca hago nada para lograr mis objetivos, sobre todo por temor a no poder lograrlo.» Viendo otra arista del asunto, Yoryet Musa, de 4to año en el capitalino ISDi, afirma: «Para poder realizarse profesional e intelectualmente hay que luchar contra todos los obstáculos que se presenten en el camino, siempre confiando en un futuro mejor.»

En la tierra de Ignacio Agramonte, Adisley Guevara, de Ingeniería Civil, apuntaba: «algo esencial es no arrepentirse de lo hecho, sino tomarlo como experiencia». En tanto, el futuro contador Darién Alfonso, tal vez el más optimista de nuestros entrevistados, piensa que todos  pueden lograr cuanto sueñen en la vida, si le ponen el mayor esfuerzo.

La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días.  Benjamín Franklin (1706-1790) Estadista y científico estadounidense.

De este tema, al parecer eterno, los criterios llenarían muchísimas páginas. Por eso, casi al cierre, los dejamos con estos, bastante originales. Ellos son felices… 

-Al tener mucha información sobre microorganismos y astrofísica… Gabriel Suárez, 3ro Comunicación Social.

-Al tomarme un helado de chocolate. Yeniset Leal, 5to Derecho.

-En el deporte, si España ganara un mundial de fútbol. En lo profesional si llegara a ser diplomático. En lo cultural, poder hablar con Ricardo Arjona. Económicamente, tener un Restaurante en la Costa del Sol. Frank Márquez 5to Derecho.

-Cuando  asisto a una buena conferencia. Rayner García, 5to Filosofía.

-Si mis padres y yo  tuviéramos tiempo para conversar y estar juntos como cuando era pequeña. Danais Alfonso 5to. Ingeniería Química.

Si tuvieron la ¿feliz? idea de leernos hasta el final, les comentamos una noticia de último minuto. Aunque el cineasta Fernando Pérez nos susurró en La vida es silbar que en el 2020 se decretaría la felicidad para todos los cubanos, la cosa parece un tanto más difícil.

De todas formas no hay que alarmarse, porque una cláusula secreta de la Teoría de la Relatividad afirma que a cada quien corresponde su cuota de momentos felices: unas libras de salud, amor, productos del agro, dinero, reguetón y paz. Las de este mes ya llegaron: Ah, márquennos, que apenas guardemos los cambios efectuados en el disquete flash nos vamos para la cola. ¿A quién se le ocurrió…? SE BLOQUEÓ LA MÁQUINA. “¿Pudiste salvar?” “¡¡Qué bueno!!

Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace. Jean Paul Sastre (1905-1980) Filosofo y escritor francés.

Definir el horizonte y caminar…
Como una universitaria más, pero con la experiencia de varias investigaciones en temas juveniles, la doctora en Ciencias Psicológicas y profesora titular de la Universidad de La Habana, Laura Domínguez García, aceptó dialogar vía telefónica con Alma Mater. Aquí van sus felices miradas al polémico asunto que nos ocupa.   

 ¿Cómo se define la felicidad desde la Psicología?
La felicidad es una categoría que cada cual se representa de manera individual, aunque pueda haber un paradigma de felicidad construido socialmente, y que por ejemplo se observa en los medios masivos. En el sistema capitalista, el término está asociado directamente con la cantidad de bienes que uno posea, es un sentido consumista; en nuestro país, aunque ha habido muchos cambios, aún queda el sentir del hombre nuevo que definiera el Che.

¿Hacia dónde usted cree que se oriente el ideal de felicidad de los universitarios cubanos?
Partamos de algo: la felicidad está relacionada con deseos, proyectos, aspiraciones, de cuya realización depende el que los jóvenes se sientan más o menos felices. En al ámbito universitario se observa una tendencia a que entre esos proyectos esté el graduarse con éxito, desempeñarse como profesional en un lugar adecuado, superarse, llegar a ser master, doctores, escribir libros, viajar…

Otra esfera es la de la familia. Los jóvenes hacen referencia a que los padres sigan juntos o que se reunifiquen en caso de estar separados. Y que todos en la casa tengan buena salud. Igualmente se refieren a la familia que ellos mismos desean construir. Aspiran a tener hijos y educarlos para que sean hombres de bien.

Un tercer ámbito es la pareja: encontrar la ideal o seguir con la que se tiene. Esto a la par que una aspiración también es un conflicto, por la imposibilidad a veces de hallar la media naranja. Y unida a estas líneas, está obviamente, la satisfacción de necesidades materiales como tener una vivienda, determinados artículos, llevar una vida holgada. ¡Ah!, se me olvidaba, no debemos desconocer hablando de felicidad lo necesaria que resulta la realización de uno mismo. O sea, sentirse realizados, aceptados, reconocidos por los demás.   

¿Y qué barreras encuentran estas aspiraciones?
Miren: para alcanzar estos proyectos hacen falta dos condiciones. Una sería elaborar estrategias para su consecución y la otra prever posibles obstáculos, o al menos, tener capacidad de reestructurar el campo de acción, algo así como: «si no se puede por una vía, voy por la otra, pero no me dejo aplastar por la realidad». Las investigaciones que hemos realizado —no solo con jóvenes universitarios—  nos dicen que hay una pobre concepción de la estrategia.

¿Esto será por la improvisación que según muchos nos caracteriza a los cubanos?  
A mi juicio son limitaciones de la educación que han recibido en la escuela y en la familia. Tenemos patrones educativos muy paternalistas, que acostumbran al adolescente y después al joven a que le pauten lo que tienen que hacer. Es un tipo de enseñanza muy reproductiva, que pretende protegerlos pero termina limitándolos.

Claro, no se deben desconocer lo que nosotros llamamos factores externos. Si desde el punto de vista interno uno dice: «no lo voy a lograr porque soy tímida o perezosa», en el plano externo están influyendo las carencias del país, los problemas materiales, además las incomprensiones e incapacidades de padres y profesores.

Generalmente hay una tendencia a ver más obstáculos externos que internos, lo cual nos habla de que la autovaloración, la autocrítica, no ha llegado al nivel que debiese.

Por otra parte, de acuerdo con determinadas investigaciones que dirigí, donde se trató de ver la relación entre proyectos personales y empleo del tiempo, hay jóvenes que tienen definidas sus metas, pero no saben administrarse el tiempo para lograrlas. Esto es una habilidad que se educa, y que tenemos poco desarrollada.

¿Usted cree que los jóvenes hablan habitualmente de la felicidad?
Me parece que no, aún cuando deberían hacerlo.

¿Cree usted en la felicidad?
Les confieso algo: a veces a mi edad, después de haber sorteado muchos problemas, la felicidad me asusta. Pero a los jóvenes les recomendaría que sigan pensándola, que definan a dónde quieren llegar y busquen los caminos.  


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Actualizada: 10 de mayo/2007

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