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Alma Mater, 85 aniversario.
MANUAL DE CÓMO HACER AMIGOS DURADEROS (PARTE II)
Por Jorge Sariol
Para cumplir la segunda parte de recorrido de presentaciones por la provincia de Holguín, El Enviado de Alma Mater sale temprano en la mañana del 17 —miércoles, octubre— con los amigos de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU).
En todo el trayecto, y entre siete y ocho de la mañana, se desparraman los niños con sus uniformes que van camino a la escuela solos, en dúos, tríos, cuartetos o grupos; en bici, en carretas o a caballo.
La próxima parada es en el poblado de Levisa, luego de unos minutos en la ciudad de Mayarí, cabecera del territorio, y de la que sus habitantes —105 028 en total, de los cuales 63 094 tienen edad laboral— dicen con orgullo será la capital de la provincia del mismo nombre, el día que el país acepte que es demasiado el tamaño y la importancia económica de la zona para ser solo un municipio, abundantes en “minas a cielo abierto de gran extensión”, con minerales lateríticos formados como producto del “intemperismo” en zonas lluviosas tropicales.
En Levisa la presentación es peculiar. Es en una Sede Universitaria Municipal (SUM) que es una micro-universidad llevada a lugares donde potencialmente hay posibilidades de encontrar resultados. Se realiza en un parque infantil llamado El Ismaelillo y ante una quincena de muchachas, algunas de las cuales están acompañadas de sus hijos. Son estudiantes —de primer año la mayoría— de Psicología, Comunicación Social y Estudios Socioculturales. Algunas son miembros de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), otras no. Nunca han visto la revista ni han oído hablar de ella, aunque una mucha sí: la leía frecuentemente hace seis años cuando es
tudiaba en Economía en la “Universidad de Oriente”, en la vecina provincia de Santiago de Cuba; pero empezando el tercer año se casó, salió embarazada y la vida se le complicó demasiado. Vino a vivir con el esposo, que trabaja en las minas y aquí en Levisa está echando raíces. Su nombre debía ser Anhelo pero en realidad es el clásico nombre cubano femenino actual, repleto de consonantes Y, K y S, algo que parece una epidemia nacional. Todas prestan una atención respetuosa y tienen en los ojos un montón de preguntas que no harán aunque El Enviado hace malabares para motivarlas.
Finalmente, varias manos se levantan: “¿por qué hay tan poco uso de la caricatura?”, “por qué no hacen una sección que ayude en saber las normas que exige la revista para admitir colaboraciones?”…
Luego de la presentación invitan un recorrido por el parque infantil, que dejaría verde de envidia a unos cuantos municipios en la capital del país. Varios aparatos electro-mecánicos, todos en perfecto estado, se distribuyen por el área, con la estrella giratoria coronando una pequeña colina a la que se sube por una escalinata escoltadas por carrileras de marpacificos rojos y amarillos,
y por la cubanísima flor de la mariposa.
Desde allí arriba se ve parte de Nipe, una de las cinco bahías más grandes del mundo. Y se ve también las dos chimeneas —una humeante en rojo—, de la planta René Ramos Latour, con capacidad para unas 17 000 toneladas métricas anuales de sínter de níquel más cobalto, extraído de las famosas minas, cercanas a los no menos famosos e imponentes cerros de Pinares de Mayarí, y que emplea una de las dos tecnologías para la obtención del níquel: lixiviación carbonato–amoniacal (Proceso Caron), que se usa en los minerales con alto contenido de magnesio), y cuyo producto terminado es el sínter de níquel, es decir mezcla de Ni con Ni O, de alto contenido del metal.
Las muchachas estudiantes reconocen con pena que el parquecillo, donado por la poderosa planta niquelífera, está casi siempre vacío. «Las futuras graduadas de Estudios Socioculturales tendrán que ser las encargadas de cambiar esta realidad» me dice Leonardo Arias es
tudiante de 5to año de Derecho, a cargo de la Secretaría de Divulgación en la FEU en la provincia de Holguín y quien ha servido de anfitrión a la revista durante todo el recorrido.
Nos habían invitado a visitar la planta niquelífera, pero andan todos allí de corre-corre pues uno de los filtros de una de las chimenea se ha roto hace más de 12 horas —por eso el humo rojo constante que se veía en lontananza—, y el CITMA, es decir, la oficina del Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente en la provincia, ha puesto el grito en el cielo…y también en las instancias más altas del gobierno y del estado, cuando empezaron a levantar teléfonos.
De todos modos reiteran la visita y vamos: « El filtro nuevo cuesta bastante y hay que traerlo de Europa; se demora nueve días, y en algunas parte no quieren vendérnoslo », dice la ingeniera Mastrapa, quien nos recibe. «De momento vamos a remendar, porque la producción no se puede parar, pero la contaminación sí. En eso estamos».
La jefa de capacitación de la empresa, la licenciada Noa, experta en economía, nos recibe con una sonrisa cuando le obsequiamos un ejemplar de octubre de Alma Mater: «Madre mía», dice…«desde que era estudiante no me topaba con una…», pero no dice cuando fue eso, aunque se ve joven «…ha cambiado bastante desde entonces» «¿Para bien o para mal?» « «Ni mejor ni peor, pero son otros tiempos. Se ve más atractiva, eso sí; cuando la lea bien les digo».
Entre la licenciada y la ingeniera nos enteran de unas cuantas cosas, sobre todo de la relación empresa-universidad. «Hemos puesto la René Ramos Latour a disposición de los centro de educación superior, les hemos presentado nuestro banco de problemas y les hemos ofrecido las instalaciones para trabajar, pero no hemos avanzado mucho.»…
« Vienen algunos pero luego de graduados se los llevan para otro lugar. Sabemos que esto aquí es el fin del mundo y que las condiciones son poco atractivas, más bien duras y eso no es fácil»…«Hay un caso de un graduado de economía que su servicio social lo está pasando en una biblioteca en Mayarí y aunque quiere venir para acá, no lo dejan, por razones de esquemas burocráticos»...«A veces hemos pedido 22 ingenieros de los recién graduados y llegan dos, tres, cuatro a lo sumo,
y la corporación empieza a subir el promedio de edad; aunque la gente aquí se jubila tarde por propia decisión, esto es un trabajo duro.»…«La solución, con la anuencia del MES, ha sido armar las llamadas “aulas cautivas”, que son casi una sede universitaria dentro de la planta, para graduar a los trabajadores de aquí que quieran superarse en distintas carreras que necesitamos, y en las que damos desde las asignaturas de la especialidad y las electivas —todas—, hasta conducción vial, entre las optativas. Pero somos un centro donde lo principal es la producción, no la docencia.»
Al filo de las tres de la tarde retomamos el camino hacia Moa, destino final del recorrido por Holguín, pero la carretera, de por si mala, ha empeorado con los “aguaceros” interminables de estos días. Hay desvíos, en tanto los puentes aún están cerrados.
Es tanta la demora que el auditorio que nos esperaba a las 4:30 —estudiantes del Instituto Minero Metalúrgico de Moa—, ha hecho mutis y no precisamente por el foro a las cinco y cuarto.
Los que no están becado, o viven lejos o están en medio de exámenes y un montón de tareas. Pero queda una veintena y con esos Mater comparte
su Alma.
El Enviado acepta las sugerencias, luego de presentar la revista, el número de octubre y casi la vida cultural del país, en esta universidad de una región remota y económicamente poderosa: «¿Por qué no envían boletines vía e-mail?»…«Debían hacer una tirada en papel gaceta, pá que llegue hasta aquí, a donde nunca llega nada»… « De vez en vez vengan a hacer presentaciones como estas, pero no nos dejen para lo último del viaje. El “profe” —dice Diasmeli Caboverde, señalando al Enviado— tiene cara de estar fundido por el traqueteo».
Y en parte es verdad.
Pero aún así se decide regresar la misma noche a Holguín, para dormir un poco más en la mañana y a medio día partir para Camaguey donde nos esperan, afilándose los dientes, los muchachos de la carrera de Periodismo y dos sedes universitarias municipales más.
La historia de esta tercera parte viene en la próxima entrega.
PRIMERA PARTE...
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