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ME GRADÚO
Por Jorge Sariol
Ilustración: Erick Silva
La práctica como criterio D (Primera parte)
En 1976 el perfeccionamiento continuo de los planes y programas de estudios universitarios cubanos fue tarea priorizada. Desde entonces y hasta la fecha han desarrollado tres: a partir del curso 77-78, comenzó el plan A; con el 82-83, el plan B, y con el 90-91, se iniciaría el plan C. En el período lectivo 97-98 arrancó el perfeccionamiento del C, vigente aún hoy, y que se diferenciaba no por aspectos cualitativos, pues no hay una transformación completa en el modelo pedagógico que lo sustenta, sino en la formulación de los objetivos educativos.
Sin embargo, ¿han percibido los estudiantes que se formaban bajo el plan C, el C perfeccionado o el C prima? ¿Ha habido equilibrio sistémico entre la universidad, el organismo empleador o la responsabilidad individual del estudiante? ¿Cuántos hicieron tesis en un tema al que luego se dedicaron de egresados? ¿Será cierto que solo trabajando se aprenden métodos de trabajo?
En pleno progreso de las variantes C se inició también la Batalla de Ideas. Uno de sus postulados, la universalización de la educación superior, trajo consigo un replanteo en la aplicación de métodos y formas de enseñanza tradicional; era ya un imperativo modificar incluso la «presencialidad» en clase, en favor de la autopreparación, para que el estudiante fuera más gestor de la información que precisaba, de sus conocimientos y de su propia formación.
Las carreras debían tener campos de acción y esferas de actuación de manera colegiada. Es decir, la transformación tendría que ir más allá, en ruta a un nuevo cambio curricular.
SEPTIEMBRE 2003, EL PLAN D
Un grupo base del equipo de Dirección de Formación del Profesional, del Ministerio de Educación Superior (MES), compuesto por las doctoras María Rosa Milán Licea y Diana Mondeja González, y encabezado por la profesora ingeniera Hilda Ruiz Echeverría, se encargó de encaminar el plan.
«Comenzamos el largo proceso —recuerda la ingeniera Ruiz— con encuestas y entrevistas, además de talleres científicos con los claustros y con los presidentes de las comisiones nacionales de carreras; promovimos encuentros con los asesores de las direcciones de Formación del Profesional, incluyendo a los de centros de educación superior no adscritos al Ministerio de Educación Superior (MES). Todos, replanteándonos la pregunta de si era necesario un nuevo plan de estudios.
«Esta primera parte duró un curso completo e incluyó en las discusiones a los organismos centrales del Estado, para definir lo aprovechable del plan C —porque no se trata de eliminar todo y empezar de nuevo— y conseguir la dialéctica de la estabilidad del cambio, de acuerdo con las necesidades sociales del país».
Cada carrera universitaria tiene su propia comisión nacional, con un presidente —doctor y profesor de esa especialidad—, y varios integrantes, todos académicos de prestigio, de diferentes universidades, además de representantes de los organismos empleadores, en calidad de invitados. La universidad rectora es la de mayor experiencia en el tema.
La profesora Hilda Ruiz explica otros detalles: «para cada carrera se abre un proceso; en septiembre de 2003 comenzó el primero, con sus comisiones nacionales. Un cambio curricular presupone modificaciones para todas, al menos para las del MES, aunque después se suman las demás. Si no están en condiciones no empiezan. Finalmente como acuerdo ministerial se aprueba el plan D.
«Es raro que no se certifique una implementación de un plan D, pues cuando se llega al tribunal —porque requiere de un acto de defensa académica—, ya se han agotado los análisis posibles del documento base. Incluso, la mayoría de las carreras de Ingeniería eligen presentar parte de su proyecto ante comisiones de organismos empleadores. Esto hace un poco largo el proceso, dos años como promedio, pues son varias carreras desarrollándolo de modo más o menos simultáneo.
EL RECLAMO DE LOS TIEMPOS
Los universitarios del plan A y B hubieran dado el mundo por el D: menos «presencialidad» en clases, más acciones investigativas, más trabajo independiente, más práctica… Un perfil rápido muestra que además de las asignaturas de la profesión, el D prevé, entre otras cosas, fondo de tiempo (el 10%) para todos los cursos y asignaturas optativas-electivas —que la comisión puede sugerir, pero es potestad del centro homólogo estudiar y definir. Primero, segundo y tercer años tendrán más de 26 horas/clase, y 4to y 5to no más de 20 semanales. El incremento de la actividad práctica será sistémica y colegiada. La modalidad presencial limitará el cúmulo de exámenes, y se exigirá un desarrollo de la oralidad de los estudiantes en las carreras técnicas.
Cuando se discutía la aprobación del nuevo plan, muchos centros andaban afinando el llamado C prima. A pesar de esto, muchos estudiantesconsideraron no haber tenido mejores prácticas laborales.
Tal vez por ello los integrantes del equipo de Dirección de Formación del Profesional del MES consideran que sin la participación de los organismos empleadores, esta propuesta no tendría pertinencia social.
«Es requisito que las universidades donde se imparte una carrera inscrita en el cambio curricular, puedan adecuar algunas asignaturas a la localidad y al contexto —asegura la doctora Diana Mondeja González—; esto hace que tenga una mayor flexibilidad. No puede ser algo circunstancial. En cada momento se analiza lo que cada momento exige. Una carrera debe iniciar en el plan D al unísono en todas las universidades donde exista.
Si por alguna razón excepcional, en tal centro, de tal provincia, tal carrera no pudiera empezar en el plazo de un año, es decir en el curso siguiente, tiene que hacerlo.
«Como ya están funcionando las Sedes Universitarias Municipales (SUM) —en la actualidad son 3 mil 150 sedes—, hay que defender ambos planes, el presencial —del curso regular diurno— y el semipresencial».
La hora D
«El plan D va a cambiar el estilo de aprendizaje del estudiante —asegura Hilda Ruiz—, para que desarrolle una actividad cognoscitiva en el uso más eficiente de las tecnologías de la comunicación y del conocimiento. Este septiembre comenzó con 21 carreras entre ellas, las últimas defendidas, Radioquímica e Ingeniería en Tecnología Nuclear del Instituto Superior deTecnologías y Ciencias Aplicadas.
«No existen metas, pero la premisa es que todos los estudios universitarios cubanos estén dentro del plan D para el curso 2008-2009».
Una de las primeras carreras que comenzó a desarrollar el plan D fue Agronomía; en este período lectivo, transita por su segundo año.
Veamos en un próximo trabajo la práctica como criterio de la verdad.
Las carreras de Humanidades tienen a la Universidad de La Habana como centro rector; la CUJAE lo es de casi todas las carreras de Ciencias Técnicas; el Instituto Minero Metalúrgico, de Moa, es el encargado de esa especialidad; la Universidad de Oriente, en la carrera de Química y la Universidad Hermanos Saíz, de Pinar del Río, lade Ingeniería Forestal; así, varias universidades tienen comisiones nacionales.
Comenzando la segunda mitad de la década de los 70, los únicos que no se quejaban de falta de prácticas laborales eran los estudiantes del recién creado Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona: tenían de sobra, tanto como presencialidad obligatoria —incluso en las actividades extradocentes—, puntualidad estricta y exámenes por montones.
Asignaturas optativas son aquellas que obligan al estudiante a profundizar en determinados contenidos científicos de su interés. Las electivas, en cambio, amplían su cultura general.
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