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Alma Mater inicia un espacio de recuerdos.
Intelectuales de todas las artes han sido convocados a compartir sus vivencias personales durante sus años universitarios.
LA UNIVERSIDAD Y YO será como una memoria viva, para que poetas, actores, músicos, historiadores, pintores, dramaturgos, científicos, viejos o jóvenes, expresen el significado que tuvo en ellos sus años como universitario.
Una crónica de César García del Pino, notable historiador e investigador, da comienzo a esta sección.
CÉSAR GARCÍA DEL PINO
El primer ascenso a la colina universitaria tuvo lugar en 1949, para pasar un curso sobre técnicas arqueológicas que brindaban los doctores Carlos García Robiou y René Herrera Fritot, a todos los que practicábamos dicha disciplina con solo una base teórica, adquirida por el estudio de obras sobre el tema.
En el referido curso fue que nos acabamos de formar profesionalmente —incluía trabajos de campo— todos los que, en el período posterior, realizamos excavaciones arqueológicas; pero no menos importante sería que ambos profesores —no recordados como merecen— pasaron a ser amigos y consejeros de los que fueron sus discípulos.
En el año académico 1953-54 matriculé Filosofía y Letras y pronto me vi involucrado en la lucha estudiantil contra la tiranía, junto con Mario Rodríguez Alemán —que se graduaba ese año—, Carlos Lainé y otros que logramos ganar las elecciones y obtener la dirección de la Asociación de Estudiantes de la escuela, de la que fui Secretario de Cultura.
El curso siguiente tuve que «perderme» de la Universidad, al ser detenido y torturado un joven cardenense que había sido electo Presidente de la Asociación, por sus nexos con José Antonio Echeverría.
Al triunfo de la Revolución, se me encomendaron distintas tareas que absorbían todo mi tiempo e impidieron la posibilidad de proseguir mis estudios. En ese intervalo se produjo la Reforma Universitaria y desapareció la Facultad de Filosofía y Letras.
En 1962 laboraba en el Ministerio de Relaciones Exteriores como Jefe de Departamento y fui designado, junto con otros funcionarios, para estudiar Ciencias Sociales en el curso nocturno, lo que realicé ese año y los dos siguientes. Pero la responsabilidad del trabajo, los estudios, las guardias del MINREX, las del Comité de Defensa de la Revolución y el BON de Milicias a que pertenecía, amén de que acababa de doblar el peligroso cabo de los 40 años, me produjeron un accidente cardíaco —debido al estrés, según el especialista que me atendió— que motivó un largo reposo y me alejó de la Universidad.
Ya repuesto me incorporé al trabajo, como Investigador en la Biblioteca Nacional y posteriormente en otros centros, de acuerdo con las necesidades de la Revolución. Así, en el período 1971-73 desempeñé una comisión en Europa, donde realicé investigaciones en archivos de Inglaterra, Francia y España, particularmente en el Archivo General de Indias de Sevilla.
En 1991 la Universidad de La Habana me otorgó el grado de Maestro en Ciencias Arqueológicas, al igual que a otros colegas que también llevaban muchos años dedicados a estaciencia.
Solo me falta añadir que, a pesar de haber cumplido ya 80 años, continúo trabajando e investigando con el mismo entusiasmo que en mis años mozos y que guardo un cariñoso recuerdo de mi paso por las aulas de la que fue mi Alma Mater.
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