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Sección La Universidad y yo

 

 

 

FERNANDO GONZÁLEZ LLORT

LA UNIVERSIDAD Y YO

Por Fernando González Llort

Compañeros de la Revista Alma Mater:

Fernando González Llort - Preso injustamente en los Estados Unidos de América

Antes que todo felicito a Alma Mater en el aniversario 85 de creado ese órgano, voz de los estudiantes de la Universidad, y fundado por Julio Antonio Mella.

Doy las gracias a la revista por esta oportunidad que nos brindan de compartir con los estudiantes universitarios de hoy, que suman cientos de miles gracias a los programas puestos en práctica en los últimos años.

Ojalá que para toda esa masa de universitarios no sea tan difícil el acceso a la revista como lo era para mí cuando estudiaba en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales. Siempre me sentí atraído por la revista y por los temas en ella tratados. Pero, quizás por la ubicación geográfica del Instituto, lejos de las instalaciones centrales de la Universidad de La Habana, se hacía difícil en aquellos días obtener un ejemplar actual. Testimonio también de la demanda por la publicación.

Comencé mis estudios universitarios en 1981 y me gradué en 1987. Puedo decir que ese período de seis años fue uno de los más alegres, felices e importantes de mi vida hasta ahora.

Es una etapa en que uno cree que físicamente es capaz de hacerlo todo, y a veces pareciera que es cierto. De manera que, además de la responsabilidad como estudiante y del espíritu festivo propio de esa edad, participaba en eventos deportivos y culturales, en la FEU y en la Unión de Jóvenes Comunistas.

En esta última, como miembro del Comité de Dirección del Instituto, precisamente atendía la esfera de la cultura. Y para no quedarme atrás, durante cuatro años de la carrera fui miembro del grupo «Teatro Nuestro» en el cual aprendí mucho y con el que participé en festivales de la FEU provinciales y nacionales.

Guardo muy gratos recuerdos de esa experiencia. Del rigor, la disciplina y la seriedad con la que asumíamos la preparación, los ensayos y los compromisos de presentaciones. Como parte de ese colectivo de aficionados tuve mi primera y única experiencia como «actor», disfrutamos y celebramos también los triunfos y premios obtenidos en festivales universitarios. De aquella época existe un artículo en una edición de Alma Mater reseñando el trabajo del grupo.*

Además de esa incursión en el terreno de la actuación, durante los años en la universidad participé también en diversos eventos deportivos. En este quehacer, a diferencia del grupo de teatro que obtuvo varios premios, mi generación no pudo dejar una huella digna de recordar en cuanto a resultados de los que el Instituto, o nosotros los participantes, nos podamos enorgullecer. Eso no quita, sin embargo, que nos divirtiéramos entonces, y que lo recuerde como una experiencia agradable, alegre y positiva.

Lo que sucede es que el nuestro era un centro de enseñanza pequeño, de solo alrededor de 150 estudiantes. Era casi imposible conformar equipos deportivos de calidad a pesar del entusiasmo con el que lo asumíamos. Casi las mismas personas eran miembros de equipos en varias disciplinas deportivas a la vez. Eso sí, aunque no ganáramos, competíamos con tremendo entusiasmo.

Fueron años muy importantes en nuestra formación, no solo desde el punto de vista académico.

La preparación que ofrecía el Instituto era muy buena, aun cuando creo que pude haberla aprovechado mejor. El colectivo de profesores era muy capacitado y el rigor de las clases, así como del análisis que la brigada de la FEU y el Comité de Base de la UJC hacían del rendimiento académico, conducían a un ambiente de una alta responsabilidad en los estudios.

Entre las asignaturas que más me atraíanestaban Relaciones Económicas Internacionales y Derecho de Tratados. Debe estar relacionado con que los profesores de cada una de ellas se encuentran entre los mejores que he tenido en toda mi vida de estudiante.

La Estadística Matemática, entre las asignaturas básicas de los primeros años de la carrera, fue la que más dificultades me causó, a pesar de que me gustaba su contenido.

¿Qué hábitos o costumbres incorporé en esa etapa?

Fernando González Llort

Bueno, principalmente la consolidación del hábito de lectura. Ya lo traía conmigo, pero en esos años se convirtió en algo imprescindible que me acompaña hasta el día de hoy. Además de la lectura abundante relativa al currículum universitario, me interesaba por la literatura de ficción y el testimonio.

Mis años de estudiante universitario, con las responsabilidades, la participación en eventos de tipo político, los estudios, los amores y la diversión propios de la edad, fueron tiempos de gran influencia en la formación.

Creo que todavía hay en mí algo de la Universidad, de aquellos años y aquellas experiencias, de aquel entusiasmo y aquel espíritu que recuerdo con cierta nostalgia.

No sé si con estos comentarios cubro los intereses de Alma Mater para su sección «Universidad y yo». Espero que la revista continúe haciendo el trabajo de divulgación de la vida universitaria por muchos años más y, nuevamente felicito al colectivo que la saca a circular en esta etapa de la vida de Alma Mater.

 

*«Más allá de un Gran Premio». Alma Mater, No. 245, marzo de 1983.

 

Fernando González Llort
Centro Correccional Federal Oxford.
Wisconsin.
Estados Unidos de América.

 

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Actualizada: 12 de noviembre/2007

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