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MARINELLO SACUDIÓ LA MARINA
Por Joel García
La educación en Cuba entró en 1940 en una nueva fase. La Constitución de ese año aprobó que se redactara una nueva Ley de Enseñanza y se creara, para eso, un Consejo Nacional de Educación y Cultura. La designación de un comunista, Juan Marinello, en abril del 41 para dirigir la Comisión de Enseñanza Privada de ese Consejo provocó la histeria de muchos medios de prensa. Esta es la historia sobre la polémica que sostuvo uno de ellos, El Diario de la Marina, con el destacado intelectual.
Los personajes que narran la historia son ficción, no así los protagonistas. La que volvió a vivir como si fuera abril del 41 lo hizo desde el portal de su casa; el que prefirió el anonimato susurró su testimonio desde un oscuro cuarto de La Habana Vieja. A los dos, gracias.
“Bagert, llame a Raúl Maestri, dígale que venga a mi despacho urgente”. Esas fueron las primeras palabras de José Ignacio Rivero al llegar ese 1 de abril de 1941 al Diario de La Marina. Le había visto alterado otras veces, pero esta vez parecía algo desesperado, como si el tiempo conspirara contra una noticia que traía.
“Mande a parar la rotativa, traigo algo que va en primera plana”, dijo Pepín Rivero, sentado en su máquina de escribir, a Maestri, quien inmediatamente discó el número del taller y hablócon su jefe: “Anselmo, para la primera que hay cambios de última hora”. Apenas colgó, el director del diario de mayor circulación en el país miró fijamente a su segundo y descargó: “Tú sabes lo que acaba de hacer el Ministro de Educación y su nuevecito Consejo Nacional de Educación y Cultura, designar a Marinello presidente de la Comisión de Enseñanza Privada”.
Bagert puso la taza con café en la mesa y alcanzó a oír el título que había puesto Rivero a su artículo. “Absurdo inconcebible”. Se disponía a salir de la oficina cuando el connotado periodista le pidió que telefoneara al Doctor Manuel Dorta del Comité Ejecutivo de Padres de Familia Pro-libertad de enseñanza. “Quiero esto en recuadro y en negritas. No será muy largo porque esto empieza ahora y lo que hace falta primero es que se conozca el hecho... Maestri, tiene que tener en la primerapágina la misma importancia que la Guerra Mundial, mañana nadie puede dudar que nosotros vamos a abrir fuego contra esto...”.
Al día siguiente, toda Cuba supo con el prisma de Pepín y su Diario qué cargo ocuparía ahora Marinello. Solo utilizó 5 párrafos. En uno de ellos caracterizó a Marinello de todas las maneras que pudo... “máximo paladín de la escuela unificada con el propósito de suprimir prácticamente la libertad de enseñanza; presentador de planes de estudios y textos por los que se regiría la escuela privada con la consiguiente prohibición de la enseñanza religiosa en los planteles de docencia común; comunista que denunció mentirosamente el criterio religioso como desorientador y deformador de las ciencias, y como factor de disociación del pueblo”.
Hubo un párrafo que fue revisado una y otra vez por Rivero. Lo leyó en voz alta y le hizo una última acotación casi cuando lo entregaba: “Pero si tales argumentos fueran poco a la luz –a la sombra mejor- del absurdo mismo, ¿cómo se concilia que en instantes de suma gravedad en que se pronuncia el continente en defensa de sus instituciones democráticas y se investigan las actividades del profesorado para excluir de la misma a los comunistas, se designe a Marinello, que es su líder en Cuba, para la presidencia de la Comisión?”.
II
Cerca de mi casa vivía Xiomara, hermana de Miguel Bagert, el ayudante o jefe de despacho de José Ignacio Rivero. Xiomara era más hermana mía que de él. Conspiraba con nosotros para el Partido Unión Revolucionaria Comunista (PURC), y no había tema, comentario o detalle de interés que el hombre de confianza de Pepín hablara en su casa, que no conociera la dirección del periódico Noticias de HOY. La información fluía rápido, pues yo era la otra cara de la moneda, la secretaria de su director, Aníbal Escalante.
Aquel 1 de abril, Xiomara llamó directo al periódico para informarme que algo en contra de Marinello saldría al día siguiente en el Diario de la Marina. Apenas se lo dije a Aníbal, este resolvió levantar el comentario de la sección Opiniones de HOY en la página dos, y esperarleer el trabajo de Pepín Rivero para replicar inmediatamente.
En cuanto tuvimos el periódico en nuestras manos, esta vez por colaboradores que trabajaban en la imprenta de La Marina, buscamos el pequeño escrito. Recuerdo que a Aníbal lo que más le molestó fue el último párrafo donde se refería al Comité del Doctor Manuel Dorta, ya que ellos manifestaban que se movilizarían en nombre de la familia cubana.
Escalante no escribió, dictó. Mi rapidez en el teclado ayudó a que no se perdiera ni una coma. Empezó bien arriba: “Cuando el enemigo reacciona histéricamente, siempre es buen síntoma. Es, por lo menos, señal de desequilibrio y de falta de argumentos serios”. Luego fue al punto que más rabia le había dado: “En nombre de la “familia cubana” realizan su pedido Diario de la Marina y sus adláteres. ¿Familia cubana?.¿Cuál?.¿La del clero extranjero que enseña en los colegios privados una historia y una geografía antinacionales que “honra” oficialmente a Franco?. ¿O se referirá a los explotadores españoles, siempre interesados en que la cultura nacional permanezca aplastada, porque mientras menos cultura, menos conocimiento en el pueblo de sus derechos y posibilidades revolucionarias”.
Después de ver y revisar la primera copia del periódico, nuestro director, adelantó el plan futuro que seguiría el diario. “En todas las secciones cuando haga falta se hablará del tema, y todo el que quiera hacerlo podrá escribir en nuestras páginas su apoyo al nombramiento de Marinello como Presidente de la Comisión de Enseñanza Privada en el Consejo Nacional de Educación y Cultura”.
III
Los días posteriores al 2 de abril fueron de muchas visitas al periódico. La correspondencia subió y Pepín no salía casi de su oficina. Solo cuando lo localizaba alguna mujer al teléfono detenía sus trajines. Era su vicio más público y por el que paraba un tren, como dijera una vez en una reunión de amigos. Los capuchinos de coco eran sus dulces preferidos. Ese fin de semana antes de irse adelantó con picardía a Bagert qué esperaba para los próximos siete días: “Tú nunca has visto un capuchino de coco como el que me van a traer dentro de muy poco. ¡Y gratis! ”
Lejos estaba de imaginar el joven ayudante, por mucho que lo conocía, cuál era el capuchino de coco que el director de La Marina esperaba. La vida y el tiempo serían los encargados de enseñárselo. Pepín disfrutaba, como pocos, su profesión. La polémica era su capuchino de coco. Marinello sería esta vez su blanco.
Esa primera semana del cuarto mes del año el Diario mantuvo en igual orden de jerarquía lo que pasaba en la Segunda Guerra Mundial y el nombramiento de Marinello. En el ámbito nacional fue la noticia principal. Todos los artículos estuvieron dirigidos al tema y Pepín buscaba hasta el mínimo detalle, con una ironía descarnada, para volver a caer una y otra vez en el asunto.
“Y llamamos “pedagogo” al doctor Marinello porque tiene su tradición pedagógica en su condición de catedrático, bien que nombrado “de dedo” por Machado, quien extendió igual favor a otros familiares muy cercanos de su valido...los miembros de la Comisión saben profundamente su oficio y pudieran ridiculizar mano a mano con el líder rojo las teorías que Moscú impone acerca de las concepciones pedagógicas en contraposición con nuestras teorías tradicionales imbuidas del altísimo espíritu que nos legó la civilización grecorromana, y cuya base ningún pedagogo ha podido modificar todavía, como no sea, desde luego, el profesor que Machado nombró sin oposiciones”.
En la conversación con miembros de la agrupación Católica de Cárdenas que fueron de los primeros en presentarse para que le publicaran su rechazo a Marinello, Rivero les habló sin tapujos: “Las masas que componen y creen en Unión Revolucionaria Comunista hay que llamarlas masacote. Además a Marinello nadie lo quiere, el ejemplo más cerca fue su derrota cuando se postuló como alcalde”.
Como adelanto les leyó parte del editorial que ya tenía preparado para sacar en su acostumbrada sección de la página cuatro: “El señor Marinello propugna la llamada “escuela única”, a cargo del Estado y en la cual sólo se cursen aquellas disciplinas emanadas del materialismo histórico o de alguna manera conectadas con él. Esa es una escuela esencialmente política, al servicio de la revolución mundial que el comunismo postula”.
“Le estorba la escuela privada cubana porque sabe que esa escuela es, salvo contadísimas excepciones, un infranqueable valladar contra la doctrina cubana y disolvente del comunismo. Y no vale decir que ha ido a la regencia de esa Comisión por sus puros méritos de intelectual. Ya se sabe que dentro del comunismo, la inteligencia, la erudición, la cultura, la técnica, las actividades del intelecto, están al servicio de un dogma político. Lo que hará dentro de ella es tratar por todos los medios de arrimar el ascua pedagógica a su sardina moscovita como ha hecho en todos los cargos públicos a que ha sido exaltado”.
Para saborear su capuchino de coco, Pepín empleó todos los recursos periodísticos que pocos manejaban, como él, a las mil maravillas. Esa semana finalizó su quehacer pidiéndole a Marinello que renunciara ante el Consejo. Insistentemente se refería a la postura en la Asamblea Constituyente del presidente del PURC, pues en ella había dicho que la enseñanza privada tendría que desaparecer. En la primera página del domingo 6 de abril escribió el ataque más directo a Marinello en su acostumbrada columna Impresiones:
“A esos compatriotas, que constituyen la inmensa mayoría del país, se les obliga ahora a movilizarse de nuevo. ¿Contra quién?. ¿Contra una idea?. ¿Contra un régimen?. ¿Contra un principio?. No. Sencillamente contra un hombre que si ha ocupado una posición que no puede ocupar es porque cree ingenuamente que, respecto al comunismo, todavía en Cuba se pude engañar a alguien”.
IV
Los talleres de HOY pedían, imploraban una reparación total. La campaña lanzada un año antes para comprar uno estaba casi en su mayor esplendor. Se decía que antes del primero de mayo estaríamos en los nuevos locales. Aníbal, serio y hermético, se comunicaba a diario con Blas Roca ye l propio Marinello para mantenerlos al tanto y recibir algunas orientaciones de la dirección partidista. Aunque a decir verdad, más que imponer criterios o política informativa, lo que se practicaba era un rico intercambio de puntos de vista.
La mayoría de los que trabajaban en el periódico eran colaboradores. Su papel entonces fue de gran altura, pues lograron un palo periodístico con una declaración exclusiva del Ministro de Educación, Juan José Remos, en apoyo al resonado nombramiento: “Entiendo que la designación de Marinello como presidente de una comisión honra el cargo...en cuanto a su condición de comunista, aunque yo no lo soy, entiendo que las ideas no pueden ser ni deben ser coaccionadas, sino que debe existir la libertad. Eso es lo justo y lo correcto. Él está actuando sin sectarismo de ninguna clase, y todos los miembros de la Comisión, como este Ministro, se encuentran muy satisfechos de su trabajo”.
El domingo era mi día de descanso, pero hubo un acto en el Teatro Nacional, no el que conocemos hoy, sino el que está a un costado del Parque Central, para reafirmar la unidad con Blas Roca, secretario general del Partido, que también estaba en la picota pública de la prensa reaccionaria – Alerta, Acción, Avance y La Marina- por un supuesto insulto del manzanillero a los mambises en una actividad de la organización. El fuego contra los comunistas era cruzado y perenne, pero a más fuego más plomo disparábamos...
Ante más de dos mil personas, Marinello cerró con lucidez y precisión incomparable la actividad. Todavía me erizo cuando recuerdo sus palabras. Primero argumentó con historia viva por qué la calumnia contra Blas era un subproducto del cinismo y la mentira: El final fue la primera embestida contra aquellos que convertían su elección en un grotesco y burdo ataque hacia la educación que realmente necesitaba el país.
“Los que levantan la campaña insidiosa saben también como nosotros que la fuerza de un hombre no puede sojuzgar en un día el criterio de un cuerpo numeroso y capaz…, que nosotros no queremos, como se dice, la desaparición violenta de la enseñanza privada, saben que queremos sencillamente lo que quería Martí: “ ni enseñanza religiosa, ni enseñanza antirreligiosa”. Lo que queremos simplemente es que la actividad docente responda de una manera estricta y cierta a los principios democráticos y republicanos que la Constitución consigna”
Recordó antes de concluir que Enrique José Varona , 25 años antes, solicitó lo mismo que él para la docencia cubana y el Diario de Don Nicolás Rivero, padre de Pepín, desató una campaña con los mismos argumentos que ahora exponían. Afuera del teatro le di un beso de esos que se van solos y le presenté a una prima que recién llegada de las Villas ardía en deseos de conocerlo.
V
“Abrimos la primera con este proyecto de legislación que impedirá a los totalitarios figurar en el Consejo Nacional de Educación y Cultura”, indicó Pepín el lunes 7 de abril durante el mitin habitual de las cinco de la tarde con el padre José Rubinos, Raúl Maestri, y los jefes de redacción Eladio Secades y Miguel de Marcos, así como con otro de sus ayudantes, José Sobrinos. En la semana se dedicaron a perfeccionar algunas cosas y a rectificar otras que, al parecer, no habían caído del todo bien en los círculos de poder.
“Hay que dejar claro que lo nuestro no es un movimiento de oposición al Gobierno ni al Ministro de Educación”, inquirió el padre Rubinos en una de las tardes rutinarias de esa semana. “Vamos a concentrarnos en demostrar, basado en ejemplos de países civilizados, que la lucha entre la democracia y los sistemas políticos que la combaten es de vida o muerte para la primera, por lo que no se puede tolerar que los adversarios realicen impunemente actos de propaganda a favor de sus doctrinas y utilicen el vehículo pedagógico para envenenar con ellas a la niñez y la juventud”, afirmó con ligera maestría Maestri.
Para Pepín la clave de la designación de Marinello estaba transparente. “En la escuela las conciencias y las mentes poseen una plasticidad propicia a las ominosas deformaciones, por eso las tendencias políticas antidemocráticas y muy especialmente la comunista procuran instalarse en los centros de enseñanza, sabedores de que quienes consigan ocupar semejantes baluartes difícilmente podrán ser derrotados”.
El sábado por la mañana, día en que fue a cenar con una alta autoridad de la Iglesia Católica de la capital, pasó temprano por la redacción y dejó con Bagert un pequeño pero violento e irónico comentario sobre la actitud asumida por el Club Atenas- agrupación de color-, y la personalidad del renombrado jefe rojo.
“El comunismo ha logrado alinear por lo que se ve a buen número de negros frente al espíritu católico… entiendo que el señor Marinello es persona muy educada y para ser comunista, bastante ilustrada, pero sólo podría tratarlo de igual modo sintiéndome comunista como él. No siendo así he de verlo como lo que es: mentor y jefe de un partido en que se encarnan las 3 ideas monstruosas de anti-dios, anti-patria y anti-libertad. Digo, a no ser que Marinello haya inventado y fabricado un comunismo especial para la directiva del Club Atenas.”
VI
Lo que más me colmó de regocijo los días antes de que Marinello llevara sus trabajos a HOY fue el apoyo que le dio el Consejo cuando presentó su renuncia, no para complacer a nadie, sino para que vieran la entereza de su pedestal. Sólo el señor Alfredo Aguayo votó en contra. Todas nuestras secciones, Tribuna Popular, Leyendo la Prensa, En su punto, amplificaron la algarabía de respaldo.
El lunes 14 por la mañana todos nos reunimos en el salón principal del taller. Aníbal empezó a explicar los cambios que íbamos a tener dentro de un mes aproximadamente. No informó el lugar exacto donde quedarían los nuevos talleres, aunque la gente más apegada a la dirección ya sabíamos que la mudanza sonaba a calle Desagüe. “No vamos a incrementar mucho las tiradas. Los periódicos buenos en el mundo no son los de más ejemplares. La calidad tiene que estar en lo que se escriba, para que la gente interesada que nos compre sienta que leen el mejor periódico”, puntualizóel director.
No se había acabado la reunión cuando Marinello llegó. El aplauso, lo juro, fue la cosa más espontánea del mundo. Aníbal adelantó que esa semana tendríamos tres columnas de Marinello para responder con todos los cañones a Pepín y toda su camarilla del clero insular. “Esta de ahora es igual a la batalla de la Constituyente. Y también la vamos a ganar”, gritó emocionado Aníbal.
El miércoles 16 de abril en la parte superior izquierda de la primera plana, la columna “Docencia y Cultura” mostró su rostro. Para iniciarla, Marinello escogió el título “Lo que ellos quieren”. Luego de una breve referencia a la histeria de la prensa reaccionaria en los últimos días y a cómo fue elegido para el cargo en el Consejo desplegó los argumentos que golpearon libremente la cara de sus adversarios. Mejor leo algunos fragmentos:
“Los que han pedido al Presidente de la República mi violenta expulsión del Consejo Nacional de Educación y Cultura; los que han amenazado –pintorescamente- con una demostración de medio millón de almas; los que han gritado una patética defensa de la familia cubana (a la que nadie, que sepamos, ha querido atacar) lo han hecho bajo el grato lema de la defensa de la libertad de enseñanza.”
“La libertad para ellos es un buen grito desorientador; la “democracia” un modo hábil de mantener a las masas en la ignorancia que les conviene mucho, para que no lleguen a la docencia nuevas corrientes…, para los directores de la pintoresca cruzada, Pepín Rivero y Dorta Duque, está bien claro que hay que impedir que la libertad docente establecida en la Constitución del 40 se les vaya de las manos, se vuelva hacia las masas populares, hacia el progreso nacional. Saben que la presencia de un hombre del PURC en el Consejo no puede significar la sovietización fulminante de la escuela cubana; pero saben también que la presencia de ese hombre en el alto organismo ha de significar el cierto y enérgico cumplimiento de la Constitución.”
“De otra parte anda, no la religión –respetable siempre-, sino la política clerical, siempre repudiable. No pueden las comunidades católicas –tan maravillosamente juzgadas en cuanto a su capacidad pedagógica por José Martí-, resignarse a ser en la República lo único que pueden y deben ser, colaboradores en el avance real de nuestra cultura… Mi cargo docente no puede realizar los cambios radicales que se gritan, pero hay que combatir porque puede ser, -será-, ocasión de atacar privilegios que la República y su Constitución rechazan.”
¿La respuesta de Pepín? La acostumbrada. Repleta de ironías, pero con muy pocos elementos concretos. Vueltas y más vueltas. Incluso ofendió a Emilio Roig de Leuchsering, quien días atrás había publicado en el diario una misiva saludando el nombramiento de Marinello. Xiomara me llamó urgente ese jueves por la noche para decirme que Pepín preparaba una réplica, pero Marinello fue categórico: “Yo no voy a responder palabrerías y boberías de Rivero. Primero que pruebe mi caldo en tres tazas, luego veré si merece algo extra”.
VII
Bagert saludó más afectuosamente que de costumbre al hijo de Don Nicolás es día. Una frase fue lo único que le bastó: “Don Pepín, llegó su capuchino de coco”. Encima de la mesa reposaba el ejemplar de HOY, fecha miércoles 16 de abril. Rivero se sentó en su cómoda silla mientras su ayudante terminaba de colocar los cables de las agencias internacionales y algunos trabajos que necesitaban su aprobación para publicar.
No había finalizado aún de leer el trabajo cuando inauguró el rosario de oprobios hacia el artículo de Marinello. “Pero qué frases huecas, vocablos iracundos, divagaciones sin sentido y clisés gastados usa este comunista. Es una columna de desmayos líricos… este señor ha llegado a sentar, como verdad inconclusa, que todos los cubanos somos imbéciles, porque así y solo así se explica que le indigne la indignación que ha despertado el ver a su persona al frente de la Comisión de marras”.
“Voy a responderle desde la columna Impresiones en primera y desde la página cuatro con un editorial”. Maestri entraba en la oficina de Rivero cuando este puso punto final al segundo escrito. “Vamos a ver con qué cuento chino va a venir el señorito Marinello al leer esto: Cuando el comunismo se pronuncia contra la enseñanza privada lo hace no solo por odio a la religión que en muchos colegios se enseña y practica (la religión era para Lenin el opio del pueblo), sino porque su filosofía y su táctica política son incompatibles con el principio de la libertad de enseñanza, conquista genuina de los regímenes liberales y democráticos”.
Tras mencionar el ejemplo de que Martí educó en un colegio privado dirigido por Mendive, Pepín culminó su réplica “Verdades como puños” mostrando las virtudes que posee este tipo de enseñanza.
“Hay que acabar de demostrar que la escuela privada contribuye de manera excepcional, sin costo para el Estado, al mejoramiento de todas nuestras clases sociales; que es poderoso factor de civilización y cultura; que no hay antagonismo entre la escuela pública y la privada, sino que ambas colaboran a un mismo empeño nacional; que es falsa la tacha de discriminación; que la escuela privada es fruto de preciado de la democracia; que en Cuba es la más barata del mundo y que está integrada por colegios de todas las religiones, así como laicos en un ambiente de respeto recíproco y de paz, que pretende perturbar el comunismo.”
VIII
Esta, en mi opinión, es la mejor de las tres columnas de Marinello, ahora con el epígrafe “Lo que queremos nosotros”. Más apodíctico nadie. Compruébalo desde el inicio: “como ocurre siempre, son los enemigos los que hacen indiscutible nuestra verdad… quiere Pepín a nombre de su grupo falangista y sacristianesco libertad total para mantener toda clase de discriminación…, aspira a que los adinerados puedan pertrechar intelectualmente a sus hijos, mientras la masa indigente queda en la ignorancia”.
“Servidor de una Iglesia que ni escarmienta ni se transforma, pretende someter la conciencia del niño cubano a una absurda explicación del mundo y a un total desprecio de los hombres que, como Martí, pusieron en cueros vivos a la docencia ensotanada.”
A las tres cuestiones más significativas de la enmienda presentada por el PURC en la Asamblea Constituyente dedicó Marinello el resto de su comentario. La unificación de la enseñanza, el laicismo verdadero y la eficaz vigilancia estatal sobre la docencia privada. El segundo aspecto, por ser más extenso y el que mayor revuelo había creado, lo desmenuzó en el último artículo.
“Hemos trabajado siempre por unificación de la enseñanza que no es lo mismo que trabajar por la escuela única y sólo la ignorancia clerical puede incurrir en tamaña confusión. Votamos porque el colegio privado, que tiene todos nuestros respetos, no sea ni mejor ni peor que el colegio sostenido por el Estado. Queremos que ambos impartan la mejor docencia, que no se plantee como interesada competencia negativa sino que el Estado exija que las entidades particulares ofrezcan, por lo menos y obligadamente, una docencia de igual contenido, orientación y técnicaque en los planteles estatales.”
El último párrafo del texto lo puedo recitar de memoria. Aníbal lo valoró como el desafío magistral para que se acabaran de quitar el disfraz. “El Estado tiene una fisonomía democrática. Ninguna docencia debe quedar fuera de su norma central. Nuestro partido y sus hombres cumpliremos donde estemos y del modo más delicado y exigente la Constitución. Los que quieren mantenernos en una democracia que significa franquicia para conspirar contra la esencia de la nacionalidad, sufren un peregrino error. Si son verdaderos republicanos, cubanos leales a su tiempo ¿por qué quieren estorbar una vigilanciaque no puede tener otros fines que resguardar los intereses de la República en la escuela? Y si están contra la Constitución y quieren libertad para pasar su contrabando esclavizador, ¿por qué no dicen claro que la campaña contra nosotros es un pretexto a sus propósitos cavernarios?”.
Salvador García Agüero y el propio Aníbal fueron quienes más opiniones le dieron a Marinello sobre la última columna, en cual se refirió por completo al laicismo verdadero. “Es muy bueno que hayas aclarado desde el principio que para nosotros el término no significa ataque a ninguna creencia sino respeto a todas”, acotó Salvador con las hojas en la mano. “Estupenda esta idea de que nuestra Enmienda concibe el laicismo para que todos los niños cubanos se identifiquen en la misma actitud frente a las cultura, sin impedir que en sus casas, que en sus conciencias rija una creencia u otra, o no rija ninguna”, aportó acto seguido el reconocido periodista, ensayista y escritor.
Aquel viernes cuando salió a la calle HOY sentí que la victoria era nuestra. Pepín se había ido por la tangente con Marinello y este le demostró indiscutibles y desconocidos dotes en el arte de la polémica. Tiempo a tiempo, razón y verdad acabaron con el gran Rivero, que por cierto, unos meses después, en ese mismo año, falleció.
IX
El Director del Diario de la Marina no recibió ese día llamadas de ninguna de sus mujeres. Todo parecía indicar que las había alertado del intenso ritmo de trabajo que llevaba por entonces. Los calificativos para ridiculizar a su oponente le escaseaban ya. Demagogo al servicio de la hoz y el martillo, Stalin cubano, alto jerarca del comunismo tropical, jefe de la quinta columna por excelencia, fueron más que manoseados en sus ataques . Por fin encontró uno nuevo: “Nuestro Juan”.
Bagert leyó camino a la imprenta la réplica que saldría el viernes 18 de abril. El problema no está en que los planteles públicos mejoren –inquiría Pepín con su lenguaje característico-, sino que se empeoren los privados para que así todos queden (ideal muy comunista) inferiormente iguales. Y yo quisiera saber –proseguía Rivero- en qué se perjudica la masa, desde el punto de vista docente, porque hayan quienes puedan estudiar en mejores condiciones que ella. Si los planteles privados son mejores que los públicos, equipárense los segundos a los primeros, pero ni se vaya contra lo mejor como homenaje bellaco y adulación ruin a lo peor.
Eso fue lo último que escribió Pepín. Su derrota estaba planteada ya.
X
He hablado en primea persona porque sigo creyendo en lo que hice y en mis ideas. Mi nombre qué interesa, si todo lo que he contado es la pura verdad desde mi puesto de secretaria de Aníbal Escalante en HOY. Esa persona que prefirió esconderse en un narrador omnisciente y no dar la cara, sus razones tendrá. Fue bastante objetivo por lo que he leído, e incluso, no percibo el apasionamiento mío en algunas cosas que narré.
Han pasado muchos años y aquella polémica no se había dado a conocer, aunque resulta primordial para entender muchos de los acontecimientos posteriores en al educación cubana. Hoy, cuando nuevas personas inclinan su mirada a este tema y hasta llegan a dar como una necesidad impostergable el regreso de la educación privada a nuestro país, me suenan en los oídos los incontables pensamientos de Marinello al respecto: “La enseñanza en Cuba debe ser basada en el espíritu de la cubanidad verdadera, de la defensa de los intereses patrios, de la confraternidad popular, de la democracia genuina”.
¿Despedida? ¿Final? Aunque para los revolucionarios y los comunistas nunca hay final, voy a apropiarme de la última columna de Marinello, ya que no he parado de citarlo.
“Y ya debe tocar a su fin este diálogo dilatado con los enemigos de Cuba. No debe terminar sin la expresión más sincera y alegra de la gratitud para los millares de hombre y mujeres que han dicho su limpia palabra cubana en un pleito que los otros han querido ruidoso. Mi gratitud traspasa los límites de la personal emoción, siendo esta grande y honda. La admirable reacción del pueblo ante la provocación de sus enemigos ha sido en verdad ejemplar. Ello robustece nuestra fe y nos comunica nuevos bríos. Un poco de gratitud también para los pepines, dortaduqueses y picoteros. La merecen. La calidad de sus razonamientos, la agresión disimulada o abierta a las conquistas populares, su violenta negación de la corriente revolucionaria que tiende a hacer más ancha la posibilidad de universalizar cultura, los ha clavado desde el primer día en su papel lamentable. Más allá de la clientela cercana y agradecida, ni una resonancia, ni una adhesión. De nuestro lado el pueblo y el futuro… el más importante de nuestros deberes es el de trabajar por una unidad que sólo puede existir cuando se extirpa el privilegio. Es el único modo de que todos, pobre y ricos, hombres y mujeres, blancos y negros, tengan una misma nación.
Se levantó del butacón y comprendí cuánta historia había aprendido. Entregué los dos periódicos y salí caminando sin apuros de la biblioteca.
Nota: El nombre completo del secretario de Pepín Rivero era Miguel Bagert. Xiomara es un personaje que pudo haber existido o no. El destino del director del periódico HOY, Aníbal Escalante, no fue al lado de la Revolución. La historia ha de ser lo más justa posible y eso he tratado de hacer brevemente.
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