|
VIRGILIO LÓPEZ LEMUS
LA UNIVERSIDAD Y YO
Por Virgilio López Lemus*
Foto: Archivo
 |
Breve recuerdo de una promoción en la Universidad de La Habana (1971—1975).
Soy miembro de la mayor promoción que, cuantitativamente hablando, haya pasado por la entonces Escuela de Letras y Artes de la Facultad de Humanidades de la Universidad de La Habana. Si bien entramos más de 200 estudiantes al primer mes del año 1971, nos graduamos 91 en la mitad de 1975. Fuimos la «Promoción Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba», y en este 2001 hemos cumplido todos treinta años de encontrarnos en aquellas aulas.
Letras y Artes era una escuela más en una macrocefálica Facultad, que comprendía otras escuelas, hoy Facultades plenas, algunas con otros nombres, como Periodismo, Historia, Filosofía, Sociología, Derecho, Lenguas Extranjeras y hasta Información Científica, a la sazón aún llamada Bibliotecología, que fue de las primeras en independizarse como Facultad. Mi promoción vivió la separación necesaria de una entidad organizativa años antes fusionada, llamada UJC-FEU, con unas amplias elecciones de la FEU, de las que nació un ejecutivo que puso interés en crear un fuerte movimiento de monitores y alumnos ayudantes, los talleres literarios, las brigadas de trabajo agrícola del llamado Plan 3x1, que consistía, recién salidos de la zafra de 1970, en asistir una semana al trabajo agrícola, una vez al mes; mantuvimos la guardia universitaria, nos reuníamos en equipos que llamábamos «brigadas», y teníamos un claustro profesoral que podemos considerar «de lujo», con la presencia directa o indirecta de Camila Henríquez Ureña, Mirta Aguirre, Vicentina Antuña, Helena Calduch, José Antonio Portuondo, Raimundo Lazo, Manuel Galich, Gustavo Dubouchet, Rosario Novoa, Salvador Bueno, Graziella Pogolotti, Roberto Fernández Retamar, Beatriz Maggi, Lucila Fernández, Eduardo Torres, Adolfo Martí…, entre otros valiosísimos, que comenzaba ya a incluir recientes ex alumnos de la propia Escuela.
Entre mis experiencias esenciales recuerdo la constitución de una revistica que nos duró un número, llamada El Diablo Cojuelo, fruto de los nacientes talleres literarios; las discusiones entre estudiantes para otorgar la Distinción Abel Santamaría; el trabajo social que desarrollamos en el Escambray, bajo la dirección de la Dra. Pogolotti y del entonces joven profesor Helmo Hernández; el estudio en equipos, que nos citábamos en lugares muy diversos para estudiar, como la biblioteca central universitaria, la de la propia Escuela (todos recordamos a la bibliotecaria Asela Muñoz…) o sitios «exóticos» como el restaurante Zulaika de Tercera y A, en El Vedado, hoy desaparecido. En el año en que nos graduamos, tuve la fortuna de haber sido seleccionado como Investigador más Destacado de la Escuela y de la Facultad de Humanidades, por lo que formé parte de la bella caravana estudiantil que integró mi promoción universitaria, cuya expedición culminó escalando el Pico Turquino en el propio 1975. Llegar a esa cúspide, fue uno de los momentos más hermosos de mi vida.
Sería justo recordar uno a uno a los 91 jóvenes que nos graduamos llenos de ilusiones por cumplir, pero en el largo tiempo transcurrido tres ya fallecieron, unos pocos decidieron no quedarse en Cuba, la mayoría nos hemos dispersado en numerosos oficios a lo largo de la Isla; no obstante, muchos han tenido una realización profesional brillante y no quiero tener la mezquindad de olvidarlos ahora, aunque me quede corto en nombres destacados, entre los que sobresalen el poeta Carlos Martí Brenes, actual Presidente de la UNEAC, y su esposa Ana María González, que fuera decana de la Facultad donde estudió y actual rectora del ISA; Enid Vian, que ha sido premio Casa de las Américas y una destacada escritora; el cineasta Rolando Díaz, la ensayista Susana A. Montero, los profesores y ensayistas Salvador Redonet, Marlen Domínguez, Luis Enrique Rodríguez, Maritsa Carrillo, el asesor de televisión Tomás Alfonso, la poetisa Isolina Bellas, el poeta y ensayista Luis Álvarez, el ensayista Jesús Guanche, el narrador Josué Marrero, las asistentes de dirección cinematográfica Tania Carvajal, Alina Rey y Ana Rodríguez; el promotor Marcelo Fajardo, el director de cine y TV Santiago Prado y su esposa María Antonia Herrera, especialista en medios de difusión; la dramaturga Guiomar Venegas; el crítico cinematográfico Tony Mazón, el investigador Ricardo Hernández Otero…, con seguridad soy injusto olvidando de mi lista a valiosas y valiosos; tampoco pretendo ser exhaustivo, solo hacerle a aquel grupo hermoso, unido y a la vez plural, un homenaje de recuerdo.
Mis años universitarios fueron duros, desiguales en los planes de estudio, experimentales, llenos del calor y la efervescencia de una Revolución joven que a todos nos comprendía…, fueron años de estudio intenso en los que sufrimos y reímos, cantamos y lloramos. Fue parte de nuestra juventud, sin mucho rock ni sitios de fiestas, intensamente laboriosa, y que marcó la continuidad de un centro de estudios de larga tradición. Haber pasado por allí, no solo marcó nuestra vida profesional, sino que les dio color a nuestras biografías. Con esos años en la memoria, se ha desplazado nuestro quehacer, que, colectivamente hablando, en algo ha enriquecido a la vida cultural de la Nación.
* Virgilio López Lemus es poeta, ensayista, crítico e investigador literario, profesor adjunto de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana.
|