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Nuestro Credo
Por Tamara Roselló
Los cambios suceden en ocasiones tan aceleradamente que no nos dan tiempo para reaccionar como quisiéramos ante ellos. Luego uno mira el pasado y piensa cómo hubiese actuado si volviera a pasar. Pero un nuevo cambio nos sorprende.
A pesar de que todo cambia, incluso nosotros mismos, cualquier giro en lo personal, en lo social, genera cierta inestabilidad o desconfianza y a la vez expectativa, ilusión. De todos modos les hacemos resistencia, aunque nos traigan lo bueno. ¿Será que los seres humanos somos anticuados por naturaleza?
Enero es fecha de comienzos, de fundaciones, nos invita a repasar aquello que tomó otro rumbo y a redefinir asuntos en los que nos centraremos en la nueva etapa.
Para los cubanos este mes es también sinónimo de cambio radical. Nuestras vidas se entrelazan a esa conmoción que sacudió las bases de una sociedad capitalista para sobre ellas emprender un proyecto social esencialmente popular, humano.
Aquel viraje hacia la izquierda nos puso en el centro de una aventura que todavía no se ha contado lo suficiente. Los cubanos de la Isla se han convertido en héroes de la cotidianidad, de la resistencia, de leyenda.
Por eso es difícil pensar en el 2008 desde mi individualidad, prefiero que soñemos juntos lo que deseamos empujar con todas las manos, todas. La prosperidad económica de mi bolsillo no será posible si no avanza la economía del país. Mi tranquilidad en las calles no será si no convivimos como hermanos; si no nos servimos con agrado, si no respectamos las opiniones de otros; si no aprendemos de las experiencias y del saber colectivo.
En esta aldea global a los cubanos nos ha distinguido el apego por la solidaridad, el amor por los que aman y son justos; por la fuerza de nuestras ideas y la pasión con la que las defendemos. Eso no puede cambiar aunque pase el tiempo y sean otros los cubanos y las cubanas que desanden esta tierra.
Somos los sujetos de esta historia nuestra, rica y contradictoria, fértil y esperanzadora. Todavía nos restan muchos cambios para impulsar más nuestras quimeras, las personales y las colectivas. Lo mejor es que podamos contar los unos con los otros, que la unidad siga siendo nuestra carta de triunfo.
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