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En el pico de la palabra

Texto y Fotos: Amilkar Feria Flores

El Pico Turquino en Cuba

Cuando subí el Turquino por primera vez, hace ocho años, me resultó un lugar ideal para el ejercicio de la poesía. Por supuesto, no hacía otra cosa que coincidir con centenares de cubanos y extranjeros, que ya habían pensado y cumplimentado esta aspiración. El más notable e indeleble de estos acontecimientos lo materializó el doctor manzanillero Manuel Sánchez Silveira, el 19 de mayo de 1953, junto a su hija Celia y la escultora Jilma Madera, al erigir un busto en bronce con la efigie de José Martí, en el sitio cimero de nuestro archipiélago. Desde la fecha, no han sido pocos los sucesos que rinden culto a nuestra soberana espiritualidad, en ese preciso lugar. Para no romper con la cuerda de esta elevada tradición, la Casa de la Poesía del Centro Histórico de la Ciudad de La Habana, organizó un inusual encuentro de esta manifestación literaria, en el mismísimo pico, con la finalidad de celebrar el Día Mundial de la Poesía.

El Pico Turquino en Cuba
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Al momento de ser invitado, a principios de febrero del año en curso, no tenia idea de cómo iba a sortear el enorme cúmulo de trabajo que tenia pendiente, para verme exonerado de cualquier compromiso durante esa fecha. Es lógico que, con semejante tipo de estímulo rutilando en la segunda quincena de marzo, mi agenda experimentara una significativa organización.

Ya casi nadie discute si el pico tiene uno o dos metros más, o menos, pero quien asume la empresa, lo sube y lo baja con la conciencia de quien ha estado en uno de los lugares indispensables para contar la historia desde una nueva dimensión. Ya en el viaje de ida, tortuoso y ferroviario, las lucubraciones e intercambios entre poetas apelaban a una meta difícil, comparable con el acto de creación literaria, solo que esta vez sobre el terreno de la verticalidad física, ese que hace sentir la experiencia en todo el cuerpo.

El Pico Turquino en Cuba

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Haciéndose coincidir con el equinoccio de primavera, el Día Mundial de la Poesía se celebra desde hace muy pocos años, apenas una década, todos los 21 de marzo. En proporción con la longevidad del género, casi tan antiguo como el hombre mismo, que reverdece cada año por la misma fecha, ha sido bastante tardía la decisión de instituir una jornada que agasaje a la más genuina y espontánea manifestación del espíritu humano. Expresión del mundo circundante y fisiológico, la rima, por ejemplo, no es otra cosa (sublime cosa) que la traspolación de todos los fenómenos cíclicos de la naturaleza: las mareas, estaciones lluviosas, el día y la noche, el paso regular de cometas y satélites; para hacer del mundo, al menos en parte, un suceso predecible. La otra parte, la que nos sorprende bajo la forma de una erupción volcánica, el celo amatorio o un ciclón tropical, estaría muy a tono con los versos libres; sin contar ya con las más recientes tendencias de la poesía contemporánea.
  
Mi primera incursión al Turquino fue por el Norte, haciendo el recorrido desde la comandancia de La Plata, en la actual provincia de Granma, a través del cual se pernocta en un sitio fabuloso que responde al nombre de La Aguada de Joaquín. Más allá de cualquier diferencia entre una vía u otra, la cúspide parece presentársenos como la invariable meta de cualquier notable aspiración. Con apenas ese precedente, muchos en el grupo me veían como a un veterano. Pero en estas andanzas nada se puede dar por sentado. Cada experiencia es única en su tipo.

Para recavar fuerzas entre el viaje por tren (toda una epopeya) y la escalada del pico, nada mejor que una estancia en La Mula, base de campismo que se asienta en la ribera oeste de la desembocadura del río Turquino. El topónimo obedece, según las referencias de los guías de la base, a la sobrevivencia de una mula que salió ilesa al cruce del río crecido. Arrastrada hasta el mar, la noble bestia logró alcanzar la playa, por lo que me inclino a pensar que el animalito es más tenaz que terco.

Intercambio efectuado con los niños de la escuela primaria Camilo Cienfuegos
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Desde nuestra llegada al campismo, el día 18, hasta el 21 (con pico incluido), desplegamos una intensa actividad, que comprendió lecturas y encuentros con vecinos e instituciones docentes de la localidad, como el fecundo intercambio efectuado con los niños de la escuela primaria Camilo Cienfuegos. Hacia el mediodía del día 20, vísperas de la efeméride literaria, habíamos alcanzado los 1972 metros de altura que separan al rompiente de olas, en el Caribe, de la cima de Cuba. Con el aliento recobrado y un discreto refrigerio, los versos comenzaron a fluir en círculo, tomando como eje esencial del acontecimiento al busto de José Martí, que se yergue, para orgullo de la Isla y la poesía, en el pedestal natural que le corresponde por derecho propio.

Sería vano lo que recuento, si no mencionara que, en la mañana del 22 de marzo, una vez en la ciudad de Santiago, visitamos el mausoleo que guarda los restos del Poeta y Patriota Mayor, en el cementerio de Santa Ifigenia, completando la peregrinación que comenzara el 17 en su casa natal, a escasos metros de la estación ferroviaria de La Habana. Pero, si me viera obligado a determinar cual es el lugar que guarda de manera más fehaciente la memoria del más grande de todos los cubanos, yo preferiría ubicarlo en el sitio que, apenas unas horas atrás, habíamos dejado entre las nubes, mirando hacia el este.

Las últimas 24 horas en Santiago, fueron copadas con efusivos intercambios entre poetas de la provincia y la reducida delegación habanera. Acogidos por el intelectual Reynaldo García Blanco, quien funge como coordinador del Centro de Promoción Literaria José Soler Puig, alternamos lecturas entre los “bandos” de La Habana y Santiago, como si se tratara de un partido de béisbol, solo que en esta ocasión todos salimos ganando. A punto de regresar, en la estación de ferrocarriles, con el impertinente atraso en la salida de la diabólica serpiente, quedamos e hicimos manifiesta nuestra intención de regresar, los que estuvimos involucrados en la cruzada literaria: Larítza Simeón, Irasema Cruz, Luís Eligio Meriño, Libán Humberto (K´weyro), David Escalona, Racso Pérez, Nilo Julián Gonzáles, Karel Leyva, Amaury Pacheco, Patricio Ramón Martínez y Amilkar Feria.     

 


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Actualizada: 3 de abril/2008

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