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Pedro Pablo Oliva, pintando realidades

Por Anabel Serrallonga Hidalgo,
estudiante de Periodismo
Fotos: Abel Ernesto

Pedro Pablo Oliva pintor cubano
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En mi casa releyendo la entrevista  puedo oír su voz, todavía recuerdo la última pincelada que le dio a su tierna doncella antes de atenderme. Conservo la impresión de un Fidel recostado a la pared. Pedro Pablo,  se me confundió entre los personajes de su sala, creo que ni él mismo sabe bien dónde acaba la fantasía  y cuándo empieza la realidad en sus cuadros.

A veces sonríe, otras me explica de qué habla; quizás él me confunde con una de sus alumnas. Me deja entrever en las líneas de su rostro los trazos de sus cuadros. Hablar con él es mirar la pintura con sus ojos.

Hijo orgulloso de Pinar, es Premio Nacional de Artes Plásticas y recibió la Distinción por la Cultura Nacional. Patrocina el Museo de Arte de su ciudad natal  y entrega los premios de arte de la Asociación Hermanos Saíz cada año.

En los años de su niñez y juventud en Pinar del Río. ¿qué soñaba?
En aquellos años soñaba ser un dibujante de historietas, era mi mayor pasión, convertirme en pintor no me era tan importante, incluso no pensé que podía tener dotes para eso, sencillamente creo que iba a dar un buen historietista, así como Juan Padrón con su Elpidio Valdés y otros «monstruos» como  Harold Foster y Milton Cans.

Pedro Pablo Oliva... He tratado de que mi pintura sea una continuidad o un reflejo de mis vivencias personales, íntimas, sociales y políticas. 

Usted y sus obras han sido calificados de sórdidos, pecaminosos, irónicos, pero usted ¿cómo se ve?
¿Cómo me veo?

Más allá de lo que dicen los críticos.
He tratado de que mi pintura sea una continuidad o un reflejo de mis vivencias personales, íntimas, sociales y políticas.  He tratado de ser coherente conmigo, esa es la única manera de sostener un trabajo durante tantos años: siendo consecuente con mis pensamientos.  Eso ha hecho posible que cuando en un momento de mi vida he amado pues lo he reflejado en mi trabajo; cuando me ha nacido un niño con sus locuras han aparecido obras con esas temáticas o con ese mundo; cuando he tenido preocupaciones de cualquier índole han estado presentes en lo que hago.

Creo que si  se hace un resumen de todo lo hecho se descubre mi vida sin pasar mucho trabajo.  Esto no quiere decir que sea un libro abierto, porque a veces he reflejado experiencias que no son mías, y las he reflejado aun cuando no las comparta. Esa es mi forma de trabajar, dejar constancia del tiempo.

Sus personajes tienen algo de sórdidos repito, según la crítica, sin embargo también tienen cierto grado de sensibilidad, de humanidad ¿a qué o a quién representan?
Al ser humano, es posible que tengan algo de amargo en ocasiones, en otras son la poesía misma, la poesía hecha imagen. En otro momento representan situaciones por las que pasamos, de momentos trágicos y alegres. A veces sale en mi obra cierto estado erótico fuerte. No es que le dé una prioridad al sentido de Freud del comportamiento, pero sí me parece que es un elemento significativo, no definitorio, pero sí importante.

¿Qué hechos nacionales e internacionales lo han impresionado?
Hechos que han transformado la sociedad, que han conmovido el país. Las grandes crisis por las que hemos pasado políticas, sociales, económicas. El triunfo de la Revolución, la Campaña de  Alfabetización, la Crisis de Octubre, hecho que me conmovió a pesar de mi corta edad. La zafra de los 10 millones, el juicio de Ochoa, la batalla por Elián. Sé que se me van a olvidar cosas, es inevitable.

¿Internacionales? La guerra de Viet Nam, la de Angola,  y el derrumbe del campo socialista, el del Muro de Berlín, estuve allí, no cuando se derrumbó pero sí antes. El hombre en la Luna, la censura de los Beatles, la muerte de John F. Kennedy, las Torres Gemelas...

Pedro Pablo Oliva... Cuando el contexto social y político no te permite expresarte con toda claridad uno acude a eso que tú llamas simbología o religiosidad, o mitología.
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¿Qué hay de simbólico en su obra?
Cuando el contexto social y político no te permite expresarte con toda claridad uno acude a eso que tú llamas simbología o  religiosidad, o mitología.

Un día me doy cuenta de que soy padre de numerosos hijos y que los hijos comienzan a entrar en contradicciones, como sucede  en las escuelas, los maestros enseñan a los alumnos y después los alumnos contradicen a los maestros.

Todo esto implica las llamadas saturnalias, es Saturno que devora a sus hijos al final, les impone su condición de creador,  y cuando necesita alimentarse por razones cualesquiera, las que sean; no comparte el criterio con su hijo, lo  devora, lo hace desaparecer. Entonces usé el mito de Saturno para reflejar los conflictos sociales y políticos.

Hay dos obras principales que salieron en esa época: Saturno devorando a uno de sus hijos y Saturno expulsando a una de sus hijas. Esta última habla de una muchacha que se dedica, como a muchas les ha pasado, a mantener relaciones con extranjeros por razones diferentes: el contexto económico, social o familiar. Y la sociedad empieza a cuestionarla, a condenarla.

A lo mejor el amor nació ahí y no fue por un problema económico; no todo el que tiene relaciones con extranjeros lo ha hecho por interés. Existe un momento de reacción política con relación a estas muchachas. Y empezaron a recogerlas, para un proceso de «reeducación». Si no vamos a la raíz, a resolver un elemento importante del comportamiento humano que es la economía, todo puede irse abajo.

Pedro Pablo Oliva... Ocurren hechos a mi alrededor que no los reflejo en el momento sino un poco después, o mucho antes, eso me pasó con las obras de Fidel las cuales empecé a pintar en el 2003.

Como cronista de su tiempo ¿qué le falta hacer?
Seguir viviendo, lo demás se lo tengo que dejar a la vida que me vaya aportando cosas. Ocurren hechos a mi alrededor que no los reflejo en el momento sino un poco después, o mucho antes, eso me pasó con las obras de Fidel las cuales empecé a pintar en el 2003.

Un hermano mío que ya murió era más o menos de su misma edad. Entonces empiezo a ver a Fidel como un ser humano que un día se iba a enfrentar a la muerte. Y concebí a Fidel en el contexto de la cotidianidad, no el héroe que disfrutamos todos estos años, parado en las tribunas, dando sus discursos extraordinarios, sus defensas a la ecología, a los niños, a los pobres; no el hombre de lucha, sino el hombre cotidiano.

Hubiera querido verlo cargando a sus hijos, jugando con sus nietos. Eso nadie lo vio, el país lo perdió. Entonces intenté asumir a Fidel desde el punto de vista de lo que no vimos.
En Pinar del Río tengo un cuadro muy grande que estuvo expuesto aquí llamado «El gran abuelo» que es Fidel sentado en un lugar, no con el traje verde olivo sino con una especie de pijama, con un gato, con camaleones, con un caimito en la cabeza. También está la boda de Fidel con una muchacha y «Fidel contemplando una libélula», algo simple que en algún momento hizo o hace, solo que no llegó a nosotros.

En «Historias de amor» lo vemos enamorando a una muchacha en el malecón, una joven desnuda; eso fue un atrevimiento mío (portada de Alma  Mater, no. 457 noviembre 2007); tenía una caja abajo que parecía un pedazo de malecón, pero que en realidad es una caja de olla arrocera. Quería traerlo a la cotidianidad.

Este discurso comenzó de nuevo con la aparición de Chávez.  Ocurre lo mismo que en el Quijote: Sancho se quijotiza y el Quijote se sanchifica. Aquí pasó algo parecido. Fidel se chavifica y Chávez se fideliza. Es un proceso de intercambio.

Casa-taller Pedro Pablo Oliva
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También tengo un cuadro que expuse en la casa-taller porque no me dejaron hacerlo en el Museo Nacional, era Fidel enfrentando el sentido de la muerte, se llama: «Extraño retrato de un hombre atormentado por su tiempo». Tengo otro con dos piedras en la cabeza de Fidel donde uso esta imagen de la piedra dando idea de peso y el tormento que tiene uno con la existencia. Es una obra un poco compleja y ambigua, y todo esto generó contradicciones en el contexto de la exposición. Esas dos obras no fueron expuestas. Me imagino que siempre serán obras problemáticas porque tocaron el tema por primera vez.

Ya no pinto más cuadros de Fidel. El último lo hice hace algunos meses, es mi primera obra en digital, una reproducción que se repite muchas veces, son 14 fideles que tienen ramitos de flores, tengo el original: Fidel repetido 14 veces en azul y la décimoquinta vez en rojo, lo nombré «El disidente».

Cuando lo expuse la gente se asustó. Siempre he dicho que el mayor disidente es Fidel. Cuando debió cambiar el rumbo lo hizo, incluso cuando tuvo que disentir de sus criterios; fue cambiando, rectificando errores, es una forma de disentir de lo que había dicho anteriormente.

También, claro, en un tema como este soy algo irónico, forma parte de la sordidez que decías.

Pedro Pablo Oliva... Creo que hay que ser siempre crítico y cuestionador en la sociedad y siempre voy a abogar porque la pintura también lo sea.

¿Qué significa para usted la responsabilidad de ser vocero de un tiempo, de un tiempo y de una generación?
Si mi manera de concebir la pintura ayudó a ser humanamente mejor, esa es mi responsabilidad, o por lo menos me sentiré gozoso de haber contribuido a ello.

Asumí lo que hice: el cuestionamiento, la crítica, que me viene de Antonia Eiriz a quien todavía admiro porque es impecable. Creo que hay que ser siempre crítico y cuestionador en la sociedad y siempre voy a abogar porque la pintura también lo sea.

 


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Actualizada: 14 de mayo/2008

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