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El salto del gato

Entrevista a Geoffrei Silvestre

Por Raúl Alejandro del Pino Salfrán
Foto: Internet

Geoffrei Silvestre

Hablar del baloncesto moderno sin mencionar el donkeo sería negar el desarrollo y evolución alcanzados por este deporte. Esta es una jugada que se ha convertido en protagonista del partido por su espectacularidad y repercusión en todos los involucrados. A lo largo de la historia, jugadores de diferentes latitudes han inmortalizado sus nombres gracias a su habilidad para «clavar» el balón.

El donkeo ha quedado algo rezagado en nuestro baloncesto y conviene rescatarlo  para que, junto a la  reestructuración experimentada por los torneos nacionales, haga retornar los bríos de antaño que nos prestigiaban a nivel internacional.

El baloncesto cubano,  a pesar de no identificarse con ese tipo de juego aéreo, ni con jugadores «dunkers», sí cuenta con atletas capaces de alcanzar altas calificaciones en cuanto a la calidad de sus «clavadas».

Uno de los máximos exponentes cubanos en la categoría de «voladores» es Geoffrei «El gato» Silvestre, quien quizás le deba más su sobrenombre felino a sus feroces saltos hacia el aro que a su propio apellido.    

Gran parte de su juego, por el cual es considerado el mejor baloncestista de Cuba, se lo debe a ese respeto adquirido por la potencia con que ataca los tableros.

¿A qué edad comienza a donkear el balón?

Cuando paso a los juveniles, porque en mis inicios no era muy grande; crecí prácticamente en esa etapa. A nosotros nos gustaba mucho saltar, porque a todo basketbolista le gusta tocar el aro. Cuando me vi con algo de tamaño y que llegaba un poquito al aro me dije: «voy a empezar a donkear.» Y entonces todos los días comencé a practicar. Mi primero en competencias fue en una copa Granma, cuando tenía 17 años.

¿En esa etapa había algún jugador al que admiraba por sus ataques al aro?

En esa época había muy buenos donkeadores, algunos de los que me llamaron la atención fueron Sergio Ferrer y (Eliécer) Lima, que se mantiene hoy.

¿Es una jugada o simplemente se produce en el juego?

No, eso sale en el transcurso del juego, aunque en ocasiones nosotros mismos en el banco nos  decimos vamos a «meter» un donkeo para levantar el ánimo de la gente.

¿Alguno que recuerde especialmente?

En el 2001 estuvimos en una competencia en Australia, allí hice mi primer donkeo internacional.  Eso me emocionó mucho porque nunca lo había logrado en un evento internacional con el equipo Cuba. A partir de ahí me dije: yo sí puedo, yo sí puedo,  y hasta ahora...

¿A qué le atribuye la falta de jugadores que donkeen en nuestro baloncesto?

En nuestro país hay pocos tamaños descomunales, y uno no puede decir: voy a tirar el balón hacia arriba para que lo cojan y lo donkeen. Nosotros en las competencias internacionales vemos gente de más de 2,10 centímetros, y ellos, aunque no salten mucho, tienen todas las de donkear. Eso es lo que ha faltado aquí: un poco de tamaño, porque saltadores hay.

El día que no pueda donkear más el balón…

Me retiro, porque sabría que ya no estoy al máximo de posibilidades. Ese siempre fue mi sueño como basketbolista y me sentiría muy mal si algún día tuviera que dejar de hacerlo, por eso cada vez que pueda donkear el balón lo haré.

 


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Actualizada: 21 de marzo/2008

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