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La pasión de Tina Modotti

Por Mercedes Santos Moray

Nada es más hermoso que contar una historia de amor...perdón, más hermoso es vivirla, naturalmente. Pero siempre es hermoso hablar de una pareja de enamorados. Sobretodo si ese amor fue correspondido y si ellos lo vivieron con intensidad, con verdadera pasión.

Esta es una historia de amor con un final trágico porque se ve impedida por la muerte. Y a esto, a esta triste noticia pudiéramos añadir que los amantes sólo lo fueron durante cuatro breves pero maravillosos meses. El la conoció en 1928, en la redacción de un periódico mexicano, El Machete. Aunque, para ser exactos, ya se habían visto antes, en alguna actividad pública, de índole política porque ambos, como profesión, tenían la de revolucionarios.

Ella residía en México, desde hacía algunos años. El sólo llevaba en tierra azteca algo más de año y medio.

Era estudiante y había huido de Cuba por razones políticas. El desgobierno de Gerardo Machado le perseguía y, finalmente, caería asesinado, por la espalda, a balazos cuando iba del brazo de ella hacía el hogar de los dos.

Ella era fotógrafo, nadie captaría mejor la imagen de él. Sus retratos serían un símbolo y una hermosa imagen de la belleza masculina. En toda su plenitud quedaría Julio Antonio gracias a la cámara de Tina.

Cuando él fue asesinado trataron de acusarla de un crimen pasional y le fabricaron una leyenda de mujer fatal. Fue expulsada de México y debió huir a Europa. A su patria natal no podía volver porque en Italia estaba entronizado el fascismo con Mussolini y ella, como su amado, era comunista.
 
Su barco tocó en el puerto de La Habana pero no se le permitió desembarcar... hasta ahora que lo hizo gracias a las fotografías de una exposición que, con su obra, y en su honor se montara en Casa de las América como gesto solidario de México, donde creó lo mejor de su arte,  una de las más puras y sinceras expresiones  de las  artes visuales contemporáneas. 

La leyenda de Tina Modotti y de Julio Antonio Mella nutre muchas páginas. Una carta de amor decía, en su introducción, escrita por el: «mia cara Tinissima» y luego, en la médula del texto la intensidad de sus sentimientos por ella: «Tu dices que me quieres igual a mí. Si solucionamos esto, tengo la convicción de que nuestra vida va a  ser algo fecundo y grande.»  

Será la misma mujer que luchará en la alianza antifascista Giuseppe Garibaldi, la Maria  de la guerra de España, de la Internacional Comunista, la que de regreso a México, luego de concluir la contienda bélica y de conocer campos de concentración en Francia y el éxilio casi clandestino, hasta recuperar el derecho, por decisión de presidente Lázaro Cárdenas, a usar su nombre —Tina Modotti y no Carmen Ruiz—.

En un taxi se quedaría en silencio para siempre y que, en su bolsa, guardaba celosamente una foto de Julio, como ella le decía a Mella, la misma que al ser llevada al hospital, ya muerta, reposaría sobre la misma  loza que el, unos años  atrás, la mujer que canto en poema conmovedor Pablo Neruda y cuya estrofa final es el más universal homenaje a esta mujer de singular belleza que para nosotros, los cubanos, es entrañable: 

Son los tuyos, hermana: los que hoy dicen tu nombre los que de todas partes, del agua y de la tierra, con tu nombre otros nombres callamos y decimos Porque el fuego no muere. 

Así, como un fuego que palpita desde su silencio vive Tina Modotti, con esa imagen que Julio Antonio dejo para nosotros en su misiva: «con aquel pelo negro, suelto como una bandera...» 

Septiembre/1988


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Actualizada: 7 de marzo/2008

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