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Lo nuestro es un amor diferente
Por Lirians Gordillo Piña y
Helen Hernández Hormilla,
estudiantes de periodismo
Ilustración: Archivo
Abre mis ojos el asombro para que nada escape/
y todo llegue a ti/
con esta luminosidad que acaricia mi cuerpo/
y me hace recordar la suavidad de tus manos/
que nerviosas bajaban, cada día, /
a beber de la estancada agua que le ofrecía mi cansancio.
La humanidad pudiera distinguirse solamente por su capacidad de amar. A veces tan olvidado, el amor es una especie de brillo que convierte en placer cada una de las vidas que alumbra. Sin embargo, muchas veces los amores sufren el enjuiciamiento de los otros cuando deciden desafiar los mitos y prejuicios sociales que establecen un supuesto ideal de pareja.
En este sentido, son mal vistas las relaciones donde existen diferencias de edad, raza o clase, o entre personas de un mismo sexo. Estos criterios no responden más que a estereotipos que limitan las verdaderas libertades humanas para decidir sobre la sexualidad y los cuerpos, y son fruto de una cultura construida históricamente.
No son pocos los que prefieren defenderse como son y vivir según sus propios credos. Cada una de sus historias, funciona como un eco que se reproduce en la nostalgia de quien alguna vez se entregara a la voluntad de amar.
Maité y Niurka
Nos reciben en su casa una de esas pocas tardes invernales que tenemos en la ciudad. A diferencia del viento y el ruido de afuera, dentro se siente una calidez y paz reconfortantes. Se mueven por la casa como peces, uno de sus grandes placeres es ir construyendo desde hace dos años este espacio que se parece cada día más a lo que son y viven juntas.
Se conocieron en casa de una amiga común y desde que se vieron hubo algo que las enlazó. «Son esas cosas que no puedes describir, pero que se quedan en el subconsciente», dice Niurka.
«Para mí al principio fue muy difícil —rememora Maité—, pues era mi primera relación lesbiana. Me sentía un poco confundida, sobre todo en cuanto a la proyección social; aunque no confundida en mis sentimientos, interiormente estaba segura. Yo valoro sobre todo el cariño, la tranquilidad, esa sutileza de llegar a la otra persona sin necesidad de decir una palabra».
Oscar
Camina por las calles de La Habana Vieja y poco a poco se deja conducir por los recuerdos. Memorias que lo llevan a otros días en los que por primera vez gozó la sensación de que cada instante puede ser eterno porque se vive junto a quien se ama.
Conoció a Daniel en una fiesta siendo un adolescente. Aquella unión duró poco más de tres años entre Matanzas y La Habana. «Lo recuerdo como los mejores momentos de mi vida, comenta Oscar. De él aprendí mucho porque era una persona madura, elegante, de figura espléndida, compartidor, siempre veía lo lindo y lo bueno de todo el mundo. Nunca descuidaba los detalles que me pudieran gustar. A veces me levantaba y la cama estaba cubierta de flores.
«Nos separamos cuando se fue del país, porque en realidad era poco práctico mantener una relación a distancia sin la perspectiva de volver a vernos. Después de esa experiencia no me he vuelto a enamorar, porque para mí el amor es entrega total, hacer que cada día crezca y crezca, y preocuparse constantemente de que no muera».
Alonso
Él se enamoró de un hombre por primera vez casi a los 40 años, poco tiempo después de su divorcio. Había terminado un matrimonio de 20 años y dos hijos, por problemas cotidianos y de convivencia más que por falta de afectos. En su nuevo trabajo conoció a alguien que comenzó a convertirse en su amigo, en su apoyo ante los problemas.
«Poco a poco entendí que me gustaba, que me era agradable estar con él. Entonces acepté que formáramos una pareja. Tenía una ternura particular y eso es muy agradable. Para mí se trata de una relación nueva y totalmente experimental, tal vez más intensa no solo en el plano sexual sino en el de los sentimientos», comenta.
A sus 49 años, Alonso puede definir el amor como el acto simple de dar y recibir, de descubrir en el otro lo más íntimo, oculto tal vez por un tabú, y compartirlo. «No debe diferir el amor por el sexo de la persona a quién se ama, finalmente uno se enamora de los gestos, de las acciones, de los sentimientos, de las formas de pensar, y no de lo que se ve en el exterior».
Veloces se desvían por mí lossitios/
con los que nos estaba prohibido seoñar
Esquemas en desuso
Hoy día prevalece la imagen del amor ideal como aquella que nos dejara Shakespeare varios siglos atrás. Al asumir la unión amorosa ligada a un fin reproductivo, el matrimonio tradicional heterosexual, fortalecido por la interacción de las religiones monoteístas, la reproducción de prácticas institucionales, económicas, morales, familiares, etc.; desconoce la existencia de toda una diversidad de expresiones y uniones amorosas. Las parejas que no cumplen con estos cánones sufren cotidianamente del rechazo social y ese «otro» amor debe estar en constante enfrentamiento con el mundo y consigo mismo.
«La homosexualidad es una guerra terrible, una presión psicológica muy fuerte —asegura Oscar. Cuando era niño fui tratado por el psicólogo pues mi mamá veía que yo tenía inclinaciones hacia los varones. Al final terminamos tratándola a ella para que comprendiera que la homosexualidad no es un trastorno sino otra manera de asumir la sexualidad.
Cuando eres gay, existe una presión sobre tu identidad sexual, porque sientes que a ti quien te atrae no es la muchachita sino tu compañero, el que tienes al lado. No quieres ser como aquel al que tratan mal u ofenden constantemente. Reconocerse a sí mismo es una dificultad para todo ser humano y para los homosexuales más, porque están conscientes de lo que les gusta; pero la sociedad y su familia muchas veces no lo aceptan».
Las personas homosexuales cargan también una serie de mitos y prejuicios culturales sobre su estabilidad emocional y su comportamiento social e individual. La homosexualidad entendida como una perversión, como una «anormalidad antinatura», no es más que el resultado de una herencia cultural que ha estereotipado este tipo de relación.
Para Oscar, «dentro de la homosexualidad no podemos escapar a la psicología de las personas, a su contexto, a su idiosincrasia. Tú puedes estar muy enamorado de alguien y no dejar de desear al que estaba a tu lado. No creo que sea solo un cliché que los homosexuales hombres son más dados a la infidelidad que las lesbianas, todo está en cómo nos han criado, en cómo hemos evolucionado como género masculino dentro de la sociedad que nos tocó vivir. Al fin y al cabo también somos hombres, biológica y psicológicamente, aunque nos acostemos con otros hombres».
Maité no concuerda con la imagen de la homosexualidad como una perversión. «La sociedad cubana tiene como tabú que los homosexuales son de bajo mundo; pero hay personas malas tanto homosexuales como heterosexuales. Yo no tengo una vida desordenada, pienso que es más ordenada quizás que otras de parejas heterosexuales y conozco quienes han durado más de 20 años».
Superadas las batallas internas y los conflictos familiares, una de las limitaciones que padecen las parejas de lesbianas y gays es la privación de mostrar su amor en público.
La manera de reaccionar ante estas prohibiciones puede ser diferente incluso entre los miembros de la misma pareja. Niurka opina que es señal de solidez «porque te tienes que estar escondiendo, buscando un lugar para compartir, tratando de hacer las cosas lo mejor posible sin dañar a los demás y todo eso te crea una fortaleza». Maité, por el contrario, defiende la necesidad de acompañar el amor con señales de afecto. «Una caricia a veces es muy importante. No digo ni siquiera darnos un beso, o abrazarnos en una esquina; pero privarse de una caricia es duro, cruel».
Los cambios pueden estar cerca
Cuba es una sociedad machista donde la heterosexualidad se ha establecido como norma para hombres y mujeres. La herencia cultural de España y África, influyó en que en nuestra sociedad abunde la censura a las orientaciones sexuales no hegemónicas. A pesar de los grandes cambios generados a partir de 1959 en que se variaron estereotipos referidos a la incorporación de las mujeres a la vida pública y de los hombres a algunos espacios domésticos; los criterios homofóbicos prevalecen y discriminan tanto social como jurídicamente a gays y lesbianas.
Una alternativa a favor de estos grupos pudiera ser la que renueva ciertos aspectos del aún vigente Código de Familia, aprobado por consenso popular en 1975.
La iniciativa parte del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y la Unión de Juristas de Cuba. Esta nueva propuesta, introduce un artículo relacionado con el derecho a la libre orientación sexual e identidad de género que incluye la «unión legalizada» entre personas del mismo sexo, así como derechos de los transexuales y travestis.
Mariela Castro, directora del CENESEX, comentó recientemente en una charla sobre Diversidad Sexual propiciada por la revista Alma Mater en el Festival Universitario del Libro y la Lectura (FULL), que el hecho de que los estereotipos sean construidos a través de la historia y la cultura, nos enseña que podemos cambiarlos y resignificarlos, por ejemplo, el del matrimonio. Nosotros estamos planteando con el nuevo Código un nuevo término, el de uniones formales legalizadas, para las personas homosexuales. Esta propuesta ofrece ventajas jurídicas como mayor justicia social y los mismos derechos patrimoniales y personales que el matrimonio legal, incluida la adopción.
Se prefiere hablar de uniones legalizadas y no propiamente de matrimonio pues sino implicaría cambios en la Constitución cubana y por tanto traería una mayor dilación en el logro del objetivo real. Legislaciones de este tipo ya se han patentizado en otros países como Dinamarca, Noruega, Suecia, Islandia, Finlandia, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Luxemburgo y Suiza. En tanto que Holanda, España, Bélgica y Canadá aprobaron directamente el matrimonio entre personas del mismo sexo. En América Latina y el Caribe, solo en algunas jurisdicciones de Argentina, Brasil y México se han aprobado normas en este sentido. En el caso de ratificarse en Cuba este proyecto, el país estaría entre los primeros de la región en otorgar amparo legal a la diversidad sexual.
Para los homosexuales esta posibilidad representa un anhelo de mucho tiempo, a la vez que un reto pues supone derechos y deberes para los que decidan formalizar su relación. Alonso ve en esta unión la ventaja de que parejas que han estado toda la vida juntos, tengan amparo legal. Maité lo asume sobre todo como una oportunidad de legitimarse: «Yo soy de las que quieren casarse, en el 2008 o en el 50. Es cierto que cuando amas a alguien no importa un papel; pero es el ansia de que se reconozca mi relación desde el respeto y la legalidad».
Una pregunta común puede ser si la sociedad cubana estará preparada para un cambio de este tipo. A este respecto, la directora del CENESEX dejaba ciertas interrogantes: ¿Estaba la sociedad cubana preparada para el socialismo? ¿Estaba la sociedad cubana preparada para combatir y frenar el racismo? ¿Estaba la sociedad cubana preparada para combatir el machismo?
A ninguna de ellas interrogantes podremos dar exacta respuesta pues van a insertarse en el amplio universo de las subjetividades. Sin embargo, todas sucedieron y produjeron cambios positivos para la vida de las cubanas y cubanos, aunque debieron batallar y aún batallan contra la incomprensión de algunos. «Eso quiere decir que este mismo proceso lo podemos seguir en los temas de la diversidad sexual, porque la actitud de exclusión social que existe con respecto a estas personas es el mismo que promueve el machismo, el racismo y el anticomunismo, explicó Mariela Castro».
El reconocimiento legal de la diversidad sexual, debe acompañarse de un mayor entendimiento social, que trascienda el concepto de tolerancia hacia el de aceptación. Las personas deben ser valoradas por su integridad humana y no por su orientación sexual. Si el amor hace mejor a los seres humanos, entonces, dejémosles amar con libertad.
*Como quien pone una camisa blanca a su esperanza,/
yo miro para ti, yo sueño para ti;/
recorro los andenes del olvido/
mientras siento la vida que a mi espalda se cierra/
como la oscura boca de un túnel/
en el que eres el único punto luminoso.
*Poema «Dieciseis» de Nelson Simón, En: A la sombra de los muchachos en flor, Ediciones Unión. La Habana, 2003.
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