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Enciclopedia de la sexualidad, preguntas y respuestas


Tomado de la Enciclopedia de la sexualidad (Volumen I),
publicada por el grupo editorial Océano

Enciclopedia de la Sexualidad

En ocasiones discutimos con los amigos sobre si el comportamiento sexual es aprendido o bien depende fundamentalmente de las hormonas y de la herencia de cada individuo. ¿En qué lado quedarse?
En ninguno de ellos de forma absoluta. Sin hormonas no habría la «chispa» necesaria para encender el «combustible» del sexo. Pero el hombre es un ser que fundamentalmente está sometido al aprendizaje. Sin este sería muy difícil no solamente poner en marcha el sexo, sino explicar la diversidad de costumbres sexuales de cada época de la historia y de cada sociedad en particular.

¿No les parece que de tanto hablar de sexo se terminará con su maravilloso misterio? ¿No será perjudicial, a la larga, para todos?
Una cosa es informar adecuadamente sobre todo lo referente al sexo, que es una obligación ineludible de la sociedad y un derecho individual indiscutible, y otra es la utilización indiscriminada del sexo para vender hasta latas de atún. El romper con los mitos y profundizar en esos misterios resulta siempre útil y no perjudica para nada el futuro sexual de la humanidad.

Tengo una amiga que afirma que el sexo del hombre está totalmente supeditado al de la mujer. ¿Esto es cierto?
Su amiga debe referirse sin duda al hombre heterosexual. Pero matices a parte, algo de razón sí tiene, es evidente que en los animales la conducta sexual del macho viene determinada, de forma abrumadora, por el periodo de celo de la hembra. No es así en los humanos, en los que las relaciones hombre mujer están controladas por muchos factores, entre los cuales el  celo femenino no tiene ningún valor. Es evidente que las armas de la seducción son igualmente utilizadas  por los dos sexos. Quizás su amiga se refería a la cuestión del impulso: el hombre es más primitivo; el de la mujer, más elaborado. En esto la mujer tiene ventaja, ya que puede permitirse una mayor parsimonia ante las urgencias masculinas. Por ello, la mujer puede manipular y controlar los deseos masculinos con mayor facilidad incluso que el propio hombre.

Un amigo mío, casado y aparentemente feliz en su matrimonio, me contó que en su juventud había tenido experiencias homosexuales. ¿Cómo he de considerarlo?
Lo importante es considerar tanto los actos como las emociones para valorar la orientación sexual de una persona. Sólo si actos y emociones van en una misma dirección, se puede decir que un individuo es enteramente homosexual. Sin embargo, como demostró Kisey en 1948, en muchos hombres y mujeres no existe una barrera completa entre homosexualidad y heterosexualidad, sino grados de exclusividad en la orientación sexual.

¿Qué queda actualmente de la revolución sexual de los años sesenta? ¿Para qué ha servido?
Si miramos hacia atrás con ternura y sin ira, constataremos que la revolución sexual no lo fue en absoluto; todo lo más fue una evolución. Los comportamientos pregonados como «nuevos» en los años sesenta no eran realmente novedosos, y aquellos que causaron más conmoción —sexo premarital y extramarital, homosexualidad y divorcio— se han nivelado, de hecho, en términos de porcentaje. No hemos ni descendido a la anarquía ni elevado al cielo el sexo.

Trabajo en una oficina con una compañera muy feminista. Siempre está hablando de los descubrimientos del Informe Hite. Yo creo que exagera. ¿Hasta qué punto tengo razón?
Para el primer Informe Hite recopiló las respuestas de 3.019 mujeres a una serie de cuestiones sobre diversos aspectos de su sexualidad. Para su posterior informe sobre la sexualidad masculina (1981), la autora dispuso de las respuestas de bastantes más hombres: 7.239. El primer Informe Hite fue un considerable revulsivo, pero sus conclusiones deben ser tomadas con precaución. Su amiga feminista tiene razón en una cosa: Informe Hite es un gran fresco de testimonios vivos y refleja prácticas y aspectos de la sexualidad femenina que usualmente no parecen en otras investigaciones de carácter más científico o estadístico.

Nuestra hija pequeña (3 años) está obsesionada con la «cosita» de los niños. Cuando estamos en la playa, todo el rato quiere mirar e incluso tocar. ¿Qué podemos hacer?
El interés de su hija es absolutamente normal, común y general entre las niñas de su edad. Lentamente se irá extinguiendo. Acepte lo que hace con la misma naturalidad con la que su hija muestra su curiosidad. Nada de decirle que lo que hace es «malo» o «sucio»; no le de mayor importancia. Otra cosa es que el toqueteo pueda llegar a ser molesto para los otros niños; sin embargo, no se preocupen, pues si los agobia, ellos lo resolverán. No se metan, simplemente.

Últimamente vengo observando que mi hija de dos años se toca los genitales y no sé que actitud adoptar ante este comportamiento. ¿Qué me aconseja?
La actitud que usted y su pareja adopten será crucial en la educación de su hija. Una reacción exagerada o una actitud punitiva pueden ejercer una idea negativa hacia la imagen corporal en general y hacia sus propios genitales en particular. Lo importante es no turbarse y obrar del modo que usted sienta como más lógico y natural.

Si un día pescara a mi hijo (doce años) mirando una revista pornográfica, como le pasó a una amiga mía, no sabría como reaccionar.
Su hijo está en una edad en la que el aprendizaje por observación es importantísimo. Si ha tenido unos padres que han sido y son un modelo adecuado, que han sabido hablarle no solo de anatomía, sino también de afecto y cariño, la visión de estas revistas no tendrá más importancia que la de ver escenas más o menos eróticas en la televisión o el cine o bien observar el sexo opuesto en una playa. Reaccione con naturalidad, si aspavientos y sobre todo con respeto a su intimidad, tan importante a esta edad.

Mientras la vestía, mi hija de seis años me preguntó por qué tenía yo pecho y ella no. Le  contesté como pude, pero me gustaría saber que hay que decir ante preguntas de este tipo.
Lo mejor es que le contestes con naturalidad y de forma directa, sin darle explicaciones muy detalladas y científicas, sobre todo no se tome la pregunta de su hija en un sentido sexual.

¿Es cierto que los niños demuestran más interés por el sexo y por las actividades sexuales que las niñas?
Parece ser que sí en nuestro tipo de sociedad, ya que a los niños se les estimula este interés, mientras que a las niñas se procura desanimarlas. En culturas en que no existe este doble código, parece que no se observa esta diferencia.

¿Dónde se debe llevar a acabo la educación sexual de los niños? ¿Es mejor en el hogar o debe ser en la escuela?
Lo que la familia da no puede proporcionarlo la escuela. La base de un erotismo saludable se inicia en los primeros años a través del afecto y del contacto de los padres con el bebé. La función de la escuela será continuar lo iniciado en casa, dando explicaciones más completas corrigiendo malas interpretaciones de los niños.

 


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Actualizada: 14 de mayo/2008

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