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La luna sí es pan-de-horno

Me celebro y me canto a mí mismo,
y lo que es mío debe ser vuestro,
pues cada átomo de mi cuerpo me pertenece
tanto como a ustedes


Canto a mí mismo

 WALT WHITMAN


De Filven´07 a Cuba´08
Entrevista con Laura Antillano

Por Hilario Rosete Silva
Fotos: Irenia González Cela

Laura Antillano
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A decir verdad
—Estados Unidos es más que George W. Bush; es un país enorme, de una gran producción intelectual, no podemos tapar el sol con un dedo.

Codo a codo
—El propio Noam Chomsky, destacado académico estadounidense, célebre por su activismo político y sus críticas a la administración Bush, es un maestro para nosotros.
 
Suerte de encuentro
—Viví en el Estado de Oregón; figuré en una antología de escritores de Eugene, mi ciudad de residencia, y me fueron gratos la vivencia y el hallazgo de intelectuales y artistas; la gente que entonces conocí sigue siendo mi amiga y piensa parecido a mí.

Laura Antillano

El Parque Generalísimo Francisco de Miranda (del Este), vestido de luna nueva, acogía el capítulo Caracas (del 9 al 18 de noviembre) de la III Feria Internacional del Libro de Venezuela Filven´07. «El libro libera», clamaban las 25 naciones partícipes bajo la contraseña de Estados Unidos, una revolución posible.

Espíritus fundadores
—Es importante que los organizadores eligieran dicho tema central; en los varios capítulos del evento se organizaron foros sobre Edgar Allan Poe, Walt Whitman y otros clásicos estadounidenses que siguen siendo leídos en Venezuela.

Los personajes históricos homenajeados, Simón Rodríguez y José Martí, infundían su espíritu; el país invitado, Argentina, miraba grave y virtuoso; y la escritora venezolana agasajada, Laura Antillano, interrogada por Alma Mater, nadaba como pez en el agua.

Al pan, pan y al vino... ¡pan!
—No podemos desconocer esa zona del pensamiento; ahorita me sinceraba con Roberto Hernández, jefe de Redacción de Venezuela Analítica y presidente del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, «¿no crees que es difícil que se dé una revolución en Estados Unidos?», le comentaba, y él: «Es difícil pero posible».

«La obra de Laura es emblema de nuestra literatura», anunciaban los micrófonos mientras esperábamos a Jorge Rodríguez, entonces vicepresidente de la República, para que inaugurase la Feria. «Por todos lados veo rostros amigos, que son parte de mi vida porque sus libros me marcaron», dijo este tan pronto como subió al podio: «Laura, por ejemplo, tu cuento La luna no es pan-de-horno es de los que atesoro; yo estaba tomado por el aura azul de la tristeza por la muerte de mi padre y un día me sorprendió la lectura de tu relato.»

Macún, macún, macundales
Al concluir la inauguración, dimos en buscar a la escritora. La hallamos en la carpa del Centro de Prensa; un colega terminaba de entrevistarla. «¿Desea sellar la charla con alguna máxima?», le pedía él. Y ella, riéndose para ocultar su resquemor: «No se pueden emitir frases así, pero ahí está el Canto a mí mismo, de Walt Whitman, el gran himno del nacimiento de la democracia, un buen sostén para el camino que vamos haciendo.»

«¿Sería muy torturante para usted seguir aquí», intentó congraciársele Alma Mater, «y soportar otra andanada de preguntas?» «Vayamos a otro lugar», aceptó y propuso ella, «no es poco el ruido que hacen los colegas.» Nos sentamos en un banco del lateral izquierdo del paseo de las banderas. «Hagámosle lugar a mis macundales», empleó un giro de las lenguas indígenas asumido por el español de Colombia y Venezuela, para señalar los libros, afiches, CDs y sueltos que cargaba, y se dispuso a resignar el mando.

Laura Antillano
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Con exactitud
Parecía cansada; quizás le molestaba nuestro acoso y por cortesía no se atrevía a confesárnoslo. La invitamos a ponerse cómoda. Le explicamos quiénes éramos; le dijimos que Alma Mater, administrada en su momento por Julio Antonio Mella, cumplía 85 años.

¡Ah!, Mella, tengo conocimiento; es un personaje hermoso; leí sobre él, su obra y su nexo con Tina; hice crítica fotográfica y estudié a Tina Modotti.

Con voz como de hojas mimadas por el aire, ademán musical y rostro iridiscente de su mundo interior, también Laura nos resultaba hermosa. Sabiendo, por otras entrevistas, de su firme certeza acerca de que la vida sería muy triste sin un cupo de fantasía, quisimos saber, de su boca, qué es lo que une a la gente, por qué decía que sus amigos de Oregón pensaban como ella y, al fin, cómo pensaba ella. No por superstición, sino por causas de mayor peso, se dice que los autores no deben hablar de los libros hasta que los terminan; no obstante, para saciar nuestra curiosidad Laura violó la regla y confesó que esa es justo la pregunta que le martillea mientras escribe su nueva obra: «¿Por qué raro misterio uno se conecta y establece vasos comunicantes con otros seres humanos, ¡por qué!, ¡por qué!?»

Abanico de posibilidades
—El secreto reside no en la nacionalidad ni en la religión, sino en la empatía, en la fraternidad del que comparte las emociones de los otros. Así recuerdo la vivencia de los 14 meses en Eugene; mi inglés era primitivo, pero había quien estudiaba español y era atraído por Latinoamérica, y había un postgrado de Literatura Latinoamericana donde impartían clases lo mismo un estadounidense, que un chileno, que un ecuatoriano.

—No cabe duda, uno recorre el mundo y siempre, dondequiera que esté, contactará con alguien que será su espejo, su otro «él», y ese será su amigo. La apertura mental permite que nos relacionemos con gente de diversos contextos desde un espacio común, que puede ser por la defensa bien de la ética o bien de la poesía.

—Al grupo de Oregón nos vinculaban la literatura, las miradas y puntos de vista, y hasta posiciones de apoyo a la Nicaragua rojinegra; por allá estuvo Carlos Mejía Godoy, el cantante de Los de Palacagüina. Nos reuníamos en la Iglesia Unitaria Universalista; la anfitriona era una estadounidense prolatina, capaz de congregar a los nativos de esta zona del mundo que por distintas causas vivíamos allí; era un espacio visualmente atractivo, realzado por una singular cría de pavos reales, ave que representa la eternidad.

De mente abierta
—Leo a los autores estadounidenses como a los cubanos, chilenos, mexicanos o españoles; insisto en que hay grandes creadores en aquel país; al margen de las películas comerciales, hay un gran cine norteamericano, y grandes cineastas; no podemos darle de lado a ese caudal porquevenga de allí, todo lo contrario; debemos tener ese contacto, ese insumo, para producir nuestra propia cultura.

La apertura mental de la que Laura habló, es la base de los talleres literarios que imparte desde hace tiempo, primero a la par y, a partir de 1996, año de su jubilación como profesora universitaria, al margen de la academia. Un día se mudó a un apartamento y destinó la casa donde vivía en Valencia a la fundación La letra voladora, institución sin ánimo de lucro que tiene en los talleres su razón de ser, su esencia principal.

—Cierta vez me llamó por teléfono para acordar una cita y entrevistarme, Rubén Wisotzki, el hoy director de la revista Imagen. Él había oído hablar de los talleres, le parecía una locura mucho de lo que se decía, y con sus preguntas me hizo meditar sobre cosas en las que nunca pensé, como es el tema de la diferencia generacional. La verdad es que jamás establecí rangos de edad ni de nada; en mis talleres lo mismo una persona puede tener 17 años que otra 80, ¡y así funcionan!; si les propongo, por ejemplo, leer y comentar un poema, aquella habla desde sus 17, y esta desde sus 80; cada cual aporta su visión, su vivencia, su realidad, su «modo»; les puedo estar mostrando una misma fotografía, y es curioso que a cada cual, a la hora de analizarla, se le ocurra algo totalmente distinto.

Un libro suyo, nuestro
Jorge Rodríguez, ayer vicepresidente, hoy entregado a la conformación del Partido Socialista Unido de Venezuela, había reconocido la marca que algunos cuentos, entre ellos La luna no es pan-de-horno, dejaron en él. Laura entró en detalles.

—Con esa obra gané el concurso anual del diario El Nacional en agosto de 1977, ¡cuando era otro diario! Fui la primera mujer que lo obtuvo. Es el único texto que escribí, de la primera hasta la última línea, las 12 cuartillas, de una vez, en una noche. En abril de ese año había muerto mi madre. «¡Túsigues creyendo que la luna es de pan-de-horno!», me decía ella. Y era verdad: a cierta edad uno vive ilusionada, todo le parece maravilloso, y no lleva gravitando sobre su cabeza la «otra parte», la zona de lo oscuro, de lo que para mal le puede ocurrir. Al presente ya no creo que las cosas sean así, pero afirmo que debemos seguir tratando de construir esa luna de pan-de-horno.

—Jorge Rodríguez no es el único que me ha agradecido su escritura. El cuento fue traducido a varias lenguas y otras personas, nacionales y extranjeras, me expresaron sentimientos afines o me comunicaron que profundizaron en él como parte de tal y tal estudio. Conocí y siempre recuerdo a una profesora de Nueva York que me contaba sus vivencias, lloraba y me decía: «¡Esa no es su madre, es la mía!» Ese es el momento en el que se produce la verdadera comunicación, cuando el lector se apropia del texto y lo hace suyo... En el instante en que un libro se publica, ¡ya es del lector!

Signos evidentes
—En ese proceso de comunicación que te refleja en el otro, reside el sentido de la escritura; si en cierta obra hallas un espejo, ¡aleluya! ¿Cuál es la tarea del escritor? Escribir. ¿Cómo? Lo mejor que pueda: ahí también está su compromiso entendido como toma de partido en cuestiones políticas. Con ese presupuesto participo en la revolución bolivariana; sobre esa base he estado desde siempre con la izquierda y fui dos veces, en 1976 y 2002, miembro del jurado del premio de Casa de las Américas; desde que era una muchachita y estudiaba en el liceo mi visión ha sido«desde este lado»; en lo particular me interesa que el proceso se esté llevando a cabo, y considero que mi deber es colaborar.

—Sin embargo, y además, uno mantiene una postura crítica que incluso es buena para el propio proceso. Desde esa perspectiva es importante pensar y definir, por ejemplo, que no existe un único libro del socialismo, sino que al individuo leasiste el derecho a leer todos los libros y a formarse a través de la lectura para tener su propia opinión y poder responder: «Sí, estoy de acuerdo con el proyecto de reforma constitucional.» Solo en aras de la razón, la consistencia y el crecimiento interior del ser humano, es que se justifica la batalla por la universalidad de la lectura y la cultura general; no se trata de criar ovejas o pacer un rebaño que se deje dirigir en sus opiniones, gustos o actos, sino de convertir al país en una población de seres pensantes.

—Dicha mudanza viene sucediéndose. Siento, digamos, cuando voy a comprar el periódico, que el kiosquero ya no se limita a venderme el diario, sino que tiene criterio y puede tener una plática conmigo, citando la Constitución, hablando de lo que sucede en Iraq, en Palestina o en cualquier otra parte. Eso no pasaba antes en Venezuela, es nuevo, es un signo de los últimos ocho años, lo digo con naturalidad pero creída, porque lo veo y lo he vivido, y frente a eso no queda otra que quitarse el sombrero.

Laura Antillano

Úsame, utilízame
Al mar de preguntas se sumó un aguacero. Corrimos a la carpa donde había ocurrido la inauguración. Inesperadamente hicieron acto de presencia los héroes de Si tú me miras. Escrita por Laura para el público adolescente, la novela había sido presentada por la editorial Gente Nueva en la XV Feria Internacional del Libro Cuba´06 y concurría a Filven´07 de la mano de Planeta. Una madre y sus hijas se van de vacaciones a Isla Margarita. Lo que María Cecilia, la mamá, no sabe, es que sus hijas Mafer y Maricrís le han buscado un novio por Internet, un tal Ramón Leiziaga, y que lo van a encontrar en esa isla del mar Caribe.

—Hay gente, periodistas y escritores, de generaciones anteriores al auge de las tecnologías de la información y la comunicación, que aún por temor a lo nuevo se resisten al uso de estos medios. En lo personal me interesa la «aventura» de Internet, y reconozco que los adolescentes sonexpertos en el tema; cuando tengo dudas le pregunto a mi hija, que con 15 años escribe poesía y edita vídeos; y ella, «¡ay, mamá, a ti te falta atención!»; es lo que uno les decía a ellos cuando eran pequeños, «¡voy a llevarte al psicopedagogo, estás distraída!»; este es su desquite, mas tienen razón, debemos aprovechar esas técnicas.

Es difícil aportar novedades sobre la vida y obra de la escritora, señalada entre las más prolíficas de aquella república sudamericana. Ha incursionado en el cuento, la novela, el ensayo y la narrativa infantil. Todo esto puede leerse en su página oficial en Internet www.laurantillano.com.ve.  De ella dijo Luis Britto García, otro notable autor y estudioso venezolano, que «vive la dicha de no disociar sus lealtades de sus amores». Ella misma ratificó que uno de ellos es Cuba, a quien agradecería la presentación en Filven´07 de Perfume de gardenia, novela editada por primera vez en 1982. La nueva entrega llevaría el sello del Fondo Editorial ALBA, pero ella quiere que veamos, detrás, la labor del Fondo Editorial Casa de las Américas.

Caperucita mi amor
—En Casa tengo gente que quiero y respeto. Toda la comunicación necesaria a la reedición de la novela fue por Internet. «Laura, ¿deseas mantener las ilustraciones?» «Sí.» «¿Podemos cambiar algunas fotos?»  «Selecciónenlas ustedes mismos.» Y me las mandaban por correo electrónico para que les diera mi conformidad; así montamos el libro, prácticamente juntos… Mi relación con el escritor Senel Paz, otro ejemplo, se remonta a la época en que salió su primera novela, Un rey en el jardín... Tengo amigos entrañables en la Isla, y amistad con otros creadores cubanos.

—La relación con el premio Casa no se remite solo a las veces en que fui miembro del jurado; luego asistí a los festejos por un Primero de mayo y estuve con Mario Benedetti, que me hacía bromas y me llamaba la caperucita roja de los intelectuales venezolanos.

—Me alegra saber que por esta conversación con Alma Mater los nuevos universitarios cubanos conocerán algo más sobre Venezuela. Nuestros países siempre fueron afines; entre otros lazos nos unen la música, el sentido de pertenencia al Caribe y al trópico, y ¡claro!, la lucha por los ideales de Bolívar y Martí.

—Soy nacida en Caracas, pero a los 10 años mi familia se mudó al noroeste, al Estado de Zulia, donde cursé el liceo y la universidad, y adonde regresé para hacer el postgrado. El espacio, el paisaje del Zulia, es una constante en mis novelas; yo vivía junto al lago de Maracaibo; a los pies de mi ventana se extendía toda la depresión del lago; de eso se deduce mi especial atracción por las ciudades que son puertos; ¡ahí está La Habana, qué hermosa, con ese Malecón que es un sueño, ungido en lontananza por los fuertes del Morro y La Cabaña! ¡Sí, La Cabaña, donde transcurre uno de los capítulos más fascinantes de la Feria del Libro de Cuba, algo increíble porque aquella fortaleza es como otra ciudad!

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© Alma Mater 2008

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Actualizada: 18 de febrero/2008

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