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Entrevista con Ana Cairo

CANTOS NUEVOS
PARA CREDOS VIEJOS

Por Hilario Rosete Silva
Fotos: Kaloian

En el Día Internacional de
la Mujer,
a 125 años de la muerte de Marx,
105 del natalicio de Mella,
90 de la reforma universitaria,
y 85 de la fundación de la
Agrupación Comunista de
La Habana

Ana Cairo
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CUALIDAD DE MÚLTIPLE
—Contrario a lo que podría parecer, ya en los 60 del siglo XX se publicaron obras, hoy casi exclusivas de consultas bibliotecarias, que permitían estudiar el avance del ideal socialista en la república burguesa. Son los casos, por ejemplo, de El Movimiento Obrero Cubano en 1914 de Carlos del Toro y El Movimiento Obrero Cubano en 1920 de Olga Cabrera.

Conocida en el mundo editorial por las selecciones, prefacios y notas a las obras con las que honró los 100 años del natalicio de Mella, Gómez, Guiteras y Roa, la doctora Ana Cairo Ballester, profesora titular de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana (UH), es una de nuestras contribuyentes a la valoración de esos estudios.

—Carlos del Toro igual nos legó Algunos aspectos económicos, sociales y políticos del movimiento obrero cubano, y realizó un retrato de la clase burguesa, La alta burguesía en Cuba. No sería el único que, para profundizar en las alternativas analíticas, elegiría objetos más que contrastantes: otro tanto hizo su colega José A. Tabares del Real, escribió Guiteras, biografía del fundador de Joven Cuba, y luego, cuando lo sorprendió la muerte, estaba trabajando en un texto sobre Fulgencio Batista... Llamo la atención sobre esto porque en ocasiones, cegados por el maniqueísmo, simplificamos los enunciados.

PROPOSICIÓN RAZONABLE
—Si se pensó que podríamos investigar el desarrollo del ideal socialista repasando la historia del movimiento obrero, sí profundizando en esos anales se elevaron no pocas reflexiones sobre el avance de aquel ideal, hoy sabemos que no hay un solo camino, que los estudios deben acometerse desde diferentes perspectivas, y que la idea socialista hay que rastrearla en el mundo obrero y en el burgués, a la izquierda y a la derecha, dentro y fuera, porque, además, es patrimonio del pensamiento moderno, fruto cultural de toda una época.

—Recuerdo a Leopoldo Cancio Luna, uno de los fundadores, en 1878, del Partido Liberal (Autonomista) y, en calidad de secretario de Hacienda del gobierno de García-Menocal, artífice de la acuñación de nuestra moneda. Cuando en 1906 se inició la conformación del Partido Conservador, Cancio Luna sugirió que en su primera resolución este analizara las relaciones de la Isla con Estados Unidos; y cuando le preguntaron por qué, respondió que, según Marx, el factor decisivo era en última instancia el económico, así que el problema número uno del país era su nexo con el vecino del Norte. Véase cómo un adepto del conservadurismo usa a Carlos Marx para establecer la que él creía que debía ser la tesis número uno de su partido.

—Es erróneo afirmar que solo los obreros se interesaron en el ideal socialista; sería como aseverar que solo se interesan por la computación los informáticos o por el cambio climático los ecologistas. Cuando un bien se constituye en legado de una época, la gente se acerca: para conocer, para estar enterado, para rebatirlo, hasta por curiosidad. Los jóvenes también querrían saber cómo progresó el ideal socialista durante ese período.

MENTE ABIERTA
Gracias a las ediciones La Memoria del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, en el 2001, centenario del nacimiento del autor de Presidio Modelo, se dio a la luz, por segunda ocasión en 65 años, Álgebra y política, ensayo epistolar escrito y enviado por Pablo desde Nueva York a su amigo Raúl Roa. Ana Cairo dirigió la edición y redactó el prólogo. Bajo el provocador y sugerente título de «Un réquiem marxista para la Revolución del 30», aclaró los antecedentes y el contexto en el que Pablo vivió y trabajó, enfocó el adelanto del ideario socialista y probó que dicho avance no fue «en blanco y negro», sino rico en colores, matices y actitudes de vida, traído, llevado o encarnado en figuras que van desde José Martí hasta Blas Roca, pasando por Tejera, Baliño, Varona, Sanguily, Ortiz, Mella, Villena, Roa y el propio Pablo, por citar las más conocidas.

—En «Un réquiem...» hablé de Martí. Hay un profesor universitario de origen peruano, José Ballón, autor de una obra que, cosa increíble, no tiene edición cubana, Lecturas norteamericanas de José Martí: Emerson y el socialismo contemporáneo. Bayón estudió la reimpresión de 1887 de un tomo de El socialismo contemporáneo (1884) de John Rae, que tiene en los márgenes anotaciones del Apóstol... Llamo a calificar el examen de las lecturas que hizo Martí de Rae: ¡Martí sí hizo lecturas socialistas, están documentadas!

—Esas ideas circulaban en Tampa y Cayo Hueso y en el resto de Norteamérica. Las comunidades de emigrados cubanos, así diseminadas por México, Venezuela, Guatemala, Colombia, Honduras, Costa Rica, Panamá, República Dominicana, Jamaica, Inglaterra y Francia, entre otros países, estaban bien enteradas; hay una carta donde Martí le habla del asunto a su amigo de infancia y compañero de destierro en España Fermín Valdés Domínguez. Cualquiera se percata de que el artículo «La futura esclavitud», publicado por el Apóstol en La América, de Nueva York, en abril de 1884, y recogido en el tomo 15 de sus Obras Completas, no es la mera opinión de una voz, sino un análisis sobre el tratado homónimo y las objeciones de Herbert Spencer a propósito del socialismo. Hay que leer, además, las cartas publicadas por Martí a fines de 1886 en La Nación y El Partido Liberal sobre el proceso de los siete anarquistas de Chicago...

¿APÓSTOL SOCIALISTA?
Una disyuntiva ha centrado las controversias en torno a Martí: ¿se mantuvo fiel a las doctrinas del liberalismo del siglo XIX, aún defendiendo sus principios más radicales, o evolucionó hacia algunas de las formas del ideal socialista?

—Las opciones todavía divergen. El anexionista José Ignacio Rodríguez, en su Estudio histórico sobre el origen, desenvolvimiento y manifestaciones prácticas del ideal de la Anexión de la Isla de Cuba a los Estados Unidos, dijo que Martí podía ser un socialista. Es un debate antiguo, el estudio de Rodríguez data de 1900. Además del criterio de José Ignacio, está el juicio de Eliseo Giberga, miembro de la Asamblea Constituyente de 1901, que tachó a Martí de ser el hombre más funesto de la historia de Cuba. ¿?

—En un panel de la revista Temas publicado en los Últimos jueves, varios investigadores polemizamos sobre el liberalismo en Martí, su real alcance y sus puntos de vista. Coincido con quienes dicen que Martí es un liberal, pero reconozco que desde perspectivas de época los análisis podrían ser otros. Nótese que digo «de época», no hablo de estudios más recientes ni de la propensión de ciertos autores a, para no decirle liberal, y ya que no podían hacerlo marxista, llamarlo «demócrata revolucionario».

A MÁS, TAMBIÉN
Para hablar del avance del ideario socialista en Cuba es preciso lanzarse a una tras territorialidad que genera conexiones con Estados Unidos y con otras naciones.

—Está el caso de Diego Vicente Tejera, que no fue turista, sino que vivió en París y allí se empapó del ideal socialista y se formó un concepto de lo que era un partido obrero. En «Un réquiem...» también hablo de él, de cómo siendo amigo de Martí y miembro de la Sociedad Literaria Hispanoamericana de Nueva York, organizó en el teatro San Carlos de Cayo Hueso un coloquio educativo que incluyó una conferencia denominada «Un sistema socialista práctico»... La más reciente información que poseemos sobre su vida y obra fue expuesta en Diego Vicente Tejera: Textos escogidos, el libro que en 1981 preparó e introdujo en nuestros predios académicos Carlos del Toro.

—Hubo cubanos en España e inmigrantes españoles en Cuba, que lo mismo se afiliaron al anarcosindicalismo, que al anarquismo, que a las ideas defendidas a fines del XIX por el Partido Socialista Obrero Español de Pablo Iglesias. De igual forma el influjo de la Revolución Mexicana es importante para pensar la Cuba del siglo XX, en el entendido de que esta era la retaguardia del movimiento político azteca; tenemos el caso de Felipe Carrillo, líder del Partido Socialista del Sureste (Yucatán) que tenía sus bases en Cuba...

EL DIARIO QUE A DIARIO
—En La Habana había un barrio mexicano; la idea socialista, pasada por México y su revolución, estuvo presente; en 1920 Mella decidió realizar estudios militares en México influenciado quizás no solo por el ejemplo de su abuelo, el general Ramón Matías Mella, sino también porque sus amigos le hablaron de la inauguración del Colegio Militar de San Jacinto. Si el empeño de Mella terminó frustrado, fue porque la Constitución de aquel país les prohibía a los extranjeros servir en el ejército en tiempos de paz.

—Esto lo sabemos por el diario y las cartas que Mella le escribió a su novia Silvia Masvidal. En Mella 100 años, obra en dos tomos, abro precisamente con el diario de ese, su primer viaje a México, efectuado entre el primero de abril y el 21 de junio de 1920. La edición de 1975 de las obras de Mella no lo recogió, quizás por temor a que los episodios desacoplaran con la imagen del fundador de la FEU. Mella escribe que a fines de abril abandonó Ciudad México con destino a Estados Unidos, porque quería ver la guerra civil. El día 29 llegó a El Paso (Texas), pero se enfermó y hubo que hospitalizarlo. ¡Es un diario muy atractivo para los jóvenes, Alma Mater debería publicarlo!

¡HA LUGAR!
Con relación al estudio del avance del ideal socialista a través de la historia del movimiento obrero y de las conexiones con México, Ana Cairo evocó a Carlos Loveira.

—Autor de Los inmorales, Los ciegos, Generales y doctores, La última lección y Juan Criollo, Loveira también fue socialista (reformista) y uno de los líderes fundadores del movimiento obrero moderno. Su libro de memorias De los 26 a los 35 nunca se ha reeditado. Tanto en él como en sus novelas, narra su vida personal, habla de sus nexos con el proletariado, incluso el estadounidense, le dedica un capítulo a Yucatán, expone su tesis sobre la creación de una secretaría del Trabajo y aboga por el ingreso del país en la Organización Internacional del Trabajo (OIT), con todo y que aspiraba a ser el delegado cubano ante su sede en Ginebra. De modo que la creación de la Secretaría del Trabajo de 1933, una de las audacias del gobierno de Grau-Guiterras, no salió de la nada, prolonga aquel acto político, ensancha aquel espacio de negociación, el de la OIT, donde se reconocerían, al menos con carácter institucional, ciertos derechos obreros, acervo del ideal socialista.

—¡Ojo! Los enemigos de la doctrina creían que debían emplear los medios de la contra propaganda. En «Un réquiem...» no dejo de narrar cómo en la iglesia habanera de Monserrate, el cura español Eduardo Martínez Balsalobre pronunció varios sermones sobre el socialismo revolucionario... ¡claro, con ánimo de reconocer al «diablo» contra el que los creyentes debían combatir!

«NEW DEAL AND WELFARE»
Otro componente socialista al que la investigadora le prestó atención se relaciona con el imaginario colectivo sobre el estado de bienestar.

—Quizás no podamos decir, en absoluto, que nuestra idea del estado de bienestar nunca llegó a ser soviética, tal vez pudo haberlo sido para un sector de la población, mas en ese aspecto influyó de forma determinante entre nosotros la gestión de Franklin D. Roosevelt, trigésimo segundo presidente (1933-1945) de Estados Unidos, el único elegido cuatro veces consecutivas.

—Cuando Roosevelt llegó a la presidencia, había 14 millones de parados en Estados Unidos y las secuelas de la depresión repercutían por doquier. Referente a política exterior, su gobierno se basó en el «new deal» o nuevo modo de hacer o relacionarse, y uno de sus frutos, para el caso de Cuba, fue la derogación de la Enmienda Platt y la firma del Tratado de Reciprocidad Comercial de 1934. Pero la consagración como presidente le sobrevino a Roosevelt a expensas de su política interna, gracias a la implementación de un grupo de elementos para crear lo que se dio en llamar el «welfare» o estado de bienestar.

EN LIBERTAD
—A propósito de mejoras sociales, la casi totalidad del pensamiento político de los 50 del siglo XX toma como referencia dicho modelo americano. El hecho de que el país se levantara y miles de personas salieran de la crisis, unido a la puesta en práctica de las medidas de asistencia económica y social –entre ellas estaba el germen del devenido programa de seguro médico «Medicare», la creación de nuevas fuentes de empleo, etcétera–, vinieron conformando, desde entonces, la imagen actual de un estado de bonanza.

—Por la aplicación de políticas que se insertaban en el ideario socialista de la época, los enemigos de Roosevelt comenzaron a tildarlo de socialista, no creo que él se definiera a sí mismo como tal. Algún día tendré listo y se publicará un libro que estoy escribiendo sobre Eduardo Chibás; el líder del Partido Ortodoxo se hallaba en Estados Unidos cuando Roosevelt se estrenó como presidente; tres años después la revista Bohemia le encargará un trabajo; mi libro recogerá ese texto, fechado en La Habana en 1936; allí Chibás reflexiona: «¡Si todos los socialistas fuesen como Roosevelt!» Así dice Chibás, y explica por qué Roosevelt fue reelegido, y proclama que él, Chibás, lo considera, a Roosevelt, una variante de socialista, «paladín de la libertad».

—Que la noción de bienestar se ajustara al estándar estadounidense también se debe al flujo de cubanos que bien por voluntad propia se fueron al Norte a buscar trabajo o bien fueron obligados a exiliarse: muchos fueron testigos del cometido de Roosevelt en el plano social interno, vieron en su desempeño una variante práctica del ideal socialista de la época, y dieron fe de él. La idea socialista no es solo una, el marxismo es una de las tendencias del socialismo, hay muchas tendencias marxistas, gracias a la pluralidad de tendencias el socialismo tiene varios públicos; si el socialismo nada más que hubiese sido estalinista, no habría reunido tantos partidarios; las riquezas del socialismo y del marxismo están en sus abanicos de opciones, por eso hoy se habla del socialismo del siglo XXI.

Ana Cairo
PARA ELLOS Y PARA SUS PATRIAS
Ya en la despedida Ana Cairo nos compartió sus tesis sobre las fuentes socialistas en su vínculo con la formación de los movimientos estudiantil y de reforma universitaria, y con las vías de entrada a Cuba, entonces sí, de las ideas de Octubre.

—Al estudiar el movimiento estudiantil cubano, revisé los fondos de la Biblioteca Central de la UH y descubrí una imponente colección de revistas argentinas. Las señas me las había dado Alfonso Bernal del Riesgo, uno de los fundador del Partido, uno de los primeros teóricos de la reforma universitaria en la Isla, también uno de los primeros psicólogos marxistas en Las Américas y uno de nuestros socialistas marxistas olvidados. Bernal me aseguró que la formación de nuestro movimiento estudiantil se debió a la lectura de tales publicaciones, como por ejemplo, la Revista de Filosofía que en 1915 fundó el profesor José Ingenieros.

—La reforma generó infinidad de publicaciones. No puede pensarse que dicho movimiento de reforma brotara en Cuba de la nada; fue consecuencia de las lecturas que hicieron sus propulsores, reunidos en el grupo Renovación; por ahí empecé a investigar. «¿De dónde vino el nombre?» «Así se llamaba una publicación argentina», me explicó Bernal, «nosotros éramos el grupo Renovación de Cuba, en la Argentina había otro.» Bernal asistió al Congreso de Estudiantes representando al grupo. «¿Quiénes lo integraban?» «Los teóricos, la gente más avanzada en las ideas de la reforma.»

—Entre las vías de entrada a Cuba de las ideas de Octubre, no está solo la Internacional Comunista, sino el movimiento estudiantil, el trabajo académico, el desempeño de profesores universitarios y de otras figuras de la estatura de Evelio Rodríguez Lendian, Eusebio Hernández y Enrique José Varona, y el arribo de los inmigrantes. Cuando en febrero pasado participé en el coloquio internacional sobre la UH contenido en Universidad 2008, dediqué mis palabras, entre otras fechas, a los 90 años de la reforma universitaria: consideré preciso elogiar a una universidad, la UH, que, toda vez salida del movimiento de reforma, entró en la modernidad.

—La reforma universitaria comenzó en Córdoba, Argentina, en 1918, pero se extendió a varios países del área, despertando y uniendo al estudiantado latinoamericano. Fue la gran marcha del movimiento estudiantil continental, la que vino a insertarlo en las tendencias políticas, económicas, artísticas o religiosas del mundo, la que validó al de los estudiantes universitarios como grupo social: ¡para el movimiento de reforma estudiantil universitaria sea mi alabanza y homenaje!


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Actualizada: 21 de marzo/2008

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